El día de tu nacimiento -tu cumpleaños- es el día en que Dios decidió que el mundo no podía seguir existiendo sin vos.
No elegimos nacer, pero el mundo, de alguna manera, sí nos eligió. Porque hay algo que necesita ser dicho con tu voz. Algo que necesita ser hecho con tus manos. Algo que necesita ser reparado por vos.
Hace años, en uno de los momentos más frágiles de Israel, cuando los recursos escaseaban y el futuro parecía apretado, un miembro de la Knéset llamado Shmuel Tamir estaba convencido de que había que tomar decisiones difíciles. En su mente, la lógica era clara: menos personas, menos presión sobre un país que apenas podía sostenerse.
Por eso, comenzó a impulsar la idea de permitir el aborto.
Con esa inquietud, decidió acercarse a uno de los grandes sabios de la generación, Rabbi Aryeh Levine.
El encuentro no tardó en volverse intenso.
—No entiendo —dijo Tamir, con firmeza— cómo se puede traer hijos al mundo si no se los puede cuidar como corresponde. En muchos casos, el aborto parece una solución lógica. Quizás es momento de repensar ciertas decisiones.
Rav Aryeh Levine no respondió de inmediato. No discutió. No refutó. En cambio, eligió contar una historia.
—Hace muchos años —comenzó con suavidad—, una pareja vino a verme con esa misma pregunta. Tenían un hijo pequeño. Ambos estudiaban. La vida ya era cuesta arriba y entonces llegó otro embarazo.
Hizo una pausa breve, como si volviera a verlos frente a él.
—No sabían qué hacer. Me preguntaron si estaba permitido recurrir al aborto.
El silencio se hizo más profundo.
—Les dije que no —continuó—. Pero no fue una respuesta fría. Conversamos, les di razones. Les hablé de compañía, de hogar, de lo que significa no crecer solo. Mencionamos la responsabilidad, de lo que nuestra tradición espera de una familia. Les di confianza, de que así como llega la vida, también llegan las fuerzas para sostenerla. Les hablé del valor de esa vida que ya estaba en camino. Y, sobre todo, les hablé de algo más profundo: que cada alma que desciende a este mundo trae consigo una historia que nadie más puede escribir.
La sala quedó en silencio. Tamir, intrigado, rompió la quietud:
—¿Y qué hicieron?
—Escucharon —respondió Rav Levine.
Otra pausa.
—¿Y ese niño? —insistió Tamir—. ¿Cumplió su propósito?
La segunda montaña: la historia que explica por qué el verdadero propósito de la vida
Rav Aryeh Levine lo miró. Esta vez no había historia. Solo una mirada directa, casi penetrante.
—Esa pregunta… no puedo responderla yo.
Tamir frunció el ceño.
—¿Y quién puede?
Rav Levine sostuvo su mirada, y con una calma que pesaba más que cualquier argumento, dijo:
—Tú.
El tiempo pareció detenerse: "Porque esa pareja eran tus padres". Y en voz baja, casi como quien revela algo que siempre estuvo ahí:
—Y ese niño… eras tú.
Y tal vez por eso tu cumpleaños no es solo una fecha. Es un recordatorio.
De que estás acá por una razón. De que no sos un accidente. De que hay algo en este mundo que quedó incompleto hasta que llegaste.
Hay problemas que existen porque hay alguien capaz de enfrentarlos. Hay vacíos que aparecen porque hay alguien destinado a llenarlos.
La pregunta no es si tu vida tiene sentido. La pregunta es si estás viviendo como alguien que hace falta.
Porque en algún lugar, en alguna historia, en algún momento hay algo que solo vos podés completar.
Buen fin de semana.
* Rabino Rafael Jashes