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CóRDOBA
CRISIS EN EL PJ CAPITAL

La caída de Moreno sacude al peronismo: ¿abre una etapa de reordenamiento interno?

La salida del exconcejal expone una historia de más de tres décadas dentro del peronismo cordobés. Su vínculo con Claudio Barrelier y la conmoción generada por el crimen de Agostina Vega precipitaron un final que Daniel Passerini venía imaginando y que ahora podría derivar en cambios más profundos dentro del PJ Capital.

Passerini 22-11
DEFICIT. | Fino Pizarro

La crisis política derivada del caso Agostina Vega terminó acelerando una decisión que, según distintas fuentes del oficialismo municipal, se encontraba latente desde mucho antes. La salida de Ricardo Moreno del Concejo Deliberante de Córdoba no sólo fue consecuencia de la exposición pública de sus vínculos con Claudio Barrelier, principal acusado por el femicidio de la adolescente, sino también el desenlace de una relación marcada por años de desconfianza entre el dirigente peronista y el intendente Daniel Passerini.

La reconstrucción del recorrido político de Moreno permite entender por qué su figura logró mantenerse durante décadas cerca de los principales espacios de poder del PJ cordobés. Desde el menemismo hasta el llaryorismo, pasando por el delasotismo y los años de mayor influencia kirchnerista, el abogado penalista construyó una red de relaciones políticas, sindicales y territoriales que le permitió conservar influencia aun cuando cambiaban los liderazgos y las corrientes dominantes dentro del peronismo.

Sin embargo, la repercusión del caso Agostina alteró ese equilibrio. La difusión de fotografías, testimonios y antecedentes que mostraban su cercanía con Barrelier reactivó cuestionamientos internos que venían acumulándose desde hacía tiempo. La oposición impulsó pedidos de destitución, mientras sectores del propio PJ comenzaron a reclamar una salida política que evitara que la crisis siguiera escalando.

Los primeros pasos públicos de Moreno se remontan a los años del menemismo, cuando desarrolló actividad política junto a la exdiputada nacional Leonor Alarcia, una de las dirigentes cordobesas más cercanas a Carlos Menem. Desde allí llegó a ocupar una banca como diputado provincial y comenzó a construir un perfil propio dentro del justicialismo cordobés. Con la consolidación del liderazgo de José Manuel de la Sota, Moreno se acercó al nuevo esquema de poder provincial.

Más tarde también encontraría espacios de articulación con sectores vinculados al kirchnerismo, sin romper completamente sus lazos con el peronismo cordobés. Esa capacidad de adaptación se transformó en una de sus principales fortalezas políticas.

En paralelo, fue construyendo una sólida inserción en el mundo sindical. Su actuación como abogado de organizaciones como Surrbac y Soelsac le permitió sumar influencia dentro de sectores estratégicos del movimiento obrero cordobés. Esa red de relaciones terminó convirtiéndose en uno de sus principales activos políticos durante las últimas dos décadas.

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El regreso al cordobesismo

Durante los años de consolidación del proyecto liderado por Juan Schiaretti, Moreno volvió a ganar protagonismo dentro de la estructura partidaria. Participó activamente en la reconstrucción de las 62 Organizaciones Peronistas, uno de los espacios sindicales que el cordobesismo utilizó para fortalecer su despliegue territorial y ampliar su base de sustentación política. Su influencia se extendía especialmente sobre sectores gremiales y estructuras barriales de la Capital, donde mantenía vínculos históricos con dirigentes territoriales. Esa capacidad de movilización lo convirtió en un dirigente útil para distintos proyectos políticos, incluso cuando su figura generaba resistencias dentro de algunos sectores del oficialismo.

Tras los triunfos electorales del cordobesismo en la Provincia y en la ciudad de Córdoba, Moreno recibió un lugar dentro de la estructura estatal y continuó participando de espacios de construcción política ligados al oficialismo. Sin embargo, la relación con Passerini nunca alcanzó niveles de confianza plenos. Distintas versiones coinciden en que el actual intendente intentó limitar su protagonismo ya durante el armado de listas para las elecciones municipales.

La investigación por el femicidio de Agostina Vega terminó colocando bajo una nueva luz la relación entre Moreno y Barrelier. Diversos registros públicos mostraban la participación conjunta de ambos en actividades políticas y sindicales, especialmente en actos vinculados a las 62 Organizaciones. Además, distintas versiones atribuyen al abogado un papel clave en el ingreso de Barrelier a la estructura municipal.

La situación se volvió aún más delicada cuando comenzaron a revisarse antecedentes judiciales y vínculos personales que involucraban al acusado. En ese contexto, la permanencia de Moreno en el Concejo Deliberante pasó de ser un problema político manejable a convertirse en un costo difícil de sostener para la administración municipal. El desenlace terminó sellando una decisión largamente postergada. La salida del concejal representa también el cierre de un ciclo dentro del peronismo cordobés: el de un dirigente que logró adaptarse a casi todas las transformaciones del movimiento, pero que terminó arrastrado por una crisis que excedió ampliamente la lógica de las internas partidarias.

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El reordenamiento que se viene

La caída de Moreno no sólo es un cambio de concejales ni clausura una trayectoria política. También abre una discusión más profunda dentro del peronismo capitalino sobre el futuro de sus estructuras territoriales, sindicales y partidarias.

En el entorno de Passerini consideran que el episodio dejó expuestas prácticas, vínculos y formas de construcción política que ya no encajan con la etapa que pretenden consolidar el intendente y el gobernador Martín Llaryora. Por eso, varios dirigentes admiten en privado que la salida de Moreno podría ser apenas el primer movimiento de una reorganización más amplia.

La situación impacta particularmente sobre el entramado de las 62 Organizaciones, espacio donde Moreno conservaba capacidad de influencia y articulación. Su desplazamiento deja abiertos interrogantes sobre quién asumirá ese rol y cómo se reconfigurará la relación entre el PJ Capital y los sectores sindicales que históricamente funcionaron como uno de sus principales apoyos políticos. Al mismo tiempo, la conducción partidaria busca contener el daño reputacional que provocó el caso Agostina. La asociación pública entre dirigentes políticos, designaciones estatales y el principal acusado por el femicidio generó un impacto que excede la dimensión judicial y obliga al oficialismo a enviar señales de renovación.

En distintos despachos del cordobesismo ya se habla de la necesidad de revisar espacios de representación, fortalecer controles internos y promover una renovación de cuadros políticos de cara al proceso electoral de 2027. La intención es evitar que la crisis deje secuelas duraderas sobre la estructura partidaria de la Capital. En ese contexto, la salida de Moreno aparece como mucho más que una respuesta a una coyuntura. Para algunos dirigentes, marca el final de una forma de hacer política dentro del PJ cordobés. Para otros, representa una oportunidad para consolidar un esquema más alineado con la conducción de Passerini y Llaryora.