lunes 15 de agosto de 2022
CULTURA lo compró la fundación costantini

Precio récord por un cuadro de Frida Kahlo

El empresario argentino, fundador del Malba, adquirió en una subasta la pintura “Diego y yo”, uno de los retratos más emblemáticos de la gran pintora mexicana. La obra será exhibida en el museo de Barrio Parque en 2022.

20-11-2021 01:52

El arte latinoamericano marcó un nuevo récord con la pintura Diego y yo (1949), autorretrato de Frida Kahlo. Subastada en Sotheby’s, Nueva York, el empresario argentino Eduardo Costantini, fundador del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), pagó por ella 34,9 millones de dólares. Ya en 2016 había pagado 15,7 millones de dólares por Baile en Tehuantepec, de Diego Rivera, esposo de Frida, y quien aparece en la pintura récord en la frente de la artista con, a su vez, un ojo en su propia frente. Vale decir, Diego y yo es un rostro con cinco ojos que miran al espectador. Qué inquietante, diría Borges.

Existe una interpretación oficial de Diego y yo en la cultura mexicana: plena de simbolismo, remite al amor obsesivo, los celos mutuos, así como a una relación simbiótica donde la obra de Frida “tributa” a la de su amor. Incluso las lágrimas de Frida refieren al dolor que sentía, y trataba de ocultar, por el romance de Diego con su amiga, la artista María Félix. Amor panteísta, de tierra madre, purificador, vinculado a la mitología de civilizaciones perdidas y profanadas, su rebeldía queda decorada a pesar de que su accidente en el tranvía y Rivera tuvieron para ella la misma dimensión de dolor y daño. 

Que la vida de Frida Kahlo estuvo atada a la de su esposo es evidente como el fantasma oculto: la política en la vida de Rivera. Miembro del Partido Comunista (PC) de México, viaja a la URSS en 1927, allí conoce a León Trotski. En 1929 se casa con Frida y es expulsado del PC. Viaja a Estados Unidos, realiza varios murales conflictivos (pintó un Lenin para Rockefeller que, indignado, hizo borrar la obra). En 1931 es designado por el gobierno para asesorar, junto a Frida, a Sergei Eisenstein en el rodaje del film que nunca será: ¡Que viva México! Ya en 1936 logra el asilo político de León Trotski ante el presidente Lázaro Cárdenas, y es Frida quien lo recibe y acompaña hasta la capital. El rumor sobre su posterior romance con el revolucionario ruso nunca se confirmó.

En 1939 Rivera y Trotski se distancian. En los papeles que aparecieron en la Casa Azul del artista, queda claro que el ruso le reprochaba su correspondencia con André Breton, donde se burlaba de él. En el primer atentado contra Trotski, a principios de 1940, donde participó un fanatizado David Alfaro Siqueiros (el otro gran muralista), el grupo utilizó una camioneta Ford del mismo Rivera. Ante el fracaso de la misión, los pases diplomáticos para el escape los obtuvieron a través del diplomático chileno Pablo Neruda. En 1950, Rivera ilustrará una edición del Canto General del futuro Premio Nobel de Literatura, recibirá tratamiento médico en la URSS en 1955, para morir dos años más tarde. ¿Acaso Rivera fue un doble agente de Stalin que, haciéndose pasar como disidente, podía informarle sobre lo que tramaba su odiado crítico? ¿El asilo de Trotski fue una jaula para sujetar a la futura víctima?

Aquí reaparece Diego y yo como un autorretrato entre otros dos. Lo antecede Diego en mis pensamientos (1943) y le sigue El abrazo de amor del universo, la tierra (México), Diego, yo y el Señor Xólotl (1949). El primero luce cuatro ojos, Rivera aparece en la frente de Frida como un retrato de Stalin. A su vez ella luce amortajada, inmóvil, y mira hacia un punto detrás del observador. En el último retrato Diego es un bebé gigante con un ojo en la frente, en los brazos de Frida que nos mira entre lágrimas. El universo y la madre tierra, cuatro ojos. La luna y el sol, otros dos. A los pies de las figuras el perro muestra un ojo, es la muerte que cuida al engendro de la oscuridad: el mismo Rivera, poderoso, impar en su malignidad absoluta. Frida llora porque cuidó su capacidad de daño y traición. Doce ojos en la escena interrogan al espectador.

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