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CULTURA / La Historieta en la Argentina
domingo 15 septiembre, 2019

Territorio fertil

Pese a la grave crisis del sector editorial, la historieta argentina actual goza de muy buena salud, a la vez que trasciende sus canales habituales para ser pieza de admiración y debate en museos, redes sociales, festivales, jornadas especiales y galerías de arte.

Daniel Gigena

Como un universo en expansión, y pese a los límites que impone la crisis del sector editorial (que acumula cuatro años de caída), la historieta argentina se transforma y cruza las fronteras de sus medios habituales. Museos, redes sociales, festivales, jornadas especiales y galerías de arte rinden culto a un género que hoy incorpora temáticas como las del feminismo, las diversidades sexuales y la ecología. Foto: cedoc
domingo 15 septiembre, 2019

Como un universo en expansión, y pese a los límites que impone la crisis del sector editorial (que acumula cuatro años de caída), la historieta argentina se transforma y cruza las fronteras de sus medios habituales. De las páginas de diarios, revistas y fanzines, avanza a paso sostenido en el mercado del libro con novelas gráficas, recopilaciones de tiras cómicas, trasposiciones de cuentos y otros experimentos “lexipictográficos” que combinan el código de las imágenes con el lenguaje escrito y la narrativa. Por otro lado, se organizan centros de estudio y jornadas universitarias para determinar el alcance de un género mixto y poco convencional en el uso de las convenciones. Y, además, la historieta ingresó en el digno ámbito de los museos, los espacios culturales y las galerías de arte con muestras de grandes artistas, como la de Alberto Breccia en la Casa Nacional del Bicentenario, y de nuevos talentos, como la que todavía se puede visitar en el Centro Cultural Kirchner. ¿Es un momento de consagración para la historieta argentina?

Mientras, en la ciudad de Rosario, se realizará del 10 al 13 de octubre la décima edición del festival Crack Bang Boom, la convención internacional de historietas más importante de la Argentina, y probablemente de Sudamérica, que organizan en conjunto la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y el historietista cordobés de mayor proyección internacional Eduardo Risso (Risso es el dibujante de Batman para Marvel y obtuvo varios premios por sus trabajos solistas o en colaboración). “La Crack nace en 2010, pero en mi cabeza surgió cinco años antes, por lo menos –dice Risso a PERFIL Cultura–. En ese momento encontré un interlocutor válido de parte del Estado, porque considero que en este tipo de eventos culturales tiene que estar el Estado detrás. No me interesa hacerlo si no es para ayudar a motorizar la industria. Los lanzamientos editoriales que se hacen en la Crack siguen creciendo y, a pesar de la crisis económica que padecemos ahora, este año será así también”. Sellos como Ediciones de la Flor, Loco Rabia, Maten al Mensajero, Hotel de las Ideas, Barro y La Editorial Común, entre muchos otros, preparan sus novedades para exhibir bajo el cielo rosarino.

El encuentro, que suma expositores y seguidores año a año, ofrece clases magistrales a cargo de invitados nacionales y extranjeros, talleres, charlas, exposiciones y una feria de libros, revistas y zines. En la lista de invitados de 2019, figuran la francesa Pauline Aubry, el italiano Paolo Eleuteri Serpieri, el brasileño Gabriel Bá y los argentinos Marcos Vergara, Colorada Majox, Oscar Chichoni y Teora Bravo, entre muchos otros. En cada edición de la Crack se entregan nueve premios Carlos Trillo, bautizados así en honor al gran escritor y guionista argentino, que reconocen el trabajo que los artistas del cómic dieron a conocer durante el año anterior. Más información: www.crackbangboom.com.ar

Vamos las pibas. “Algo a festejar del momento de la historieta argentina actual es cómo cierta coyuntura política feminista y diversa supo acoplarse a los géneros narrativos clásicos: acción, fantasy, porno, ciencia ficción –dice la dibujante, periodista y crítica de cine Maia Debowicz–. Desde La sombra del altiplano y Si mojás me enciendo, de Sukermercado (seudónimo de la historietista Paula Suko), hasta Debajo, la corteza, de Daniela Arias, pasando por el fantasy de Macarena Cuervo, estas obras no se conforman con bajar línea ni con contar una historia: deciden hacer las dos cosas al mismo tiempo”. Esa complicidad entre activismo y creatividad oxigena un ambiente donde aún prevalecen los autores.  

