CULTURA

Aquí están las mujeres

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Me sorprende que afuera de Colombia se hable de un boom de nuestra narrativa porque yo no había oído hablar de ningún boom. Pensé que tal vez el problema era que yo no estaba enterada y les pregunté a varios colegas. Casi todos me dijeron que no sabían de ningún boom o que si lo había era relativo.
Me sorprende más, sin embargo, que se diga que hay una ausencia de mujeres en la generación de escritores colombianos que se han ganado premios importantes en los últimos años. Porque están Margarita García Robayo, que quedó de finalista en el Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana con Lo que no aprendí (Malpaso, 2014), y Melba Escobar de Nogales, que, con La casa de la belleza (Planeta, 2015), estuvo entre los once nominados del mismo premio este año. El Biblioteca de Narrativa es uno de los premios de los que más se habla en Colombia y las dos estuvieron figurando bastante en los medios.
También hay escritoras de generaciones anteriores que están en el centro del panorama literario actual y tienen tanta o hasta más prominencia que algunos hombres:
Laura Restrepo (1950), que es tal vez la más conocida e internacional, se ha ganado premios tan importantes como el Sor Juana Inés de la Cruz y el Alfaguara, y va a sacar una nueva novela este año.
Emma Reyes (1919-2003) es una artista plástica que estaba en el olvido cuando se publicó su libro póstumo: Memoria por correspondencia (Laguna, 2012), el fenómeno editorial más notable de los últimos tiempos en Colombia. Laguna es una editorial independiente y a sus editores les dijeron que era una locura publicar un libro epistolar, de una autora muerta, pues no vendería, así que sólo sacaron mil ejemplares: la edición se agotó enseguida, en cuanto sacaban una nueva volvía a agotarse, lo eligieron como el libro del año en la revista Arcadia y ahora está dando la vuelta al mundo. Ha sido publicado en México, Argentina, Chile, Italia, España y los derechos de traducción ya fueron adquiridos en Brasil, Holanda, Israel y Estados Unidos, donde hará parte de la colección Penguin Classics.
Piedad Bonnett (1951) escribió otro de los libros más celebrados y vendidos últimamente en el país: Lo que no tiene nombre (Alfaguara, 2013), un texto valiente de no ficción sobre el suicidio de su hijo. Además de narradora, Bonnett es poeta y ha ganado premios importantes, la han traducido a seis idiomas y el mes pasado salió su Poesía reunida (Lumen, 2015).
Ingrid Betancourt (1961) es autora del mejor libro de los secuestrados, un género literario que no se cultiva sino en Colombia. Su libro, No hay silencio que no termine (Aguilar, 2010), es valioso no sólo como testimonio del fenómeno que azotó al país entre los 90 y los primeros años de este siglo, sino que es, por derecho, buena literatura: un recuento de la guerra, un retrato vívido de la cara menos glamorosa del país y una reflexión conmovedora sobre el encierro y la soledad.

 

*Autora de la novela Conspiración iguana (2009) y del libro de cuentos Caperucita se come al lobo (2012).

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