El 9 de enero de 2026, el santoral católico conmemora a San Julián de Antioquía, uno de los mártires más antiguos venerados por la Iglesia. Su testimonio se inscribe en el período de las persecuciones romanas, cuando profesar la fe cristiana implicaba un riesgo real para la vida.
San Julián de Antioquía: martirio y coherencia en la Iglesia primitiva
San Julián nació en Antioquía, una de las ciudades más importantes del cristianismo antiguo. Según fuentes en inglés, fue educado en la fe cristiana y desde joven manifestó una adhesión firme al Evangelio en un contexto social dominado por el paganismo oficial del Imperio.
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Durante las persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano, Julián fue arrestado por negarse a ofrecer sacrificios a los dioses romanos. Textos italianos del Santi e Beati relatan que fue sometido a interrogatorios y presiones para que renunciara públicamente a su fe, sin lograr quebrar su convicción.
Las actas martiriales describen que San Julián fue condenado a muerte tras confesar abiertamente su condición de cristiano. Fuentes anglófonas destacan que su martirio fue entendido por las primeras comunidades como un testimonio de coherencia absoluta entre fe y vida, incluso en circunstancias extremas.
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La veneración a San Julián se difundió rápidamente en Oriente y luego en Occidente. Su nombre fue incorporado a antiguos calendarios litúrgicos y su memoria se mantuvo viva como ejemplo para los fieles que enfrentaban persecuciones o discriminación por motivos religiosos.
En la iconografía cristiana, San Julián suele ser representado como un joven mártir, portando la palma del martirio o símbolos de su ejecución. Su figura expresa la entrega total y la firmeza interior frente a la violencia del poder político.
Las oraciones dedicadas a San Julián piden fortaleza en la fe, valentía para sostener las convicciones y fidelidad al Evangelio en contextos adversos. En textos litúrgicos en inglés se lo invoca como intercesor para quienes sufren persecución o injusticia.
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Además de San Julián de Antioquía, el 9 de enero el calendario recuerda a otros santos y beatos de la Iglesia primitiva, entre ellos Santa Basilisa, asociada a su memoria en algunas tradiciones antiguas. La fecha se sitúa dentro del tiempo de Navidad, prolongando la reflexión sobre la luz de Cristo frente a la oscuridad del mundo.
En la Ciudad de Buenos Aires, la memoria de los mártires de los primeros siglos puede evocarse en la Basílica de San José de Flores, donde se honra el testimonio de quienes dieron su vida por la fe y se reza especialmente por la libertad religiosa y la coherencia cristiana en la vida cotidiana.