José Cafferata Nores se recibió de abogado en 1969 en la Facultad de Derecho de la UNC. Sus primeros pasos los hizo como empleado de tribunales en Capital y en Laboulaye, cuando la ruta asfaltada llegaba hasta La Carlota. Es docente universitario, miembro pleno de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba, presidente honorario de la Asociación Argentina de Derecho Procesal y miembro del Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, entre muchos otros espacios académicos del Derecho que también integra.
Fue vocal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba (1984-1985), ministro de Gobierno (1988-1991) y de Desarrollo Social de la Provincia (1992-1995). Ocupó cargos legislativos, como presidente de la Cámara de Diputados de Córdoba (1991-1992), diputado nacional (1995 –1999).
Actualmente forma parte del Consejo de la Magistratura de la Provincia de Córdoba. Autor de numerosos libros, es uno de los especialistas más relevantes en materia de Derecho Procesal Penal.
Cafferata Nores recibió el premio Perfil CÓRDOBA 2026 en el rubro "Excelencia en la Justicia". En ese marco, se realizó la entrevista en la que responde sobre la injerencia política en el quehacer judicial, las nuevas herramientas tecnológicas, cuán eficaz es la cárcel para recuperar a un delincuente y menciona un concepto disruptivo: la “esquizofrenia divinis”.

—Si tuviera que definir su trayectoria en el Derecho en pocas palabras, ¿qué diría?
—El Derecho es la única forma pacífica de solucionar los conflictos de la gente; tanto haciendo leyes como interpretándolas. Sobre la interpretación de las leyes tengo algunas críticas. Diré algo políticamente incorrecto. Por sus funciones, los jueces tienen un grave peligro institucional que denomino la esquizofrenia divinis. Juzgar a semejantes, los hace dioses. Están imbuidos de una idea de que siempre aciertan. No conozco a muchos jueces que hayan reconocido que les revocaron un fallo. Como si eso fuera poco, son eternos, porque tienen estabilidad en los cargos. De todas formas, es una actividad indispensable, porque es la forma que ha inventado la humanidad para resolver los problemas comunes sin violencia.
—¿Qué piensa del debate sobre si en Córdoba hay puerta giratoria o exceso de prisiones preventivas? ¿Cuál es la verdad real?
—Depende de los momentos, de los tipos delictivos y las modas. En esta época está muy de moda la prisión preventiva rigurosa para todo lo que es violencia de género. Comparto totalmente la filosofía, no la exageración. No puede ser que tomemos por cierto todo lo que dice una mujer. Si lo dice ella hay presunción de veracidad y hay que demostrar lo contrario. Está bien comenzar la interpretación con lo que se conoce como perspectiva de género si hay una situación de predominio, de dominación. En esto el Tribunal Superior de Córdoba avanzó mucho, pero no hay que abusar.
—Lo dice en un momento cuando la Justicia está bajo la lupa por cuatro femicidios, donde todos los hombres estaban judicializados y surge la pregunta sobre hasta qué punto fue eficaz la Justicia para prevenirlos.
—La aplicación de la ley tendría que servir para prevenir, pero no tiene eficacia general. Un famoso criminalista decía que la pena sirve para reeducar. Otro le contestaba que sirve solamente como escarmiento porque el que va a la cárcel a cumplir una condena no quiere volver. Pienso que hay un poco de todo, pero son construcciones ex post.

—¿A la luz de su experiencia, la cárcel recupera al delincuente?
—Un porcentaje mínimo. Estoy en contacto con una profesora italiana de derecho penitenciario que trabaja en las cárceles. Dice que el porcentaje de gente que se recupera es muy bajo y que es un fenómeno mundial. Ella propone que las tareas que se hacen mientras se está en prisión preventiva o se cumple una pena, deben tener la participación de los penados para que sirvan, porque si son imposiciones, se busca evadirlas.
—¿Por qué cree usted que siempre hay interés de los gobiernos por colonizar, cooptar la Justicia?
—Hubo una evolución. A un sistema como el norteamericano, de absoluta independencia, nadie lo discute. Allá los jurados funcionan de manera diferente a la de otros lugares. No hay ninguna institución perfecta. Siendo diputado nacional vino a Buenos Aires un presidente de la Corte Suprema de Puerto Rico. Lo invité a cenar y le pregunté, qué hacía él como juez si un jurado resuelve en contra de su parecer. Me respondió que él no cobraba 3 mil dólares de sueldo para que otros dicten las leyes concretas del caso. Me dijo que los jurados no están para eso. Nosotros analizamos todos los modelos. En la Convención Constituyente, durante el gobierno de Eduardo Angeloz incorporamos al querellante y después los jurados.
—¿Cómo evalúa su funcionamiento?
—Algunos desconfiaban porque decían que los jurados no sabían derecho. Los alemanes y los franceses inventaron el sistema que tenemos. Un tribunal donde estén los dos y donde cada uno dé a los otros la experiencia propia para que se llegue a un acuerdo. Hay un dato sociológico. Nunca vi un escándalo sobre una sentencia de un jurado. Se los respeta.
—¿La Justicia puede mantenerse al margen del poder político?
—Es una cuestión cíclica relacionada con la independencia de cada juez y con el respeto que tengan tanto las cortes provinciales como los poderes ejecutivos. A los poderes ejecutivos les interesa lo que lo que para ellos es conveniente. Son las viejas luchas de la política. La justicia de Córdoba a nivel nacional, ha sacado patente de ser la mejor de las provincias. Se pone de ejemplo la legislación procesal penal.
—¿Cómo ve la inteligencia artificial en la Justicia?
—Es el futuro de la Justicia porque es el futuro de la ciencia. De a poco va ingresando en temas técnicos. La pandemia impidió el contacto directo. Aparecieron los juicios a distancia. Hoy prácticamente todos los juicios son mixtos. Todo eso permite la agilidad de la tecnología.
—¿Es admisible una IA para emitir sentencias?
—Tengo un proyecto escrito y presentado para una producción de sentencia por medio de un programa. Sentencias en juicio abreviado previsto por el código nacional que es mucho más sintético que el nuestro. Un juicio abreviado tiene una acusación, la conformidad de la acusación puesta por el defensor y el acusado. Se tiene que basar en las pruebas recogidas en la investigación.
—¿Una Corte Suprema incompleta, como la actual, es saludable para el Poder Judicial?
—No, porque el número que tiene es porque se entiende que hacen falta más voluntades. Además, está el tema de la especialización, todas las cortes tienen su personal técnico. La corte está para interpretaciones jurídicas tomando decisiones de carácter político. Para que el recurso de inconstitucionalidad, como funciona hoy ampliamente, tenga respuesta hace falta que la Corte esté completa. Los intentos de ampliarla siempre han tenido una idea de colonización. “La amplío y yo los nombro”. Es la historia del poder.