Hay quesos grandes. Y después está este. Una pieza de casi 1.000 kilos, con forma de cubo de un metro por un metro por un metro, será una de las grandes atracciones de MECA 2026, la exposición que reúne desde este jueves y hasta el domingo a la actividad agropecuaria, industrial y productiva de la región en la Sociedad Rural de Villa María.
Pero el tamaño no es lo único que llama la atención. El verdadero diferencial está en lo que hay detrás de ese enorme queso: una cadena de voluntades que decidió transformar leche, trabajo y conocimiento en una iniciativa solidaria.

Sobre el peso final, Chávez fue cauto: "Todavía no lo pasé por la balanza, pero anda cercano a los 1.000 kilos, le puede faltar algún kilo para llegar a 1.000, pero arriba de los 930 kilos seguro que tiene", indicó Chávez.
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Para producirlo se reunieron unos 10.000 litros de leche donados por productores de la zona, mientras distintas empresas aportaron fermentos, colorantes, telas y otros materiales necesarios para darle forma al proyecto. La elaboración también requirió el trabajo de especialistas de la industria láctea y de la Escuela Superior Integral de Lechería (ESIL).
El resultado es un queso semiduro tipo Marbleb, marmolado, con dos colores y cerca de dos meses de maduración. Y ahora viene la parte más curiosa: hay que venderlo.
Un queso de una tonelada, vendido de a un kilo
La pieza será exhibida completa durante la muestra y, a partir de este viernes, comenzará el proceso de fraccionamiento para su comercialización.
La idea es venderlo en porciones de aproximadamente un kilo, ya sea mediante remate o de manera individual. El objetivo es ambicioso: superar los $10 millones o $12 millones de recaudación. El dinero no quedará en manos de quienes hicieron el queso.

La intención es utilizar lo recaudado para comprar leche en polvo y donarla a merenderos y comedores de Villa María y Villa Nueva, en un momento en que las instituciones que brindan asistencia alimentaria enfrentan mayores dificultades para sostener su tarea.
“Todos sabíamos que era un trabajo del cual nadie iba a sacar rédito. Era un fin netamente solidario”, explicó , coordinador general de la producción del queso gigante.
Cómo se fabrica un queso de 1.000 kilos
La escala obligó a pensar una receta y un procedimiento fuera de lo habitual.
La leche fue pasteurizada a 74 grados durante 20 segundos y se utilizaron dos tinas de 5.000 litros para realizar la elaboración. Una de ellas recibió un colorante para conseguir el particular aspecto marmolado.
Luego llegó uno de los desafíos técnicos: salar semejante volumen de queso.
Como no existe un saladero capaz de recibir una masa de esas dimensiones, se recurrió a un proceso denominado cheddarización. La cuajada fue reducida a pequeños granos, se agregó sal en seco y posteriormente se realizó una ligera cocción y un escurrido mediante prensado mecánico.
Finalmente, toda la masa fue colocada dentro de un molde especialmente construido para la ocasión.
El molde: un bin de un metro cúbico.
El resultado: un cubo de queso de un metro de lado.
La elaboración demandó entre seis y siete horas de trabajo, a lo que se sumaron posteriormente las tareas de maduración y conservación.
Una cadena solidaria detrás del queso
El proyecto no fue obra de una sola persona.
Productores de la región aportaron la leche y distintas empresas se sumaron con insumos. La Raíz aportó el contenedor utilizado como molde, Alpha Química los fermentos, Insumos y Servicios SRL las telas suizas y Ucalac la cobertura vinílica. También hubo trabajo específico para adaptar y construir el molde.

La elaboración estuvo coordinada por Sergio Chávez, junto con Alejandro Coria, Fabián Habegger, Gustavo Cherubini y Nicolás Iparraguirre, responsable de la organización del trabajo dentro de la planta láctea.
También fue clave la colaboración de la planta de Zenobia, que facilitó sus instalaciones y parte de su personal para realizar una elaboración que se hizo fuera del horario habitual de trabajo.
Nota elaborada de la entrevista radial de 6 en Punto a Punto con Julio Kloppenburg