Al celebrar los 100 años de Palmar, María Pía Astori puso en primer plano el recorrido de una compañía que comenzó en 1926, atravesó distintas etapas y hoy se proyecta con nuevas inversiones industriales. En su discurso, la empresaria también repasó una historia personal ligada a la fábrica desde su infancia y reivindicó el papel de su familia, sus socios y los trabajadores que acompañaron el crecimiento de la firma.
“Palmar es parte de mi vida, es parte de mi propia historia”, expresó Astori al recordar que nació y creció en la casa familiar ubicada junto a la fábrica. De chica jugaba entre los ladrillos, sin imaginar que años después asumiría la responsabilidad de conducir la empresa. Ese recuerdo marcó el tono de una celebración en la que el balance empresarial se combinó con la memoria familiar y el reconocimiento a quienes formaron parte de la trayectoria de la compañía.
La historia se remonta a 1926, cuando Pablo Luis Martínez fundó la empresa, dedicada inicialmente a la fabricación de ladrillos comunes y tejas. Después de atravesar distintas etapas y propietarios, en 1959 fue adquirida por Piero Antoni, padre de María Pía, a quien definió como un hombre inteligente, trabajador y con una fuerte vocación por transformar sus ideas en proyectos concretos.
“Era un gran visionario, pero no de esos que se quedan sólo en las ideas. Era una persona que transformaba sus proyectos en realidades”, recordó. También destacó su confianza en el potencial del país, tanto por sus recursos naturales como por la capacidad de trabajo de sus equipos. Esa mirada, señaló, se expresó en sus iniciativas empresariales y en su compromiso con el desarrollo de la comunidad, entre ellas la creación de la Fundación Mediterránea.
La responsabilidad de continuar el legado
La muerte de su padre, en 1990, cambió el rumbo de la vida de Astori. Tenía apenas 23 años cuando debió asumir la conducción de un conjunto de empresas en un contexto económico complejo y con una situación financiera delicada. “Podría no haber tomado ese desafío, podría haberlo dejado de lado, porque Argentina estaba muy complicada en ese momento y las empresas también”, recordó.
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Lejos de recibir una estructura consolidada, se encontró con deudas y dificultades para sostener la actividad. Fueron años exigentes, en los que el acompañamiento de amigos, colaboradores de su padre y trabajadores resultó decisivo. Astori agradeció especialmente a quienes permanecieron junto a la empresa aun cuando los recursos eran escasos y el futuro resultaba incierto.
“Pero también tuve que tomar decisiones. Muchas veces sola, asumir riesgos y seguir para adelante con la actitud positiva que siempre me caracterizó”, sostuvo. Con el tiempo, conformó un equipo propio, integrado por personas con capacidades y valores compartidos, que asumieron responsabilidades y acompañaron la continuidad del proyecto empresarial.
En ese recorrido, también destacó a los socios que la acompañan desde 2004, además de los empleados, trabajadores y asesores que pasaron por la firma o continúan formando parte de ella. Para Astori, el centenario no puede entenderse como el resultado de una conducción individual, sino como una conquista colectiva construida a lo largo de generaciones. “Este logro de cien años es una conquista colectiva de quienes nos precedieron, de quienes están hoy y de todos aquellos que alguna vez fueron parte de Palmar”, afirmó.
Una planta industrial con proyección internacional
Al mirar el presente de la compañía, Astori manifestó su orgullo por la dimensión alcanzada y por el lugar que ocupa la producción cordobesa en el escenario industrial. Destacó que Palmar se convirtió en una de las grandes plantas de su rubro en el continente americano y convocó a valorar esa capacidad productiva como parte del desarrollo provincial.
“Como cordobeses debemos estar muy orgullosos de tener en nuestra tierra querida una de las plantas industriales más grandes del mundo”, expresó. Sin embargo, remarcó que el tamaño de la empresa no es el único aspecto relevante: también importa el camino recorrido para llegar hasta allí, con trabajo, conocimiento, inversiones y equipos comprometidos.
La celebración coincidió con el anuncio de un plan de expansión industrial. Según detalló Astori, la compañía avanza con una inversión que incluye un nuevo horno túnel, incorporación de tecnología robótica y mejoras en la capacidad operativa. El objetivo es pasar de una producción de 50.000 a 70.000 toneladas mensuales de ladrillos, un volumen que, de acuerdo con la equivalencia mencionada en el discurso, permitiría producir materiales para unas 150 viviendas por día.
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La empresaria vinculó esa decisión con una convicción que atravesó todo su mensaje: la necesidad de sostener la inversión incluso frente a la incertidumbre económica. En sus cien años, Palmar atravesó cambios de gobierno, modificaciones en las reglas de juego y sucesivas crisis, pero mantuvo la decisión de continuar apostando al país. “Creo en el valor de las empresas que innovan, que compiten y que generan empleo genuino”, afirmó. Para que ese proceso pueda sostenerse, reclamó condiciones que permitan desarrollar la actividad productiva: empresarios dispuestos a arriesgar, trabajadores comprometidos, reglas claras y duraderas e instituciones fuertes que garanticen su cumplimiento.
Reglas claras, instituciones fuertes y apuesta por Argentina
En el tramo final de su discurso, Astori dejó un mensaje sobre las condiciones políticas e institucionales que, a su entender, necesita el país para impulsar la producción. Tras recordar que Palmar atravesó innumerables crisis económicas, cambios de gobierno y modificaciones en las reglas de juego, sostuvo que el desarrollo requiere previsibilidad y continuidad para que las empresas puedan invertir y planificar a largo plazo.
“Eso es lo que necesitamos en Argentina: empresarios dispuestos a arriesgar, trabajadores comprometidos, reglas claras y duraderas en el tiempo, instituciones fuertes que las hagan cumplir”, afirmó. Su planteo vinculó la estabilidad institucional con la generación de empleo y la necesidad de construir condiciones que permitan sostener las inversiones, modernizar las plantas y fortalecer la actividad industrial más allá de los cambios políticos.