martes 07 de febrero de 2023
CULTURA Entrevista

“Trajiste contigo el viento”: nacida de los efectos del clonazepam, una novela que narra la violencia en tono bíblico

Es la segunda obra de la ecuatoriana Natalia García Freire cuya primera novela fue nombrada por The New York Times como uno de los mejores libros en español de 2019. La escritora y periodista cuenta el proceso de su escritura.

14-12-2022 17:27

En medio de la ansiedad, el pánico y el insomnio a Natalia García Freire le recetaron un medicamento. El efecto no impidió que siguieran adelante las pesadillas y las voces que le contaban los misterios de Ecuador le empezaron a pedir que contara la historia. El nombre del medicamento también se metió en ese relato y se transformó en el territorio donde se desarrolla Trajiste contigo el viento: Cocuán.

Natalia García Freire es una periodista y escritora de Ecuador y este año publicó su segunda novela. La primera, Nuestra piel muerta, fue elegida por el New York Times como una de las mejores, escritas en español, del 2019. Trajiste contigo el viento es la primera editada en Argentina y “fue escrita en medio de un estado de ánimo eufórico”, señaló su autora a PERFIL. “El libro está muy pegado al tema pesadillas, pero también las otras investigaciones personales sobre la locura, sobre el lenguaje, esta inquietud de cómo el lenguaje puede ser un camino de ida y vuelta a la locura”, reveló.

Se trata de una novela coral donde los protagonistas de ese pueblo, a punto de borrarse salvajemente, evocan sus testimonios. Es un pequeño grupo cruzado por las religiones primitivas, europeas, el abandono en el medio de la nada en el que la violencia crece como las moscas. El mito originario del relato es una niña que queda huérfana a la que el grupo le hace un daño que volverá como maldición sombría sobre cada uno de los habitantes.

Estas historias que reconstruyen la memoria de Cocuán podrían compararse como una especie de Alicia en el país de las maravillas tétrico, en el que los pobladores van siguiendo sus “conejos” con ansias de exterminio, liderados por un cura que pierde la cabeza, con textura apocalíptica, rodeada de niños y perros a la deriva. Como testigos: los animales salvajes a los que no llegó La Palabra.

Entre los epígrafes que elige para abrir el relato, García Freire escoge a Twin Peaks, la serie de David Lynch y la Biblia. Allí hay una clave. La autora vive en Cuenca, en Los Andes ecuatorianos, “entre la montaña que es una belleza y un castigo”, dice ella. “Vivir rodeada de montañas tan altas, con un cielo tan pequeño, en un lugar que en parte aprisiona, me ha hecho muy frágil”.

Natalia García Freire

Es que el artista es de su geografía, y Natalia García Freire lo pone en primer plano, ese entorno que rodea, encierra, protege de lo que hay más allá, que no se ve. En busca de ese terror va Trajiste contigo el viento.

“La pampa no tiene montañas, no tiene accidentes. Un hombre a caballo domina todo el paisaje. Por eso el habitante de la pampa es menos supersticioso que el indio del norte. Porque él ve salir y ponerse el sol. Ve salir y meterse la Luna. Va galopando en los grandes espacios planos. No tiene misterios, no tiene miedos. Alguna luz mala, puede ser, pero un hombre a caballo domina el paisaje.  En cambio, en la montaña, la primera piedra le cortó los horizontes”, decía Atahualpa Yupanqui en 1980 a Pipo Lernoud para la revista Expreso Imaginario. De ahí la música que se creaba: “Por eso el paisano usa décimas largas en su poesía. Porque tiene pampa para rato. Por eso los estilos de la pampa son largos (…) el otro está abrumado, apresado por el paisaje, y así es su canto, el coya, para poder respirar y sentirse algo, tiene que mirar para arriba. Por eso canta la baguala bien alta”.

¿Cómo surgió esa escritura? ¿Cuándo decidió que iba a ser algo publicable, cómo fue ese camino?
No tenía muy claro si era algo publicable, hasta el final, cuando lo terminé todavía tenía mis dudas, porque yo estaba muy enamorada de la historia, pero también me parecía como un delirio, que para mí tenía sentido. También estaba el tema de que después de una primera novela como que la gente quizá a veces espera algo de la segunda y para mí el proceso de escritura fue muy igual que Nuestra piel muerta, como muy orgánico, no muy pensado entonces hasta el final no sabía bien, si iba a ser algo publicable, pero estaba muy segura y muy deseosa de querer encontrar la forma de la novela para terminar la historia y decir "ya esto es todo lo que puede ser".

Cuando la terminé la guardé un rato y luego se la mandé a mi editora de España y recuerdo que se rieron mucho mis editores porque les puse "bueno, estos son delirios, no sé si lo quieran publicar, pero igual quiero saber su opinión". Porque en general el proceso de escritura fue muy así muy como muy delirante, muy pegado al tema pesadillas, pero también las otras investigaciones personales sobre la locura, sobre el lenguaje, esta inquietud de cómo el lenguaje puede ser un camino de ida y vuelta a la locura. Preguntas personales que estuvieron desde el inicio y que al final terminaron convertidas en un pueblo y en muchos personajes, en muchas las voces, en mucha ficción y yo creo que es la única forma que he encontrado por ahora de escribir también: ir creando imágenes para responderme inquietudes, a veces infantiles, cosas que uno no sabía cómo responder creo que por ahora la he ido respondiendo, pues con eso, con imágenes y voces.