Con la creación del colectivo internacional Chicks on Comics, que entre otras integran las locales Delius, Caro Chinaski, Sole Otero y Clara Lagos, y el ascenso de Vamos las Pibas, festival de autoras de historieta que ya va por su quinta edición, hasta la publicación de novelas gráficas claves para el presente (como El pozo, de Lauri Fernández; Mujer primeriza, de Daniela Kantor; Notas al pie, de Nacha Vollenweider; Materniti, de Lagos, e Intensa, de Otero), la perspectiva de género se filtró en la historieta local. El libro emblemático de este “giro feminista” es Pibas. Antología de historietistas contemporáneas argentinas (Hotel de las Ideas), que reúne trabajos de 24 artistas. En marzo de este año, en simultáneo con el lanzamiento del libro, se organizó en el Centro Cultural Recoleta una muestra homónima, que estuvo al cuidado de Daniela Arias, Romina Fretes y Valeria Reynoso, creadoras de In Bocca al Lupo, sello editorial independiente que desde 2012 desarrolla un catálogo de zines, historieta e ilustración.

Para Grisel Pires dos Barros, graduada en Letras por la Universidad de Buenos Aires, investigadora y artífice junto con Hernán Martignone de las jornadas La Historieta Argentina en Filo, hay mayor presencia no solo de mujeres historietistas sino también de identidades sexo-genéricas en un abanico más amplio. “Veo un abordaje de lo autobiográfico diferente del que tuvo en su momento de auge: lo autobiográfico aparece como posicionamiento político en un contexto de apertura que está acercando a la historieta a lectores de otros ámbitos que ven en el relato gráfico una herramienta de difusión”, dice. Sin embargo, Dos Barros lamenta que aún falte mayor atención editorial a las figuras de mujeres que venían produciendo desde antes. “Como las Chicks on Comics o María Alcobre, entre tantas, y una mirada más iluminadora o una mayor difusión de trabajos sobre autoras como Niní Marshall y Blanca Cotta, que encontraron sus particulares espacios de intervención en cada momento”, agrega. Muestras, archivos y espacios institucionales (como el Centro de Historieta y Humor Gráfico Argentinos, creado por Judith Gociol y José María Gutiérrez en 2012) establecen continuidades y captan diferencias en la banda animada de la historieta argentina.

“Nuestra colección Génesis nace como respuesta a la movida zinera en auge –dice Lucas Rodríguez, coeditor con Agos Fanucchi del sello Barro–. Hablamos con autores que nunca hubieran publicado antes, que solo hubieran hecho zines cortos autopublicados, y les planteamos la posibilidad de hacer una publicación de cuarenta páginas, un mediometraje o nouvelle, por así decirlo, sin tener que saltar de diez páginas a 120, para encauzar a nuevas y nuevos autores a la industria editorial”. Aunque no empezó exclusivamente como una colección de obras de mujeres, Génesis ofrece una paleta variada de trabajos de artistas con estilos y propuestas innovadoras. Sus títulos incluyen historias de Sukermercado, Sine, Maelitha, Cons Oroza y Nykka, y próximamente publicarán otras de KamiKama, Val Reynoso y Euge Beizo.

Luego del éxito de la antología Historieta Lgbti (compilación de diez historietas queer, al cuidado de la Editorial Municipal de Rosario y el Area de Diversidad Sexual de Rosario), a comienzos de 2019 la misma editorial dio a conocer Poder trans. Historieta latinoamericana, una compilación de veintidós cómics que visibilizan cotidianidades, y experiencias de las comunidades trans latinoamericanas. Entre otros, dibujan y escriben Ana Fornaro, Flor Capella, KamiKama, Malu, Maru Ludueña y Patricio Oliver. En ambos casos, la selección de los trabajos se hizo por concurso.

Hablan los editores. En las jornadas dedicadas a la historieta en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, a la que asistieron dibujantes, guionistas e investigadores, no estuvieron ausentes editores de historieta y novela gráfica. En un mercado editorial como el argentino, donde se producen cerca de 28 mil novedades por año, se registran aproximadamente 150 novedades anuales de historietas y novelas gráficas. En parte, esa cifra reducida se explica porque en el universo historietil muchas producciones son autoediciones, fanzines y libros de autor sin ISBN (el “DNI” de los libros registrados por las Cámaras del sector).  

Por otra parte, durante mucho tiempo las historietas estuvieron asociadas a diarios y revistas, dos “víctimas” de la revolución tecnológica de los medios en la actualidad. Eso alentó el éxodo de artistas del género hacia el mundo de los libros y el territorio liberado de las redes sociales. “Hay menos espacios de publicación periódica en papel, y esa publicación está más presente en redes –confirma Dos Barros–. Sin embargo, el libro persiste como el artefacto que compila, ordena y resguarda esos materiales para el acceso a otros públicos lectores”.

