“Me quiero sentir bien argento”, anunció Taboo antes de tomar mate sobre el escenario y compartirlo con una espectadora. La frase resumió el espíritu del regreso de Black Eyed Peas a la Argentina: el viernes 4 de septiembre, después de 16 años de ausencia, will.i.am, apl.de.ap y Taboo se presentaron junto a J. Rey Soul en el Movistar Arena de Buenos Aires, donde desplegaron un espectáculo de casi dos horas construido sobre sus grandes éxitos, el baile ininterrumpido y una búsqueda constante de complicidad con el público.
La cuarta visita del grupo al país, producida por DF Entertainment como parte del Black Eyed Peas Summer Tour, estuvo atravesada por la memoria de una generación que creció escuchando sus canciones en la radio, la televisión musical, los primeros reproductores de MP3 y las pistas de baile. Sin embargo, el concierto no quedó limitado a una evocación del pasado: el repertorio conectó el pop y el hip hop que los convirtió en un fenómeno mundial con la electrónica y los ritmos latinos que marcaron su producción más reciente.

Poco después de las 21, las luces se apagaron y las pantallas comenzaron a envolver el escenario con imágenes, figuras geométricas y cambios de color. La banda apareció en medio de una ovación y abrió con “Let’s Get It Started”, una declaración de intenciones tan directa como eficaz. Desde los primeros segundos, el campo y las tribunas se levantaron para acompañar un comienzo que no concedió pausas.
“Boom Boom Pow” y “Rock That Body” completaron el primer bloque y devolvieron al estadio al universo de The E.N.D., el álbum de 2009 con el que Black Eyed Peas llevó su sonido hacia la electrónica y terminó de consolidar su dominio sobre el pop global. Las canciones se sucedieron con una estructura cercana a la de un DJ set: transiciones rápidas, fragmentos enlazados y una base rítmica sostenida por el guitarrista George Pajon Jr. y el baterista Keith Harris.

El regreso tuvo además un peso histórico particular. La última actuación de Black Eyed Peas en Argentina había sido en 2010, en el estadio GEBA, durante la gira The E.N.D. World Tour. En aquel momento, Fergie todavía integraba la formación y aportaba una voz decisiva en buena parte de los mayores éxitos del grupo. Su salida abrió una nueva etapa que encontró en J. Rey Soul una intérprete capaz de abordar ese repertorio sin intentar reproducir exactamente el personaje de su antecesora.
J. Rey Soul, cantante estadounidense de ascendencia filipina, fue descubierta por apl.de.ap durante su participación en la edición filipina de The Voice y comenzó a colaborar con el grupo antes de incorporarse a su formación. En su primera presentación en Buenos Aires como parte de Black Eyed Peas, asumió algunas de las líneas vocales más reconocibles de las canciones asociadas a Fergie y también defendió el material de discos como Translation y Elevation.

La transición entre épocas quedó expuesta con “RITMO (Bad Boys for Life)” y “MAMACITA”, dos temas que reflejan la aproximación del grupo al mercado latino y su política de colaboraciones con figuras como J Balvin, Ozuna y Maluma. will.i.am se dirigió al público en español y buscó sumarlo a un segmento en el que las bases de reguetón se mezclaron con la fórmula electrónica que Black Eyed Peas perfeccionó durante las últimas dos décadas.
“In the Air”, combinada con elementos de “Smells Like Funk”, permitió regresar por un momento a Elephunk, el disco de 2003 que modificó la historia comercial de la banda. Luego, apl.de.ap ocupó el centro de la escena con “Mabuti” y “Bebot”, interpretadas parcialmente en filipino. El pasaje funcionó como un recordatorio de la diversidad cultural que atraviesa al grupo desde sus orígenes.
Taboo protagonizó uno de los momentos más cercanos con el público. El músico, de ascendencia mexicana, reivindicó su identidad latina, expresó el honor que significaba volver a la Argentina y tomó mate frente a miles de personas. El gesto, celebrado desde las tribunas, reforzó una dinámica que se mantuvo durante toda la noche: los artistas buscaron reducir la distancia con el estadio mediante diálogos, guiños locales y permanentes pedidos de participación.
El concierto reservó además un bloque para la carrera solista de will.i.am. “#thatPower”, grabada junto a Justin Bieber, y “Scream & Shout”, su éxito con Britney Spears, fueron reconocidas desde sus primeras bases. Aunque nacieron fuera de la discografía de Black Eyed Peas, ambas canciones encajaron en el recorrido por una época en la que el productor y cantante amplió su influencia más allá del grupo.
La intensidad volvió a crecer con “Pump It”. El riff de “Misirlou”, popularizado por Dick Dale y recuperado por la banda para Monkey Business, desató saltos y un pogo en el campo del Movistar Arena. La canción volvió a demostrar la capacidad del grupo para cruzar recursos del rock, el hip hop y la electrónica dentro de una fórmula concebida para provocar una reacción física inmediata.
“GIRL LIKE ME”, la colaboración con Shakira, y “Don’t Stop the Party” mantuvieron el pulso antes de que “The Time (Dirty Bit)” abriera la recta final. A esa altura, el concierto había evitado los silencios prolongados y los cambios bruscos de clima: el repertorio avanzaba como una larga sesión bailable en la que cada estribillo preparaba la llegada del siguiente.

El clima cambió con “Where Is the Love?”, el himno publicado en 2003 que convirtió una serie de preguntas sobre la violencia, la discriminación y la intolerancia en una de las canciones más reconocibles de Black Eyed Peas. Más de dos décadas después, miles de voces volvieron a cantar su estribillo mientras las luces de los teléfonos iluminaban el estadio. Fue el momento de mayor carga emotiva de una noche hasta entonces dominada por el ritmo.
La emoción creció cuando integrantes del club de fans argentino fueron invitados al escenario. Entre ellos se encontraba la cantante Morobep, quien conoció a su pareja, el locutor Feche Insaurralde, durante el anterior recital del grupo en el país. Frente a los músicos y a todo el Movistar Arena, él se arrodilló y le propuso matrimonio. La respuesta afirmativa desató aplausos, abrazos y una celebración acompañada por un medley que incluyó “Meet Me Halfway”, “Shut Up”, “My Humps”, “Can’t Get Enough” y “Hey Mama”.
“I Gotta Feeling” quedó reservada para el cierre y confirmó por qué continúa siendo uno de los mayores himnos festivos del pop del siglo XXI. Con una bandera argentina en el escenario y el estadio entregado al último estribillo, Black Eyed Peas completó un regreso sostenido por canciones que sobrevivieron a los cambios de formación, de tendencias y de consumo musical. Dieciséis años después de GEBA, la banda encontró en Buenos Aires algo más que nostalgia; halló a un público todavía dispuesto a convertir sus hits en una fiesta compartida.