Cada 7 de enero, la Argentina celebra el Día del Coleccionista, una fecha que rinde homenaje a quienes encuentran un orden sagrado en el aparente caos de los objetos. Lo que para muchos es simplemente acumulación, para el coleccionista es una forma de preservación histórica y, a menudo, una extensión de su propia identidad.
Si bien el imaginario local suele remitir a la sobriedad de las estampillas, las monedas de la época de la Confederación o los clásicos autos a escala, existe una frontera donde la pasión cruza hacia lo bizarro. En este día se exploran aquellas colecciones que, lejos de la solemnidad de los museos tradicionales, celebran lo absurdo, lo mundano y lo inesperado.
El museo del cabello humano en Turquía
En las profundidades de Capadocia, el alfarero Chez Galip ha creado una de las colecciones más desconcertantes del planeta. No son piezas de cerámica lo que cuelga de las paredes de su cueva, sino más de 16.000 mechones de cabello femenino. Cada muestra viene acompañada de una etiqueta con la dirección de la donante. Lo que comenzó como un recuerdo de una amiga que se marchaba de la ciudad, se convirtió en un archivo biológico masivo que atrae a miles.

Museo del Arte Malo en Estados Unidos
Bajo la premisa de que "hay arte tan malo que no puede ser ignorado", el Museum of Bad Art (MOBA) en Massachusetts se dedica a recolectar obras que fallaron estrepitosamente en su intento de ser bellas. Con cientos de lienzos que presentan anatomías imposibles y paletas de colores chirriantes, esta colección es una oda al esfuerzo creativo por encima del talento. Sus curadores rescatan estas piezas de mercados de pulgas o incluso de la basura.

El archivo de las "Bolsas de Mareo"
Para el neerlandés Niek Vermeulen, el éxito de un vuelo no se mide por la puntualidad, sino por la bolsa de papel del asiento delantero. Poseedor del récord mundial con más de 6.290 bolsas para mareos (airsick bags) de 1.191 aerolíneas diferentes, Vermeulen ha logrado documentar la historia de la aviación comercial desde una perspectiva escatológica y gráfica. Su colección incluye ejemplares de aerolíneas desaparecidas y ediciones limitadas que son tesoros.

El santuario de los saleros y pimenteros
Ubicado en Tennessee, el Museum of Salt and Pepper Shakers alberga más de 20.000 pares de estos utensilios. La colección, iniciada por la arqueóloga Andrea Ludden, demuestra cómo un objeto tan cotidiano puede reflejar los cambios culturales de décadas. Desde figuras de astronautas de la era espacial hasta miniaturas de comida rápida, la muestra es un testimonio de la creatividad humana aplicada a la mesa.

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El Museo de las Relaciones Rotas
En Zagreb, Croacia, existe un espacio dedicado a los objetos que quedan cuando el amor se termina. Esta colección no se basa en el valor material, sino en el peso emocional. Desde un hacha utilizada para destruir los muebles de una expareja hasta osos de peluche y vestidos de novia abandonados, cada pieza es donada por personas de todo el mundo y se exhibe junto a una breve historia de la ruptura, convirtiendolo en un archivo terapéutico y universal del dolor humano.
