CULTURA
dolores avendaño

Cuento de hadas

Nació en Buenos Aires y desde siempre supo que lo suyo era ilustrar. Pero en el país no exitía esa carrera. Viajó a Estados Unidos a probar suerte en una de las escuelas de ilustración más importantes del mundo. Una vez graduada, pasó años transitando por los pasillos de editoriales mostrando sus trabajos... Hasta que llegó la llamada: queremos que ilustres la serie “Harry Potter”.

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Estampa. La talentosa ilustradora, en su flamante taller de Escobar. | Sergio Piemonte

Faltaban unas horas para subir al avión y volver a la Ciudad de Buenos Aires. Ella aprovechó para caminar y, luego, dar la entrevista en el lobby de su hotel, justo frente a la playa que se abre hacia el Golfo Nuevo. Un día antes, estaba rodeada de fanáticos de todas las edades, en el escenario principal de la Feria Internacional del Libro de Puerto Madryn. Algunos estaban vestidos como el niño mago más famoso de la literatura, esperando su turno para la firma de libros. “El público me conmovió mucho. Una chica me contó que su abuela le tejió la bufanda de Gryffindor, una de las casas de Hogwarts donde estudia Harry Potter. La tenía puesta. Y me preguntó a qué casa pertenecía yo. Le dije que a ninguna, pero si tuviera que elegir, sería la de Gryffindor. En ese momento, me la regaló”, comentó Dolores Avendaño, la ilustradora argentina que les dio cuerpo y color a los personajes y paisajes de la famosa saga Harry Potter, para las ediciones de Emecé y Salamandra en español.

Porteña de nacimiento, siempre supo que lo suyo era ilustrar. Desde que tenía cinco o seis años, y tuvo contacto con los libros infantiles, los dibujos fueron los primeros en llamarles la atención. A partir de ahí, nunca dudó de su sueño ni de su futuro. Cuando terminó el secundario, ya sabía qué hacer, pero en la Argentina todavía no existía la carrera de Ilustración. La opción fue Diseño Gráfico en la UBA. Se graduó. Sin embargo, no se sentía satisfecha y fue por más. “Averigüé dónde existía la carrera de Ilustración, hasta que encontré una universidad de Estados Unidos: Rhode Island School of Design. Allí tenían como materia Cuentos de Hadas. Ya está, esta es mi carrera”, recordó. Pero no sería fácil. Había que pasar un examen inicial para ingresar a aquella escuela de diseño, una de las más importantes del mundo en artes. Avendaño quedó en lista de espera y, al respecto, contó: “Ahí fue cuando me enteré de lo difícil que era entrar a esa carrera. Pero insistí. Todavía no existía internet, así que los llamaba por teléfono. Los volví locos. Hasta que me dijeron: ‘Entraste. Vení en quince días’. Así empecé las clases, sola, por primera vez en Estados Unidos, para estudiar una carrera de cuatro años”. Pero la dificultad tampoco terminó ahí: dos de los tres profesores que tuvo le recomendaron que, mejor, se dedicara a otra cosa. No obstante, la joven promesa no se dejó intimidar: “A pesar de los profesores y su recomendación, seguí estudiando porque era mi sueño. Yo me veía haciendo libros para chicos. Así que seguí y me gradué. Y lo hice en dos años y medio, en vez de cuatro”. Contra todo pronóstico, la argentina demostró talento y disciplina. Con título en mano, salió a buscar trabajo.

La gran oportunidad

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Era principios de los 90 y Dolores iba a cuanta entrevista aparecía. Todo a pulmón, el esfuerzo era enorme. Por eso, a veces, las dudas, la frustración, la incertidumbre le ganaban. Nunca se dejó vencer y, así, llegó la gran oportunidad. “Iba a todas las editoriales con mi carpeta de originales. Un día di con una editorial muy importante, Tambourine Books –una división de William Morrow–, en Nueva York. En esa misma entrevista, me dieron mi primer trabajo para mi primer libro”, comentó Avendaño con emoción. Fue en 1994 y se trataba de On Halloween Night. Y agregó: “Había días que lloraba por el miedo, por lo difícil que era estar sola, con toda mi familia y amigos lejos. Pero ese día, luego de la noticia, iba caminando por la Quinta Avenida y, de golpe, me di cuenta de que iba mordiendo el paraguas. Creo que fue para no gritar de felicidad. Después, tuve pánico por la hoja en blanco. Claro, había que dibujar y dije: ‘¿Y ahora qué hago?’”.

