Este 19 de mayo la Iglesia conmemora la figura de San Pedro Celestino, conocido también como el Papa Celestino V, una de las personalidades más singulares e inspiradoras que forman parte del santoral católico. Nacido en una humilde familia italiana bajo el nombre de Pietro Angelerio, este siervo de Dios consagró su juventud a la rigurosa ascesis espiritual.
El extraordinario sacrificio de San Pedro Celestino
Atraído por el silencio absoluto, el joven Pietro se retiró a las escarpadas montañas de los Abruzos para vivir como un monje ermitaño. En la soledad de las cuevas del monte Morrone, fundó una nueva rama monástica caracterizada por una penitencia extrema, la oración continua y el trabajo manual, ganándose la admiración de miles de fieles.
Su fama de santidad se extendió rápidamente debido a los numerosos milagros y curaciones que los peregrinos atribuían a su intercesión. Pietro poseía el don de la profecía y se decía que las campanas de las iglesias tañían solas a su paso, un signo divino que manifestaba su profunda y mística conexión con el Creador.
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En el año 1294, tras un prolongado cónclave de dos años que mantenía a la Iglesia en una profunda crisis, los cardenales decidieron elegirlo inesperadamente como Sumo Pontífice. El humilde anciano aceptó el cargo por estricta obediencia, siendo coronado en la ciudad de L'Aquila y adoptando el nombre oficial de Celestino V.
Sin embargo, el nuevo Papa pronto descubrió que la compleja burocracia vaticana y las intensas intrigas políticas de la época sobrepasaban sus fuerzas espirituales. Tras solo cinco meses en la cátedra de San Pedro, tomó la histórica decisión de emitir una bula de abdicación, renunciando formalmente al papado para recuperar su paz.
Su sucesor, Bonifacio VIII, ordenó recluir al anciano monje en el castillo de Fumone por razones de seguridad política. Allí pasó sus últimos meses confinado en una estrecha celda, donde continuó orando fervientemente hasta su pacífico fallecimiento el 19 de mayo de 1296, dejando un legado eterno de desapego.
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Hoy en día, la devoción a este santo se mantiene viva a través de la oración por la humildad. Su testimonio nos inspira a desprendernos de los honores terrenales, recordándonos que el verdadero poder reside en el servicio silencioso, la pureza del corazón y la fidelidad absoluta a los designios del Padre celestial.
En esta misma jornada, el calendario litúrgico celebra la memoria litúrgica de San Crispín de Viterbo y el papa San Urbano I. Asimismo, durante el transcurso de esta semana, los fieles recordarán con especial fervor las festividades de figuras tan notables como San Bernardino de Siena, Santa Joaquina de Vedruna y la mística Santa Rita de Casia.
En la Ciudad de Buenos Aires, los files que deseen rendir homenaje a este gran ejemplo de desapego pueden acercarse a la Basílica de San Francisco, ubicada en el casco histórico de Monserrat. En este antiguo templo, la comunidad franciscana custodia la memoria de los santos que, al igual que San Pedro Celestino, abrazaron la pobreza evangélica.