miércoles 04 de agosto de 2021
CóRDOBA LAURA COLOMBERO
18-07-2021 00:48

"La pandemia legitimó las prácticas tecnológicas en el psicoanálisis"

Con defensores y detractores, el aislamiento vino a avalar la modalidad virtual en los tratamientos psicológicos. Fortalezas y debilidades de una práctica que llegó para quedarse.

18-07-2021 00:48

En tiempos de aislamiento, cuando la imposibilidad de salir de casa para realizar las actividades cotidianas nos afectó también a nivel psicológico, los tratamientos en esta materia encontraron la manera de brindarnos asistencia aún a la distancia.

Pero, ¿es efectivo un tratamiento psicológico sin que medie la interacción física? ¿Cuáles son los riesgos de mantener sesiones de terapia vía Zoom o por WhatsApp?

En diálogo con PERFIL CÓRDOBA, Laura Colombero, magíster en bioética y licenciada en psicología quien realizó una tesis sobre los dilemas bioéticos de esta práctica– respondió a estos interrogantes.

—¿Por qué te abocaste al tema y desde dónde lo abordás?
—La idea surge previo a la pandemia, en el marco del cursado de la Maestría en Bioética de la UNC y para aportar un estudio novedoso a la cátedra ‘Deontología y Legislación Profesional’, en la que existe un interés permanente de actualizarnos sobre las cuestiones que atraviesan la praxis psicológica. La realidad es dinámica y cambiante y más aun en materia de leyes, códigos de ética y los problemas que decantan de ello en el ejercicio profesional. En ese marco, podían avizorarse ciertos vacíos, no solo normativos, sino también de reflexión y análisis de una modalidad de práctica que venía desarrollándose desde hacía mucho tiempo. La idea no era llegar a un estudio que arrojara respuestas taxativas, sino explorar qué alternativas reconstructivas ofrecía la bioética en el análisis de los conocimientos y prácticas, que los profesionales de la psicología establecen a partir de relaciones técnicamente mediadas con los sujetos de tratamiento.

—Como en todo debe haber defensores y detractores del tratamiento psicológico a través de Zoom o por teléfono, ¿cuáles son las contras que ves?
—Cuando empecé a escribir la tesis, el escenario era muy diferente al actual. Por un lado, se sabía que profesionales llevaban a cabo psicoterapias virtuales pe-ro muchos no lo decían; por otro, los dispositivos tecnológicos ya formaban parte de los procesos de tratamientos sin tener cierta conciencia de ello. Con la pandemia, la modalidad de trabajo virtual adquirió una legitimidad que permitió y avaló realizar estas prácticas de la forma que cada profesional tuvo a su alcance. Incluso los más detractores tuvieron que servirse de la virtualidad. Y hoy podemos ver que incluso pudiendo volver a sus consultorios, muchos han elegido seguir con la modalidad virtual.
Este escenario permite ver en diversos grados cierta liviandad de algunos profesionales, que –obnubilados por las innovaciones tecnológicas y sus comodidades–, ejercen la profesión bajo la modalidad online sin interiorizarse ni cuestionarse sobre la misma, colocando a la psicología como uno de los tantos servicios que pueden adquirirse bajo las reglas del e-commerce digital. En relación a las debilidades se visualizan
los déficit en la información gestual y datos corporales, las dificultades con la verificación de identidad en línea y la posibilidad de anonimato del consultante, los riesgos sobre la privacidad y confidencialidad de los datos, la ausencia de formación profesional o las dificultades para obtener información sobre la acreditación de profesionales.

—¿Y las fortalezas?
—La bibliografía resalta la facilidad de contacto y libertad para elegir el momento del mismo, la destemporalización, la descompresión de los sistemas de salud, la reducción de tiempo y logística para acceder a la sesión y los costos.

—Hablás de dilemas bioéticos, ¿podrías ejemplificar?
—Si uno analiza todas las posibles formas de realizar psicología de modo virtual, afloran diversos problemas tales como la vulneración de derechos y garantías, tanto de usuarios como de profesionales; la seguridad del dispositivo tecnológico; el resguardo de la privacidad; la dignidad humana; el derecho a la salud y la accesibilidad a un servicio de salud mental; la confiabilidad y calidad del servicio; la autonomía, y los beneficios y efectos nocivos, por nombrar los más vinculantes. Para ejemplificar: podría ser más beneficioso contar con un servicio de salud mental virtual que no poder hacerlo de ninguna manera (una pequeña población que no cuenta con profesionales), pero existe también la posibilidad de que el servicio sea tan malo que produzca mayor daño tomarlo que no hacerlo; podría ser más beneficio brindar a través de un software psicoterapéutico mediante tecnología 3D un servicio a personas que tengan alguna diversidad funcional, que no poder hacerlo porque no se cuenta con profesionales que puedan comunicarse a través de señas, pero existe también la posibilidad de la mala calidad. O, por ejemplo, que se produzca una vulneración de datos y la invasión de la privacidad del sujeto por una falla en la aplicación o un descuido que dejó los datos expuestos a un familiar. De aquí surge otra arista sumamente interesante vinculada al resguardo de la confidencialidad (el famoso secreto profesional) de lo trabajado en el proceso terapéutico, que bajo estas condiciones ya no se agota solo en la responsabilidad del profesional, sino que ahora es también el propio usuario quien debe arbitrar ciertas medidas para proteger su intimidad.


La efectividad en los tratamientos virtuales

A la hora de pensar en los efectos negativos de esa ausencia física del otro, Colombero señala que no hay una respuesta acabada, sobre todo si se plantea en términos de efectividad.
“Los resultados de los procesos psicoterapéuticos son difíciles de cuantificar. Además, también depende mucho de la teoría de la que el profesional se sirva. Así como hay autores que reflexionan sobre las distintas formas de ‘escuchar y ver’ al cuerpo de un paciente en la virtualidad, hay  quienes se oponen, argumentando la imposibilidad del trabajo con un cuerpo a la distancia". 

En tal sentido, la especialista hace hincapié en que las terapias virtuales no se recomiendan para todos los casos. “Podrían utilizarse en pacientes adultos neuróticos, personas introvertidas, con ciertas dificultades en sus habilidades sociales, agorafobia, retraimiento y soledad, pero no se recomiendan en niños, psicopatías, personas con trastornos de personalidad, violentos y agresivos, suicidas y pacientes psicóticos”, señala.


Terapias virtuales: mucho más que Zoom o Whatsapp
 
“Cuando se habla de este tipo de terapias, lo primero que se nos viene a la mente es la clásica terapia que cambió el consultorio por un Zoom, Meet, o WhatsApp”, dice Colombero.

Pero la modalidad de trabajo psicoterapéutico virtual es más compleja y “de allí el abanico de problemas bioéticos que pueden presentarse en cada formato y con diferentes grados”.

En efecto, la profesional destaca que “existen softwares terapéuticos basados en capacidades informáticas avanzadas e inteligencia artificial, que incluyen sistemas con reglas para evaluación, selección de tratamientos y seguimiento de progresos como la simulación robótica de terapeutas basada en el diálogo con pacientes”.