Más allá de que la Noche de Brujas era una idea muy divertida para ilustrar, nadie de la editorial le había dado pautas. Todo estaba en sus manos. En total, fueron 32 páginas a pura ilustración. A propósito, destacó: “Dejé de lado el qué dirán, los miedos, y me enfoqué cien por cien en el trabajo. Ilustré mi primer libro y ahí arranqué mi carrera como ilustradora. Gracias a ese libro empezó todo. Para mí, esa es la publicación más importante porque fue la que lanzó mi carrera”.

Harry Potter y la ilustradora que quería correr

Luego de un año de trabajo en el país del Norte, expiró la visa para extranjeros. Avendaño volvió a la Argentina y, contando ya con cierto renombre en el mundo de la ilustración, comenzó a colaborar con la editorial Emecé. Allí le encargaron un libro y, cuando entregó los originales para esa publicación, recuerda, la magia sucedió: “El director de arte de Emecé me dijo: ‘Mirá, tenemos la portada de un libro sobre un chico mago. Necesitamos que la hagas en una semana’”. Dolores aceptó, entusiasmada por la temática, que le fascinaba desde niña. Hasta llamó a su hermana que, en ese momento, era quien vivía en los Estados Unidos. “¡Es un libro para mí!”, le decía Avendaño. Lo cierto es que ni la editorial ni Dolores sabían que se trataba de la obra más famosa de la británica J.K. Rowling y todo lo que vendría después. Sin embargo, vino. Se inspiró en el propio texto e ilustró toda la serie completa: hasta el tercer libro, con Emecé; y del cuarto hasta el último, con Salamandra en España.

Por supuesto, ilustrar la obra de Harry Potter le dio un enorme reconocimiento y un gran nombre como ilustradora. No obstante, lo que más celebró Avendaño fue que toda esa influencia la ayudó a tener patrocinadores para su otro gran sueño: correr a larga distancia. Las grandes maratones que se realizan en distintas partes del mundo, como se sabe, son más que costosas. Pero la ilustradora se dio el gusto. Su entrenador le había comentado, a partir de una revista española que presentaba unas fotos espectaculares de una maratón en el Sahara, en Marruecos, que esa era su carrera. Ella le dijo que sí, aunque después entendió que se trataba de 243 kilómetros. Aun así, la hizo suya: duró siete días, en seis etapas y con autosuficiencia. Es decir, no había nadie que ayudara a los maratonistas. Ellos mismos debían llevar sus elementos personales, alimentos, etc. Harry Potter, de repente, hizo otro sueño realidad. “Corrí en el Sahara, en el Himalaya, en Mongolia. Desde adolescente, también tenía este sueño. Me veía corriendo a través de la naturaleza, aunque nunca moví un dedo. Pero cuando cumplí 30, entendí que si no empezaba a entrenar el sueño de correr a distancia no iba a suceder nunca”, compartió Dolores. Y agregó: “Así que me metí en un grupo de entrenamiento, empecé a entrenar, y corría entre quince y treinta minutos. Quedaba molida. Por momentos, pensaba en abandonar, pero seguí y corrí la maratón de 42, que era mi objetivo. Siempre tuve esa idea: que mi vida fuera una gran aventura”.

Algo más que magia

Además de trabajar con una de las obras más vendidas de la literatura contemporánea, Avendaño se incorporó, durante casi tres años, al equipo de Intelexia: el primer programa de educación para chicos con dislexia. Este proyecto, que todavía no existe en España ni en Latinoamérica, está basado en uno norteamericano, y Dolores fue la encargada de ilustrar los seis manuales y todos los libros de lectura que editaron desde el programa en español. A propósito, la ilustradora destacó: “Fue realmente un trabajo muy gratificante, importante, porque es un agregado a la parte de educación que falta. En Argentina, los libros ya se pueden conseguir. El programa de verdad es muy bueno y lo recomiendo. Incluso para chicos que no tienen dislexia. Es una herramienta que los ayuda un montón”.

Por otra parte, Dolores inaugurará el viernes 2 de agosto, en la sede central del Banco Nación, una muestra unipersonal en la que presentará distintas ilustraciones originales de su producción. Entre ellas, por supuesto, algunas de las portadas de Harry Potter. Allí, exhibirá parte de su producción editorial, la cual no solo la convirtió en una de las ilustradoras más renombradas de nuestro tiempo, sino también de las más queridas por toda una enorme generación: la de los jóvenes lectores.