Trajiste contigo el viento es un poco la historia de Alicia, pero tétrica, porque este grupo de gente que va en busca de esos personajes que se alejaron y van encontrando cosas terroríficas en el camino...

Claro, porque está la idea del agujero negro del bosque. A mí me interesa Alicia porque es un lugar lleno de reglas, porque es una forma hermosa de crear un espacio imaginario, para mí Cocuán y, sobre todo, el bosque al que van los personajes es un lugar de reglas y de límites. Al escribirlo para mí era un poco así, cuando los personajes pasen el bosque primigenio, va a pasar algo, si los personajes logran pasar la montaña, van a ver algo. Si Víctor, por ejemplo, encuentra el caballo blanco va a llegar con el caballo hasta el final, como que el caballo le va a mostrar el camino. Son un montón de reglas infantiles, que para mí son la única forma de relacionarte con el espacio, que de niños lo hacemos mucho

Natalia García Freire

Ecuador, la literatura y el cruce de religiones

El libro está muy cruzado por religiones, tanto la católica como creencias originarias ¿cómo es Ecuador en ese sentido?
Como para darte pistas, nuestro presidente que es de la costa, es un ex banquero, directamente es un señor del Opus Dei o sea que aquí la religión todavía tiene un peso muy fuerte en la costa y en la sierra, en el oriente no porque no ha llegado tanto, justamente porque hay una resistencia de los pueblos indígenas que mantienen sus su cosmovisión, su idioma porque fue muy difícil para la colonia llegar a la selva. En la estructura misma de las ciudades está mucho todavía el poder de la Iglesia, yo vivo en la sierra, en la cordillera y aquí hay muchos sincretismo, o sea, aquí, por ejemplo, en la costa hay una presencia muy fuerte de Opus Dei por ejemplo y que coincide con un tema económico, hay mucha gente con mucho dinero, familias muy conservadoras, muy religiosas. Yo me eduqué, en un colegio de monjas, como del siglo pasado, solo de niñas muy muy católico, con misa todos los lunes y oración del Angelus todos los días a las 12, pero, por ejemplo, en el tema medicinal, yo acudía más como a un tipo de curandera, cuando estaba enferma y no usaba de niña medicinas, porque todo era con remedios muy naturales, que eso nos viene de lo indígena. Y eso se ha quedado y esto es muy bonito de alguna forma. 

Pero tenemos un vacío en este sentido, porque lo católico sí es muy fuerte y también es muy impositivo. Hay una religión desde el castigo, desde un Dios que te observa todo el tiempo, en la sierra, un Dios que sobre todo castiga mucho a las mujeres, el tema de ser casta y pura, eso todavía aquí se da mucho.

En relación a las mujeres le iba a consultar si en Ecuador también hay un redescubrimiento de escritoras que quedaron olvidadas o silenciadas.

En Ecuador pasa muchísimo, porque Ecuador siempre ha sido este país pequeñito entre Colombia y Perú, y hemos tenido esta idea de que no estuvimos en el boom. Siempre hemos pensado que Argentina y México son unas mega potencias literarias, nosotros siempre hemos consumido productos argentinos y mexicanos, y cuando fue el boom, pues no hubo nadie de Ecuador ahí tampoco, aunque también fue una construcción ahí un poco forzada. Pero incluso hay una broma que se hacían José Donoso y Carlos Fuentes que se inventaron un escritor ecuatoriano que se llamaba Marcelo Chiriboga y Carlos decía que todo lo que él aprendió lo aprendió de Marcelo Chiriboga y tienen ahí unas cartas apócrifas y de hecho aquí hubo un punto falso documental sobre este escritor que no existe que es nuestro escritor del boom.

Entonces no teníamos supuestamente esta presencia y, además, en Ecuador siempre han existido voces femeninas también muy potentes que ahora mismo están siendo recuperadas y se habla mucho de ellas porque autoras como María Fernanda Ampuero o Mónica Ojeda, por ejemplo, llevan años de trayectoria y de un reconocimiento internacional muy fuerte, que ha hecho que ya la gente se pregunte bueno, ¿qué más hay?.

Yo creo que hay una fuerza femenina muy fuerte en la literatura y no solo femenina, sino una fuerza que viene de los márgenes, de todo lo que no sea no sea considerado, y que, justamente si estás tanto tiempo en el margen, sin que nadie te escuche, yo creo que esa voz también se hace más fuerte.

Fragmento de Trajiste contigo el Viento (Tusquets 2022)

Cuando se dejó ver, el caballo tenía una cola larga y negra y cuando te acercaste más le palmeaste el cuello y le viste los ojos negros en medio del pelaje blanco, que parecía encender el bosque. Desde donde estabas, ya se veía la selva y esa aparición te hacía palpitar las sienes y el sexo, y no sabías por qué.

Te concentraste en el caballo. Jamás habías estado tan cera de un caballo, te parecía que en comparación a él cualquier hombre estaba lleno de malas intenciones. Trataste de montarlo, pero eras torpe y te caíste de culo con los pies descalzos al aire, cubiertos de hierba mojada que el caballo lamió de buena gana. Recordaste que traías panela y le extendiste la mano con algunos pedazos que comió enseguida con los dientes flojos y te miró con esos ojos negros y no supiste por qué te dieron ganas de aullar, bailar y cantar. Y tan pronto como lo hiciste también sentiste fiebre y quisiste desnudarte y solo entonces, con la piel fría, llena de noche, pudiste montarlo apoyando la mano en la superficie rala de la piedra”.
 

Natalia García Freire