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ANÁLISIS Y PERSPECTIVA

Peronismo original

1-11-2020-Logo Perfil
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Perón era un pragmático, orientado hacia la “realpolitik”, que depreciaba a los intelectuales. En su discurso a la Confederación Argentina de Intelectuales, en 1950, priorizó a los hombres de acción sobre los pensadores, pues decía que a éstos les encargaba la tarea de difundir la obra de aquellos.

Los ideólogos históricos del peronismo fueron burócratas obsecuentes de bajo nivel intelectual, como Raúl Antonio Mendé, según relata Juan José Sebreli.

Perón no dispuso de tiempo para teorizar sobre sí mismo, hasta el ocio de su exilio en Madrid. En ese tiempo, los heterodoxos del movimiento, como Arturo Jauretche y Jorge Abelardo Ramos, ya habían comenzado a reflexionar sobre el propio Perón y el “movimiento”.

Desde joven, “el General” aparentaba ser un intelectual: plagiaba en sus folletos y leía a Plutarco. “Vidas Paralelas”, la principal obra del beocio, influyó -sin duda- su modo de accionar. Se le atribuye la lectura de Maquiavelo, como a todos los dictadores.

Existe evidencia, además, de que estudió “De la Guerra”, de Karl von Klausewitz: entre la idea propia y la del prusiano, de que la política es una guerra, devino su convicción de que Ejército y Estado debían fusionarse. En tal caso, el adversario político era un enemigo al que había que aniquilar. La influencia de Mussolini fue evidente; también la de dirigentes tan distintos como Lenin, Goebbels y Mao.

Lo más lamentable de esta etapa inicial es que se creyó un gran estratega y analista político, tal como se puede advertir de sus columnas periodísticas que firmada con el seudónimo de “Descartes”.

El populista gaúcho Getúlio Vargas, si bien había inspirado su política en los regímenes fascistas, como el dictador doméstico, se avino a condenar los ataques japoneses a los Estados Unidos y romper relaciones diplomáticas con Alemania, Italia y Japón en 1941. Perón se equivocó en todo: mantuvo durante el conflicto una “neutralidad” germanófila y declaró la guerra a Alemania y Japón el 27 de marzo de 1945, ante la segura caída del Tercer Reich.

Pronosticó la Tercera Guerra Mundial, no advirtió la internacionalización del capitalismo (con el daño consiguiente a nuestro comercio exterior) y estimó que Gran Bretaña seguiría siendo la potencia hegemónica, desdeñando a los Estados Unidos. Todos estos errores teóricos lo llevaron a la práctica de una política equivocada: otra andanada de “fuego amigo” para contribuir a la decadencia argentina.

“Yo he visto malos que se han vuelto buenos, pero no he visto jamás un bruto volverse inteligente”. Contradiciendo su frase, el bruto Perón, terminó aportando una dosis de inteligencia para mitigar el brutal daño que su engreimiento había causado a la Nación. 

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