CULTURA
Arte sobre la arena

Una mujer engañó al banco con un Rolex y creó su balneario, casi 50 años después su nieta gestó el primer festival de arte en Pinamar

Marcia Ares se escapó de su marido con su hijo y una idea: armar su propio balneario. Con su potencia lo logró y en 1978 nació Posta Norte. Este 2026, su nieta, Mora Ludueña, homenajea ese legado con la creación de un espacio que busca ser puntapié de una comunidad de artistas a la orilla del mar.

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Posta Norte Art | Prensa

La sangre tira, y fuerte. Mora Ludueña se encontraba a más de 15 mil kilómetros de la tierra en la que su abuela Marcia Ares había creado en 1978 su balneario, el mismo en el que seguían trabajando su padre, José María Ludueña y su hermano más chico, Félix. Una decepción en Bali, Indonesia, y una epifanía, la trajeron de regreso a Pinamar con la convicción de recoger todo lo aprendido -la pintura, la arquitectura, su don de servicio gestado en el trabajo de años sobre la arena-. Así nació Posta Norte Art, un festival de arte contemporáneo a orillas del mar.

En enero comenzó esta primera edición del festival que transforma la playa de Pinamar en una galería y laboratorio creativo. En la arena del balneario se exponen obras de artistas convocados y seleccionados por Mora con episodios que cambian en cada luna nueva y luna llena. Así, frente al mar, conviven las réplicas de las obras escogidas, impresas en lonas con protección UV, cuadros de Mora Ludueña, las carpas y sombrillas de los clientes del balneario, el inflable para los niños y las clases de aerobics. El arte está allí para quien quiera ver.

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Posta Norte Art, tercer capítulo (Fotografía: Milagros Ayul)

Durante enero y febrero, el festival reúne a artistas consagrados y emergentes en tres ciclos de exhibiciones al aire libre y fue declarado de interés cultural municipal. Expusieron Analía Ricci, Emilia Hendreich, Fátima Pecci Carou, Francisco Ratti, Catalina White, Natalia Resmini, Joa Joys, Josefina Claver, Marina Masciottra, Dana Ramirez, Juan Dice, Ale Moreyra, Juan Ignacio Cabruja, Guillespress, Alejandro Chaskielberg, Nacho Marciano, Oliver Clegg, Patronaria, Facundo Belén, Casian Flores Piran, Enzo Luciano, Pamilo Ceirone, Yuyu Puleston, Dante Zaballa, Sofi Benetti, Silvina Sicoli, Luciana Rondolini, Sandra Guascone, Fernando Cismas, Andrea Sistarelli, Lana Braconi y Karina Godnic.

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Con esta iniciativa Mora parece responder a un destino prefijado después de correr durante años, muchos, de un lugar a otro. Pasó de California a Bali, entre muchas otras estaciones. La muerte de su madre cuando ella tenía 19 -hoy tiene treintialgo- fue como un disparo de largada y empezó a buscar fuera de si misma y de su territorio un lugar para vivir. “Cando murió mi máma se fue esa figura orientadora y yo ya no sabía más dónde estaba parada. Así fue que perdí la noción del tiempo”, recordó Mora en diálogo con Perfil.

El año pasado fue atraída de nuevo a su tierra, esta vez para echar raíz. Y descubrió que de lo que se había alejado era de lo que realmente le importaba: su territorio, el arte y la familia. Así volvió tras sus pisadas, a la historia de sangre y mujeres bellas y fuertes.

La astucia de una mujer que armó su vía de escape con un Rolex

Marcia Ares trabajaba junto a su marido en el balneario de él. Tenían un hijo. No estaban bien las cosas. Marcia aguantó hasta que el niño pudiera ayudar en el trabajo. Juntó sus ahorros y digitó un plan.

Con los años de trabajo en la playa pinamarense Marcia había hecho buenos contactos, uno de ellos, un abogado fue quien le consiguió un Rolex a cambio de los únicos 400 dólares que la mujer había ahorrado. Cuando tuvo el lujoso accesorio, se lo puso, se arregló, arremangó su camisa para que el ostentoso objeto quedara a la vista y entro al banco a pedir un préstamo. Lo consiguió a pesar de que su patrimonio era cero.

Un 31 de enero Mercedes Sosa debutaba en Cosquín con la complicidad de Jorge Cafrune

Con ese dinero participó de una subasta de un fragmento de la playa al norte de Pinamar donde todavía no había nada y consiguió comprarlo y junto a su hijo construyeron Posta Norte que hoy es un punto clásico de esa playa.

