lunes 06 de febrero de 2023
CULTURA Narcolepsia - Diario Perfil

"Canto sexto. 1932", de Giuseppe Ungaretti

Alrededor de 1937 Ungaretti se convierte, junto con Salvatore Quasimodo y Eugenio Montale, en miembro fundador del Hermetismo italiano, uno de los grupos poéticos y de crítica más importantes del siglo XX.

06-01-2023 10:44

En el Suplemento Cultura de Diario PERFIL ofrecemos cada semana "Narcolepsia - Coordenadas para una aproximación a la poesía", y el elegido en esta ocasión es "Canto sexto. 1932", del italiano Giuseppe Ungaretti:

 

Oh, bella presa,

Voz nocturna,

Tus movimientos

Fomentan la fiebre.

Sólo tú, memoria demente,

Podrías haber capturado la libertad.

Sobre tu carne esquiva

Y vacilante dentro de espejos turbios,

¿Qué delitos, sueño,

No me enseñaste a consumar?

Con ustedes, fantasmas, nunca tengo reservas.

Y mi corazón está lleno de sus remordimientos

Cuando se hace de día.


 

(Trad. Juan Arabia)

 

Guiseppe Ungaretti nació en Alejandría, Egipto, en 1888. Pasó su infancia y adolescencia en su ciudad natal, cerca de aquellos paisajes desérticos que serían una fuente constante para gran parte de su obra poética. En 1912 viaja a París para realizar estudios en la Sorbona. Es entre las aulas de esa universidad donde conoce a poetas y artistas vanguardistas de la época como André Gide, Guillaume Apollinaire o Pablo Picasso. Al comenzar el año 1914 se enrola en el frente italiano, que actuaría durante los conflictos de la Primera Guerra Mundial. Terminados aquellos años de oscuro enfrentamiento (que darían forma a El puerto sepultado, un doloroso y testimonial primer poemario) vuelve a residir en París, donde lee a Giacomo Leopardi, Charles Baudelaire y filósofos como Nietzsche, Séneca o San Agustín, entre muchos otros. En esa misma ciudad contrae matrimonio para dirigirse tiempo después a Roma. Por esos años trabaja como profesor de idiomas y corresponsal para distintos medios italianos, lo que le permitiría viajar por toda Europa, Egipto y países sudamericanos como Brasil o Perú.

Junto con Salvatore Quasimodo y Eugenio Montale se convierte, alrededor del año 1937, en miembro fundador del Hermetismo italiano, uno de los grupos poéticos y de crítica más importantes del siglo XX. El simbolismo francés, representado por Stephane Mallarmé y Paul Valéry, sería una fuerte inspiración para las bases del grupo, al mismo tiempo que otorgaría una plataforma clave para la encriptación de la comunicación política respecto al fascismo, objetivo inicial de La poesía hermética, ensayo publicado en 1936 por Francesco Flora, académico italiano y poeta de postura abiertamente antifascista, que finalmente daría nombre al grupo.

Ungaretti buscó un sosiego en la palabra, una vuelta a lo espiritual, oponiéndose a la retórica enfática, barroca y rebuscada que promulgaban los poetas y narradores simpatizantes del hipernacionalismo conservador de Bennito Mussolini. Sus poemas nos apartan de la protección del Dios cristiano para retornarnos al útero materno, extendido en aquellos desiertos de la misma Alejandría que había visto crecer al poeta Constantinos Cavafis. Directa, económica y paciente, la voz ungarettiana nos permite bajar un poco más a tierra, entrenando el ojo y las visiones relacionadas con la propia infancia. Porque la infancia, como escribió Rainer Maria Rilke, será siempre la verdadera patria de una persona.

Ungaretti falleció en la cuidad de Roma, en 1970.