Un árbitro de fútbol que acaba de dirigir un partido sale custodiado por la Policía mientras una multitud intenta lincharlo. Esa fue una de las primeras imágenes que apareció en la cabeza de Nicolás Gueilburt, aunque todavía no sabía quién era ese hombre ni qué había hecho para terminar allí. Con el tiempo descubrió que el protagonista había combatido en la Guerra de Malvinas y arrastraba heridas mucho más profundas que una mala noche en una cancha.
Así nació Un soldado siempre está solo, publicada por Penguin Random House, la primera novela del guionista de películas como El Bonaerense y Los paranoicos y documentales como Los Ladrones: La verdadera historia del robo del siglo. El libro combina el thriller, el fútbol y la poesía para contar la historia de un excombatiente y réferi que, tras ser suspendido por un episodio insólito, acepta dirigir una final regional que terminará convirtiéndose en una pesadilla.
"La novela nació de una imagen que después ni siquiera quedó escrita", contó Gueilburt a PERFIL. "Era un personaje encerrado en un vestuario mientras afuera golpeaban las puertas y lo insultaban. Después entendí que era más potente empezar desde otro lado, con él subido a un patrullero. Podía ser un delincuente o no, no se sabe qué hizo. Esa incertidumbre terminó llevando la historia hacia el policial".
Aunque el crimen y el mundo del hampa ocupan un lugar central, el autor asegura que nunca se propuso escribir un relato con las características de una novela negra. "No fue algo premeditado. La historia fue encontrando ese camino sola, escribí mucho desde el ritmo, la melodía que me iba sonando, y apareció mientras buscaba esa música de la escritura".
El cruce entre Malvinas y el fútbol
Ciro Burgos, el protagonista de la novela, reúne dos universos profundamente argentinos: el fútbol y Malvinas. Sin embargo, Gueilburt explica que la unión entre ambos fue surgiendo casi por azar.
Por un lado, escuchó la noticia de un árbitro al que una cámara lo había "atrapado" cantando la canción de una hinchada. "Me pareció muy particular que alguien cuya función consiste en no mostrar emociones y que, sin querer, deja escapar una pasión que tenía reprimida", recordó.

La otra pieza apareció mientras investigaba para hacer un proyecto cinematográfico que nunca llegó a filmarse. Allí descubrió testimonios de excombatientes que, al regresar de las islas tras la guerra con Inglaterra, fueron llevados a Campo de Mayo para ser alimentados y así no mostrar que sufrían desnutrición. También se los hizo firmar documentos, mediante los cuales se comprometían a no contar lo que habían vivido.
"Me pareció algo atroz. Personas que habían atravesado una guerra y encima tenían prohibido hablar de eso. Ahí entendí que ese árbitro también tenía algo enorme reprimido". Las dos ideas se terminaron uniendo, aunque el escritor aclara que la novela no habla exclusivamente sobre Malvinas ni sobre el fútbol, sino sobre la represión entendida en un sentido mucho más amplio.
"Hay un personaje tremendamente reprimido por distintas instituciones", expresa acerca de Burgos. En ese sentido, agrega: "Primero el Ejército, después la Asociación de Árbitros. Toda su vida tuvo que obedecer reglamentos, tragarse lo que sentía. Cuando se le escapa ese canto aparece una grieta, esa vocecita de pasión crece y todo empieza a resquebrajarse".
Al igual que el personaje de "El Zapa" en El Bonaerense, aquel cerrajero que tras quedar envuelto en un robo debe marcharse al Gran Buenos Aires para hacer una nueva vida como policía, Burgos se ve a obligado a enfrentar una especie de destierro, cuando por la suspensión por el incidente lo convocan a dirigir la definición de una liga regional en Santa Fe.

Además, los distintos sucesos que van teniendo lugar en la historia van llevando al árbitro a atravesar sus miedos como Luciano Gauna de Los Paranoicos, interpretado por Daniel Hendler, dos hombres contenidos y reprimidos, pero por razones diferentes. Casualmente, comentó Gueilburt, el reconocido actor uruguayo fue el elegido para grabar el audiolibro de Un soldado siempre está solo.
Poesía, recuerdos y filosofía
"La novela la escribí casi como si fuera hacer un dibujo con la técnica de collage", manifestó Gueilburt al pensar en su proceso creativo. "Está armada con recuerdos, con poesía, filosofía, música, diarios personales, anécdotas e invenciones. Fui juntando todas esas piezas hasta que apareció algo nuevo".
Esa búsqueda también se refleja en la estructura. Mientras el presente sigue la investigación policial y las amenazas que rodean a Burgos, otro plano reconstruye el diario que el protagonista escribió durante su recuperación tras su regreso de Malvinas. El libro también suma poemas de Mario Trejo, a quien Gueilburt conoció personalmente cuando trabajó como editor de una colección de poesía.
"Era un poeta increíble, yo era muy joven y él una persona muy particular", recuerda sobre el también dramaturgo y periodista rosarino, cuyo apellido inspiró al del mejor amigo de Burgos en el libro. "Él era un poco como el personaje de la novela, un tipo que iba al frente, un intempestivo", señala.
Asimismo, reconoce influencias tan diversas como la poesía de Trejo y Jorge Teillier hasta el Tao Te Ching, y la obra de Richard Ford y Roberto Bolaño. "Todo eso se fue metiendo por ahí y así hice Un soldado siempre está solo". En referencia al título, desde un punto de vista existencial, expresó: "Hay una idea de lucha, de que uno siempre está solo porque debe imponerse ante los miedos, los desafíos; aunque Burgos pelea acompañado en la historia, está solo ante las instituciones, ante la autoridad".
FP/ML