Santiago Kahn, editor del sello Maten al Mensajero, sugiere que conviven dos tipos de producción editorial. “Están los libros que provienen de un sector autogestionado, con autoras y autores que se iniciaron en el ambiente fanzinero desde los años 90 y 2000 hasta hoy, de Angel Mosquito, Delius y Clara Lagos a Gustavo Sala, Esteban Podetti o Bruno Bauer, por ejemplo. Y hay mucha producción que todavía tiene un vínculo con lo producido profesionalmente para la revista Fierro (en su época reciente y en su época ochentosa) y por material producido por autores nacionales para mercados europeos y estadounidenses”, dice Kahn. Entre estos últimos, se pueden mencionar los dúos conformados por Eduardo Risso y Brian Azzarello, y Justin M. Ryan y el argentino Kristian Rossi.

Hasta los años 90, la producción de los historietistas encontraba lugar en revistas de antología que se vendían en quioscos de diarios; además de la mítica Fierro, se pueden mencionar Comiqueando, Cazador y El Tripero, entre otras. “Luego de la destru-cción de la industria cultural en esa época, el sector se reformuló. Primero por una generación que se autopublicaba en el formato de fanzine y luego se pasó a los libros con la intención de abrirse paso en las librerías generales, además de las especializadas”, apunta Javier Hildebrandt, uno de los editores de Hotel de las Ideas. En vez de entregas quincenales o mensuales, los autores hoy deben idear “obras cerradas”, que se venden en librerías. “De este modo ganó espacio la novela gráfica y la diversidad de autores”, concluye Hildebrandt.

“Otra diferencia es que la mayoría de las editoriales son independientes y los proyectos se difunden en los eventos de historieta para luego tratar de ampliar su público y llegar a las librerías generalistas”, agrega Diego Rey, otro de los coeditores de Hotel de las Ideas. Todos los editores consultados coinciden en que uno de los problemas principales del sector es la difusión. “En general solo se hace a través de redes sociales y algunos espacios esporádicos en medios de mayor alcance nacional. En los suplementos culturales nacionales casi no salen reseñas de libros como ocurren en otros mercados como España, Francia o Estados Unidos”, dice Rey. Ese déficit crítico contrasta con el fervor de los lectores de historietas en festivales, jornadas y ferias. En el país de Quino, Roberto Fontanarrosa y Sergio Langer, las categorías de historieta y novela gráfica suelen estar ausentes de premios nacionales, provinciales y municipales.

Ezequiel García, historietista e integrante de Un Faulduo, señala que en la Argentina no ha terminado de instalarse el “web cómic”. “Puede ser un formato digital interesante para explorar y explotar, como ocurre en otros países”, dice el autor de Creciendo en público. Un Faulduo viajará en 2020 a Suiza, para participar del Festival Internacional de Cómic Fumetto, que se realiza en Lucerna.

Para unos y otros, un objetivo claro para ampliar el público es consolidar un lugar en las librerías y seguir promoviendo la lectura para distintas edades. “Hay muchísimas opciones para un público adulto y un puñado para niñes, pero hay poco material para adolescentes. Ese es un punto que hay que robustecer, porque muchos jóvenes y adolescentes que mantienen el gusto por la lectura quizás van por el lado del manga japonés o la historieta norteamericana de superhéroes y no se vuelcan masivamente a la historieta nacional”, comenta Kahn.

El circuito porteño de librerías especializadas en cómics y novelas gráficas es bien conocido por los lectores. Entre otras, se destacan comiquerías como Espacio Moebius, Punc, Crumb, Fábrica de Historietas; librerías independientes como Hernández, Musaraña, Brezal, Arcadia y Eterna Cadencia, e incluso en vidrieras de sucursales de cadenas de librerías como Yenny y Cúspide se pueden ver tentadores libros de historietas.

Un revólver apunta en el mercado de revistas. Hoy, una revista es una rareza en el contexto actual de la historieta argentina. No obstante, durante muchos años las revistas causaron furor en la Argentina y se convirtieron no solo en un repertorio de mundos ficcionales, delirantes o cómicos para los lectores sino también en un semillero de artistas. Por ese motivo, el surgimiento de la revista Historieta Revólver tiene a su favor el hecho que entronca en una tradición fuerte (pese a un contexto donde las condiciones no son muy propicias). Las cuatro revistas publicadas desde abril hasta hoy forman lo que los editores  llaman el “Tomo I”, donde todas las historias incluidas en esos números, sean unitarias o seriales, concluyen en el número cuatro. El primer tomo de la colección tiene 384 páginas y acerca el trabajo de 24 artistas.

