Argentina atraviesa una transformación demográfica. Lo que antes era una tendencia, hoy es una realidad estadística innegable: los nacimientos en el país caen de forma sostenida desde hace una década. Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en 2023 se registraron 460.902 nacimientos, lo que representa una disminución del 48% respecto del año 2000. Con una tasa de fecundidad que ronda los 1,5 hijos por mujer, Argentina —junto con Chile— lidera el ranking de los países con menor natalidad en Latinoamérica.
El descenso de la natalidad responde a múltiples causas, entre ellas a una elección consciente de postergar la maternidad por desarrollo profesional o proyectos personales. En diálogo con Perfil Córdoba, el Dr. Agustín Pasqualini, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), destacó un cambio de ritmo en este tema tras la pandemia: "Post pandemia se duplicó. Los cambios que vinieron después de la pandemia, fueron muy importantes y entre ellos aumentó muchísimo la criopreservación”, afirmó el especialista.
Según Pasqualini, la difusión masiva en plataformas digitales permitió que la información llegue a mujeres más jóvenes, rompiendo la barrera de la "consulta tardía".
El "momento ideal": bajar la edad para mejorar el éxito
Uno de los cambios más positivos que observan los especialistas es el descenso en la edad promedio de las pacientes que deciden congelar sus óvulos. Históricamente, las mujeres llegaban a los centros de fertilidad a los 38 o 39 años, cuando la reserva ovárica ya está comprometida.
“La edad ideal es de 30 a 34 años para aquellas mujeres que difieren la maternidad. En ese momento es el ideal”, explicó Pasqualini en diálogo Perfil Córdoba. El médico celebra que esta tendencia esté cambiando: “Lo que venía pasando es que consultaban mujeres de 38 o 39 años, y ahora la edad ha bajado a los 35. Bajó la edad promedio de mujeres que congelan, y eso ayuda a que los resultados sean mejores”.
Esta técnica está diseñada precisamente para quienes hoy no tienen el embarazo en sus planes inmediatos: “Mujeres que por estudio o desarrollo profesional deciden no buscar el embarazo ahora, lo que no significa que después no lo busquen. Se pospone, y por eso es importante un adecuado asesoramiento”, agrega.

La criopreservación, consiste en almacenar óvulos a -196 °C. “El desafío es acompañar las nuevas decisiones con información clara y educación en salud reproductiva desde edades tempranas”, concluye el Dr. Pasqualini.
Para "pausar" el reloj biológico con éxito, la ciencia propone no adivinar, sino medir. El Dr. Pasqualini enfatiza que hoy es fundamental cuidar la salud ovárica mediante una consulta con especialistas o ginecólogos de cabecera.
Para evaluar la reserva ovárica, el protocolo actual es sencillo y consta de dos pasos clave:
- Análisis de sangre: Para medir una hormona específica (Antimülleriana) que indica la cantidad de óvulos disponibles.
- Ecografía trasvaginal: Para realizar un recuento de folículos antrales y evaluar la estructura ovárica.
La brecha educativa y el desafío social
El informe de SAMeR destaca que la caída de la natalidad tiene un fuerte componente de acceso a la información. Mientras que en los sectores con mayor nivel educativo la disminución de nacimientos fue de solo un 7%, en los sectores con instrucción primaria completa la caída alcanzó el 77%.