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CóRDOBA
EL COVID EN EUROPA

Portadora

9-1-2022-Covid Europa
. | CEDOC PERFIL

Las fiestas y el turismo de invierno desparraman Ómicron en Europa. Volar a Madrid hoy. Son casi dos años desde que la peste casi no deja lugar para otros temas en las portadas de los periódicos. El Covid parece haberse convertido en filtro, lupa y manto encubridor de la realidad europea. Paradójicamente, mientras la pandemia continúa (los contagios aumentan aceleradamente y los hospitales vuelven a llenarse), la fuerza de las tradiciones, el ejercicio insolente del consumo y el acostumbramiento de los ciudadanos a la omnipresencia del Covid, le devuelven el aliento al invierno europeo y al turismo internacional.

He decidido pasar unos días en Madrid. Hace mucho que por culpa del coronavirus no me tomo vacaciones. Voy a volar de un país que acaba de salir de la cuarta ola para entrar a otro que está subido a la cresta de su sexta ola; de un país que acaba de salir de un encierro riguroso y de decretar la vacunación obligatoria a una ciudad en la que la ‘permisividad’ desde el comienzo de la pandemia ha sido la norma. Voy a ir de una incidencia del 364 en 100 mil habitantes a una del 2.600. Yo quiero ver la Caravana de Reyes desfilar por el majestuoso Paseo de la Castellana y también me gustaría aprovechar estrepitosas liquidaciones que comienzan este fin de semana.

Salir de Austria ha sido fácil, entrar a España tuvo sus vericuetos burocráticos pero en Madrid, como dicen aquí, “me la estoy pasando pipa”. Volver a Austria será engorroso.

Para entrar a España hacen falta las dos dosis de la vacuna o un test PCR negativo actual. Para entrar a Austria hacen falta las tres dosis de la vacuna o dos dosis más el test negativo. Sin estar vacunado no se puede entrar a Austria. En Austria es obligatorio para todos los mayores de 18 tener las tres dosis antes del mes de febrero.

Por eso decidí tomar el último turno disponible en el 2021 para ponerme el refuerzo, la tercera vacuna: ¡el 31 de diciembre a las 20! Pensé que el sistema me había dado un turno por error en un día festivo, así que me fui al predio ferial de la ciudad en la noche de año viejo, preparada para haber emprendido la excursión en vano.

Para mi sorpresa, me encontré con 60 trabajadores sanitarios que iban y venían entre decoraciones navideñas y jeringas, ávidos por vacunar a una escasa decena de pacientes. En cuestión de 15 minutos ya estaba yo inmunizada, sentada en una esquina, bajo observación, por si mi cuerpo daba señales de efectos secundarios.

Dos días después volví al predio ferial para hacerme un PCR. Hice una fila de casi 2 horas. La gente va a hisoparse regular y sistemáticamente, pero es renuente a la vacuna. Así es como con test gratuitos urbi et orbi y 24/7, Austria ha venido combatiendo la pandemia. Esta accesibilidad a los tests gratuitos en centros de testeo y también en los lugares de trabajo y en la propia casa, ha sido parcialmente responsable de la baja tasa de vacunación. Muchos han preferido hacerse tests tres veces por semana a vacunarse. Esto se acabará en febrero porque los tests ya no podrán sustituir a las vacunas. A comienzos de marzo estarán también disponibles dos medicamentos para tratar el Covid (Molnupiravir, del laboratorio Merck, y Paxlovid, de Pfizer) para enfermos que comiencen a mostrar complicaciones. Esta semana, Italia ha anunciado que allí también será obligatorio vacunarse, aunque solo para los mayores de 50 años.

En Europa, el cerco continúa cerrándose para los no vacunados.

Ya en el aeropuerto. La gente –detrás de sus barbijos y esgrimiendo pasaportes sanitarios y las dosis recibidas como medallas de guerra– vuelve a festejar, a esquiar, a viajar y a seguir consumiendo. Se amontonan los vacunados en los mercados navideños, en las tiendas, en las ceremonias en honor a los muertos por la pandemia, en el concierto de año nuevo en Viena y en el desfile de reyes en Madrid. Y se aglutinan los antivacunas protestando por las calles y en las plazas.

Las calles de Madrid están atestadas de turistas. El barbijo es obligatorio también en la calle y en los espacios abiertos (90% de nivel de acatamiento). Los argentinos –turistas muchos, residentes no menos– van a sus anchas por las calles de la capital española.

La Plaza del Sol se llena de portadores potenciales. Muchos llevarán Ómicron como souvenir de regreso a sus hogares. No se respira miedo, sino irreverencia y hartazgo frente al virus.

Normativas, controles, restricciones, medidas de prevención, campaña de concientización y la higiene como valor y argumento publicitarios, no ahorran esfuerzos creativos. En un mar de requisitos y sugerencias preventivas navegan los ciudadanos que quieren moverse de un país a otro o de una ciudad a otra dentro del mismo país. Las medidas obligatorias se vuelven muy difíciles de implementar y controlar por lo que pierden fuerza y efectividad e, indirectamente, debilitan a los organismos reguladores (gobiernos) en sus políticas anti pandemia.

Pásatelo pipa, portadora potencial. El lunes vuelves a tu oficina (sin test porque tienes tres dosis) y quién te dice, a lo mejor no has traído el Ómicron madrileño en la suela de tus zapatos.