“El cuidado de la edición y la oportunidad de publicar en su propio país han hecho surgir en muchos autores el deseo de ser parte de la revista –dice Paula Varela, que codirige la publicación con Néstor Barron, escritor y reconocido guionista de historieta–. En los próximos cuatro números que saldrán de septiembre a diciembre, participan tanto artistas de renombre mundial como Eduardo Risso, Domingo Mandrafina, el recordado Carlos Trillo, Robin Wood, Quique Alcatena, como otros más jóvenes, entre ellos Manuela Mauregui, Sergio Carrera, Carina Altonaga, Aleta Vidal, Pablo Barbieri”.

Ambos editores imaginan Historieta Revólver como una nueva usina de talentos y un espacio de experimentación. “La periodicidad permite un contacto fluido y una respuesta casi inmediata de los lectores –agrega Varela–. La gente quizá pasa por un kiosco, ve la revista y se la lleva a su casa, donde también la lee el resto de la familia o amigos. Es un fenómeno que durante muchos años tuvo esplendor en Argentina y que, por qué no, puede volver”.  Vuelve la historieta con todo. Pero, acaso, ¿alguna vez se había retirado de la escena cultural argentina?

 

Fanzines

Alejandro Schmied

Los fanzines tienen una enorme potencia performativa. Entrañan, como toda microedición, edición micropolítica, la desmesurada pregunta por la radicalidad -o bluff– del concepto “autogestión”, que lo mismo puede significar una

transformación en los modos de hacer de aquellxs interesados en resolver los asuntos que les atañen (o sea, una pregunta por la relación de las pequeñas comunidades con el Estado, con las instituciones públicas, con el capital financiero, con las organizaciones políticas), o lo mismo puede ser un significante vacío, que la lengua neoliberal rellene como emprendedurismo o autoexplotación. La noción de autor(a), los modos de circulación, las prácticas de pares, las redes (y espacios) de sociabilidad, la distancia con los medios de producción, hasta la idea de reproductibilidad y la emergencias de otras estéticas, todo está en el juego libre del zine (ya no “fan”, como dice Daniela Arias). Los modos de nombrar lo que representaba hasta hace unos años “la historieta argentina” cambiaron. Hoy le pequeña edición no es ni vanguardia, ni semillero de nada. Se justifica en sí misma por su capacidad de interpelar, su poder de circulación (que no se mide en ejemplares, sino en nuevas formas de relacionarnos con la capacidad de expresarnos), y por su potencia festiva, puesta en movimiento del deseo. El Libro de fanzines procura rastrear cómo históricamente hemos dado forma material a esos deseos, para hacerlos accesibles y pensarlos en relación con las prácticas de nuestro tiempo.

*Editor del sello Tren en Movimiento, que publicó Libro de fanzines y la novela gráfica Marilyn, de Alejandro Farías y Daniela Kantor.

 

Un presente colorido y potente

Gustavo Sala

Al presente de la historieta argentina lo veo colorido, diverso, político, potente, feminista y sano, pero pobre. Pobre en el sentido de que sigue siendo difícil vivir de la historieta (con “vivir” me refiero a comer, cargar la SUBE, pagar el alquiler). Hoy convive una gran explosión de ilustraciones, viñetas y tiras en las redes sociales (Instagram, sobre todo, es un medio ideal para difundir cosas visuales) con un nivel grotesco de talento y variedad. Y en los últimos años hubo una vuelta a la escena del fanzine, la autoedición y la aparición de muchos festivales independientes donde se puede encontrar de todo. Hoy coexiste lo digital y el papel, pero lo que sucede (no en todos los casos, pero sí en muchos) es que un o una historietista con 50 mil seguidores en las redes sociales después vende solo 50 copias de su libro autoeditado. Supongo que mucha gente cubrirá su deseo de ver tiras y dibujos pasando el dedito por el celular mientras viaja en subte y ya no necesita comprarse el libro en papel. De todas maneras, más allá del comentario de viejo quejoso creo que el momento actual es buenísimo y con una libertad creativa y estética espectacular.

*Dibujante y guionista, creador de Bife angosto, Hijitos de puta y Lo que no importa está acá. Junto con el escritor uruguayo Ignacio Alcuri hace el podcast Sonido bragueta.


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