lunes 16 de mayo de 2022
CóRDOBA OPINIÓN
24-04-2022 00:54

Lo contrario a tiranía no es la democracia. Es la República

24-04-2022 00:54

La convención constituyente de 1994 tuvo convencionales de lujo. Nacían las posibilidades presidenciales de los, hasta entonces inexistentes, Jefes de gobierno porteños.

No es para menos. Las negociaciones políticas que permitieran la mayoría calificada necesaria para reformar la Constitución no repartían cosas menores. La reelección valía como mínimo la gestión de CABA. Y el pacto de Olivos lo concedió.

Un convencional en particular llamaba la atención de todo el país: Nacido en Córdoba, candidato natural a ser el primer jefe de gobierno porteño, como resultado del “Núcleo de coincidencias básicas” que surgió de ese pacto de Olivos.

La Constitución del 94 fulminó varias de las instituciones republicanas, empezando por el federalismo. No solo inauguró la era de los Presidentes que gobiernan para capital y el conurbano, sino que tuvo otras perlitas interesantes, como el hoy famoso Consejo de la Magistratura.

El convencional De la Rua, exhibiendo ese porte de estadista y una oratoria heredada de Balbín, tuvo una intervención memorable al referirse al “núcleo de coincidencias básicas” que incluía al Consejo de la Magistratura.

Nos prometió: “aventar de la sociedad argentina el temor a la falta de independencia de los jueces”….. Esa era la expectativa que generaba la novel institución. ”No caben dudas de que en pocos años más tendremos una Corte de lujo” …. Nos dijo sin sonrojarse.

Los convencionales, todos provenientes de la política, parecían estar muy preocupados por el Poder Judicial. Parece que ellos, el Poder Legislativo y el Poder ejecutivo, no tenían problemas de imagen. Por eso decidieron sacarle al Poder Judicial el manejo del presupuesto y el poder disciplinario para entregarles ambos a los políticos, a través del Consejo de la Magistratura.

De la Rua lo justificaba así: “El nuevo sistema constitucional que se propone no le quita al Poder Judicial la calidad de poder del Estado. Sigue siendo tal por el principio republicano del artículo 1° de la Constitución y porque conserva las tres grandes facultades que lo hacen verdadero poder político: declarar la inconstitucionalidad de las leyes, ser el intérprete final de la Constitución y resolver los conflictos entre los demás poderes.” Esta promesa tampoco se estaría cumpliendo.

Resulta curioso que los políticos del pacto de Olivos fueran tan cuidadosos con las funciones del Poder Judicial y no se percataran de la necesidad que tiene cualquier poder del Estado de administrar su propio presupuesto. Sobretodo, teniendo en cuenta que no tuvieron la misma idea para con los presupuestos de los otros poderes del Estado. La idea de equilibrio de poderes que tuvo el pacto de Olivos fue que la política administre el presupuesto de los tres poderes del Estado. Y que solo el Poder Judicial pierda el poder de sancionar a sus miembros.

“Nosotros estamos apostando a un cambio porque estamos seguros  queantes de una década vamos a tener una Corte de lujo, que antes de una década nadie va a decir que tal juez fue designado para la causa tal, y quizás antes de una década tendremos un  eficientísimo servicio de administración de la justicia en manos del Consejo de la Magistratura.” Nos prometía el convencional De la Rua desde su poltrona constituyente.

Lo contrario a la tiranía no es la democracia, sino la República. Es una pena que sigamos sin entenderlo. Porque los que lo entendieron muy bien son los kirchneristas. Por eso necesitan llevarse puesta la República y la democracia. Porque solo los tiranos pretenden ir por todo.

                                                                                                               (*)Presidente del Partido Liberal Republicano. (Republicanos Unidos)

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