El ascenso de Estudiantes de La Plata a la cima del fútbol argentino comenzó con la llegada de Osvaldo Zubeldía en 1965. El entrenador impuso una metodología de trabajo basada en el orden, la preparación física exhaustiva y el estudio detallado de cada rival para ganar.
La escuela de Zubeldía rompió con el paradigma del "fútbol espectáculo" de la época para priorizar la eficacia táctica. El equipo platense perfeccionó jugadas preparadas y la ejecución del fuera de juego, herramientas que descolocaron a los clubes más tradicionales.
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En 1967, Estudiantes se convirtió en el primer equipo en romper la hegemonía de los cinco grandes al ganar el Torneo Metropolitano. Aquel triunfo ante Racing por 3 a 0 en la final confirmó que el trabajo sistemático podía vencer a los presupuestos más altos.
El tricampeonato en la Copa Libertadores y la escuela del sacrificio
La proyección internacional del Pincha alcanzó su punto máximo con la obtención de tres Copas Libertadores consecutivas entre 1968 y 1970. El plantel, liderado por Carlos Bilardo y Juan Ramón Verón, aplicó una disciplina férrea que se volvió sello distintivo del club.

En la final de 1968, el conjunto platense venció al Palmeiras de Brasil en un tercer partido disputado en Montevideo. Los goles de Felipe Ribaudo y la "Bruja" Verón sellaron el primer título continental, marcando el inicio de una era de dominio absoluto en la región.
El punto de inflexión histórica ocurrió en octubre de 1968, cuando Estudiantes enfrentó al Manchester United por la Copa Intercontinental. Tras ganar 1 a 0 en Buenos Aires, el equipo resistió en Old Trafford, logrando un empate que le otorgó el título de campeón mundial.
Como señaló el periodista Osvaldo Ardizzone en la revista El Gráfico (1968), aquel equipo platense representaba "la organización contra la improvisación". La victoria en Inglaterra demostró que el fútbol argentino podía competir bajo estándares de profesionalismo extremo.
La segunda Libertadores llegó en 1969 tras derrotar a Nacional de Uruguay en ambas finales. El estilo de Zubeldía ya era objeto de intensos debates en la prensa deportiva, dividida entre quienes admiraban su eficacia y quienes criticaban su excesivo rigor táctico.
El tricampeonato se completó en 1970 al vencer a Peñarol de Montevideo, consolidando una mística que perdura hasta la actualidad. Aquel equipo basaba su éxito en el relevo constante de posiciones y una presión asfixiante sobre el poseedor del balón en el medio.
La influencia de esta etapa fue tan profunda que sentó las bases de una corriente futbolística propia en Argentina. Zubeldía no solo buscaba ganar, sino que controlaba variables externas como el estado del césped, el clima y las características psicológicas del árbitro.
En su libro "Táctica y Estrategia del Fútbol" (1965), el propio Osvaldo Zubeldía detalló la importancia de la repetición de movimientos en los entrenamientos. Para el técnico, el talento individual debía estar estrictamente supeditado al funcionamiento colectivo del grupo.

El retiro de las canchas de aquel plantel dio paso a una generación de entrenadores que continuaron el legado. Carlos Salvador Bilardo fue el máximo exponente de esta escuela, llevando los principios de Zubeldía hasta la Selección Argentina en el Mundial de 1986.
La herencia del ciclo 1965-1970 se manifiesta hoy en la identidad institucional de Estudiantes de La Plata. El club mantiene el respeto por la preparación meticulosa, el valor del esfuerzo compartido y la convicción de que el estudio del juego es clave para el éxito.
La rigurosidad táctica no solo trajo trofeos a las vitrinas, sino que transformó la forma de entender el deporte en el país. El laboratorio de City Bell se convirtió en una referencia ineludible para entender la evolución de los sistemas defensivos en el siglo XX.
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Los historiadores coinciden en que Estudiantes democratizó el éxito en el fútbol argentino mediante la planificación. Lo que muchos llamaron "antifútbol" fue, en realidad, una modernización necesaria de los métodos de entrenamiento y la lectura estratégica de los partidos.
El ciclo de Zubeldía finalizó con un saldo de títulos inigualable para una institución de su presupuesto original. El legado incluye una Intercontinental, tres Libertadores, un Metropolitano y una Interamericana, hitos que colocan al club entre los más ganadores de la historia grande del fútbol argentino.