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CORONAVIRUS / Formas educativas
lunes 1 junio, 2020

Saquen una hoja

Por los tiempos de pandemia, se debatió sobre la evaluación numérica de los alumnos, pero quizá es mejor considerar otros problemas escolares como la deserción escolar.

Paulo Falcón*

Los procedimientos que vienen predefinidos en metodologías con finalidad estadística privilegian la acumulación de grandes conjuntos de información Foto: Cedoc Perfil
lunes 1 junio, 2020

En gran parte del mundo las evaluaciones de estudiantes, docentes e instituciones fueron puestas en debate tanto por el cierre de los establecimientos como consecuencia del Covid-19, como por las estrategias desplegadas para dar continuidad a la educación. Argentina no es la excepción.

Los sistemas de educación son una serie progresivamente articulada de niveles formativos,  atravesados por exámenes que garantizan el crecimiento y avance de los estudiantes.

Las evaluaciones, para el acceso a la enseñanza, de sus estudiantes e incluso las propias instituciones, siempre generan interrogantes: ¿Quién fija la evaluación?, ¿Quién evalúa?, ¿Quién es evaluado?, ¿Cuáles son sus reglas?, ¿Qué y cuándo se evalúa?, ¿Qué fines persigue?, ¿Qué beneficios trae?, por citar algunos. Responderlos es difícil, más aún en tiempos de aislamiento.

En Argentina, el Consejo Federal de Educación, -integrado por las carteras educativas de las provincias y CABA- mediante la Resolución 363/20 sienta  posición en cuanto a la forma de evaluar, al sistema educativo y a los estudiantes de nivel inicial, primario, secundario y superior.

Prevén un regreso a clases "mixto" y sin calificaciones

Esta resolución reemplaza, por este año, la prueba Aprender por una “Evaluación nacional del proceso de continuidad pedagógica” que permita generar información sobre el estado de la educación, y en cuanto a la evaluación de estudiantes, se eliminan las calificaciones numéricas, pero no la existencia de pruebas “formativas”, que se proponen en las “orientaciones para los procesos de evaluación…” y en general se establece un marco a nivel país, para reorganizar y articular la enseñanza, los aprendizajes y evaluaciones dentro de los niveles, grado/año y modalidad entre los ciclos lectivos 2020 y 2021. Para ello, se toma el concepto de “promoción acompañada” establecido en la Resolución 174/12, del mismo organismo, la que posibilita “pasar de grado” sin acreditar todos los aprendizajes correspondientes al año anterior.

Esto obliga a pensar detenidamente las condiciones de graduación del secundario y el nivel superior, ya que estas titulaciones tienen habilitaciones profesionales.

Lo excepcional de este contexto y la dificultad de determinar cuánto tiempo durará el aislamiento social, marcan un escenario complejo para el planeamiento y funcionamiento del sistema.

Es por ello, que debemos hacernos la idea que habrá que revisar calendarios, regímenes académicos, prácticas y condiciones institucionales para garantizar los derechos de docentes y estudiantes. Esto está demandando y demandará grandes esfuerzos de las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por eso hay que tener en cuenta que las evaluaciones son solo una parte de todo lo que se debe replantear para la reapertura de las escuelas.

Las evaluaciones son solo una parte de todo lo que se debe replantear para la reapertura de las escuelas.

Se pueden compartir o no las definiciones del Consejo Federal. Lo que no se debe hacer es desconocer la legitimidad de las medidas, ya que fueron adoptadas por todos los responsables de la política educativa argentina sin distinciones partidarias.

Cabe preguntarse entonces: ¿Vale la pena debatir sobre el formato de las calificaciones, cuando el contexto llama a prestar atención a problemas estructurales que tiene la educación argentina desde hace años? Por ejemplo: solo termina el secundario en tiempo y forma, uno de cada dos estudiantes. Una tragedia que no es novedosa y que con las dificultades actuales se pueden profundizar provocando mayor abandono estudiantil.

Esto es un aplazo o un 1 (uno), como prefieran. Ese dato, en esta pandemia y con las desigualdades existentes desde hace décadas, nos obliga a centrarnos en lo importante, que además es urgente, para que los esfuerzos actuales sostengan al estudiantado, evitando aumentar la deserción en la educación obligatoria, y pensar cómo la formación que viene podría garantizar  más estudiantes y mejores egresados. Solo así,  podríamos levantar nuestro aplazo como sociedad.

*Miembro del Consejo de Gobierno de Ielsac/Unesco.
 


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