Artista multidisciplinaria y pintora autodidacta, curadora, coordinadora de un taller de escritura para artistas, varias veces premiada por su obra (Premio Konex en 2022), no sería exagerado reconocer en Silvia Gurfein (1959) una de las figuras artísticas más destacadas del arte visual argentino. No solo por su diversa actividad creativa –teatro, danza, música, diseño, autora de textos para catálogos, revistas y libros– sino, y este libro bilingüe de 20 x 13 cm y de tapas duras lo testimonia, por los diversos soportes y medios que emplea. Si bien se trata de una colección de imágenes técnicas de una serie de pinturas, en alta impresión, la materialidad del original, quizá evocada por el papel, se deja sentir como algo presente y ausente a la vez. Extrañamente (o no tanto, en realidad), la versión puramente digital de alguna de ellas, que se puede ver en internet, acentúa mucho más esa ambivalencia de ausencia y presencia a una vez y, sin embargo –pese o debido al soporte algorítmico– los pixeles no alcanzan a trasmitir lo fantasmal de esta estética. Menos todavía, tras la hiperrealidad del color, los vestigios, los restos, las marcas, las huellas, los rastros, de la pincelada y el óleo, de los colorantes e impastos.
Según dice Gurfein, en el prefacio o presentación del libro, lo que se propuso es una conversación entre la imagen –siempre como ausencia y fantasma– y lo desechado, los residuos, de la historia de la pintura. Esto es, el lijado, el esfumado, la imprimatura (usado para preparar lienzos), el degradé (tránsito gradual de un color a otro), el sobrante de la paleta de colores. Lo que consigue, en todo caso, excede esa modesta pretensión de hacer del arte pictórico una “cápsula de tiempo”. Mejor dicho, lo logra, pero en un sentido muy distinto –y quizá opuesto– respecto de la temporalidad de la historiografía. Para decirlo de algún modo, sucede como en la différance de Derrida, cuyo concepto implica el diferir del signo (difiere de otro) y también posponer indefinidamente el significado (en francés, el verbo différer significa tanto “ser diferente” como “aplazar”), con lo que crea una temporalidad donde el sentido nunca está en el presente. De modo que el arte, en ese sentido, se define como materialidad y proceso de huellas, donde la imagen se ubica entre lo visible y lo invisible, lo sensible y lo inteligible, la presencia y la ausencia.
En las pinturas reproducidas de Gurfein, aparte de ciertos restos de Kandinsky e Yves Tanguy (o del expresionismo abstracto), y los vestigios del pincel, las formas mismas –lo visible– aluden a un trasfondo –lo invisible– a través de huellas o marcas (líneas y curvas, resplandores y opacidades, filamentos y hebras) de significado incierto o de ningún significado. Los títulos que acompañan las imágenes, por otro lado, que deberían aclarar algo, más bien describen lo que se ve o, a la inversa, son oraculares y alegóricos. En otras palabras, hay un corte entre las palabras y las cosas, entre el signo y la significación. Lo cual vuelve la experiencia de contemplación todavía más espectral. Aun así, la materialidad (a veces, de gran levedad) de las obras, escindidas en su inmanencia, deslumbra como la revelación de algo indeterminado que de otra manera no podría aparecer.
Antena
Autora: Silvia Gurfein
Género: arte
Editorial: FAN-Staicos Ediciones, $ 40.000