En tantos años Marcia se hizo amiga de Mercedes Sosa, gracias a Beatriz Orozco, a quien Marcia había convencido de mudarse a Pinamar. Otro de los habitués era Víctor Magariños. Entre sus aventuras también se encuentra el viaje a la bienal de escultura en Cuba junto con Beatriz y Mercedes donde se reúnen con Pablo Milanés y el padre del Che Guevara.

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Mercedes Sosa, Marcia y Pablo Milanés

Esa potencia capaz de unir una visión productiva y bohemia es la que, aunque no quisiera, heredó Mora.

Pintura, surf, arquitectura y de nuevo pintura

El primer cachetazo de Mora con el arte lo vivió de pequeña cuando participó junto a su hermano más chico de un concurso de dibujo. Ella había hecho una princesa y él un moco de colores, porque tenía una especie de sinusitis crónica. Ganó el hermano y aprendió que el arte implicaba una conexión que no tenía que ver con la corrección.

Cuando pudo comenzó a estudiar ilustración, pero abandonó. Se fue a vivir a California donde vivió dando clases de surf. Regresó y estudió la carrera de arquitectura en la Di Tella. Se graduó y se fue a Italia a conocer las grandes construcciones, pero en ese viaje terminó enamorada en Bali.

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Posta Norte Art, segundo capítulo (Fotografía: Félix Ludueña)

En esas noches distantes, quizás recordó a su abuela materna, María Amelia Sagarduy, que había sido novia de Fermín Eguía y danzaba bajo la luna bohemia de la noche pinamarense y la llamaba. O veía a Marcia tirando abajo el balneario y construyéndolo de nuevo cuando un gobierno le quiso quitar la titularidad del terreno. Hasta que despertó y decidió regresar.

En Argentina se encerró a pintar, expuso en la sala municipal, en el balneario y en alguna de esas tardes la artista Silvina Sicoli le alumbró una necesidad: “Lo que falta es una comunidad de artistas”.

Esa luz se convirtió en cegadora y comenzó a tomar forma la idea del festival de arte, donde artistas, coleccionistas, afines al arte pudieran encontrarse al son de la playa.

Nace Posta Norte Art

Mora Ludueña comenzó a planear el festival y a abrir la convocatoria, siempre compleja cuando se trata de una primera vez, pero con la certeza de que ningún artista iba a poner dinero y que todo se iba a garantizar con sponsoreo. “Primero contacté a los que tenía a mano, gente conocida empezaba a decir que sí y me empecé a envalentonar y le empecé a preguntar a gente con un poco de trayectoria y me empezaron a decir que sí también”.

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Mora Ludueña (Fotografía: Florencia Daniel)

Definió que iban a exponer once artistas por tanda y en total fueron 33. “Mirando el calendario, digo, bueno, a ver cómo organizamos estos recambios y resultó que la luna llena era el 3 de enero y que la luna nueva era el 18 y que la luna llena nuevamente iba a ser el primero de febrero, así que dije vamos con el calendario lunar”, explicó Mora.

En cada etapa aparecieron ciertos lemas ordenadores, en la primera apareció la ternura, en la segunda mucha imagen de fiesta, luces , sombras, destellos. “Como es la segunda quincena acá, que es caótica”, destacó la artista. En febrero se priorizo la temática marítima principalmente. “Mi idea es crear una ventana para que conozcan el trabajo de los artistas”, aclaró, por lo que su propuesta no incluye venta de obra como sí lo hacen las ferias.

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Posta Norte Art, primer capítulo (Fotografía: Félix Ludueña)

Con el festival en marcha varios artistas se acercaron a ver sus obras expuestas y se empezó a gestar esa ansiada comunidad, al menos en estado embrionario. Cabe destacar que Mora es la creadora, gestora y montajista de toda la propuesta, y que, con mucha humildad y entrega al mundo artístico, hospeda en su departamento a los galeristas que quieren acercarse a conocer el espacio.

“Yo viajaba mucho y a mí la gente me hospedaba en sus casas, a tal punto que yo decía, ‘che, qué onda la gente tan amable, me van a vender los órganos’, pero era el corazón de la gente; entonces, si bien tengo un departamento chiquito, poder recibir gente en un punto es como devolver todo lo que yo estos años recibí porque cuando viajaba por el mundo me alojaban y cuidaban”.

“Fue muy positiva la respuesta del público en general y sobre todo de los artistas por la visibilidad y por tener una excusa para escaparse a la playa y lo loco de poder estar viendo arte en patas sobre la arena”. Por lo pronto, el festival ya está en movimiento y esta edición es solo la primera y para Mora Ludueña fue el lugar donde pudo encontrarse a sí misma. “Uní mis pasiones: la playa y el arte… Y la familia”.

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