ECONOMIA
PARA LAS MUJERES LA CARGA ES MAYOR

Adolescentes que cuidan: siete de cada diez realizan tareas intensivas

Estas actividades incluyen desde el cuidado de un familiar, preparar la comida o encargarse de hermanos menores. El reparto no es igual entre hombres y mujeres, y tampoco entre jóvenes de hogares de bajos o altos ingresos. El impacto sobre el rendimiento educativo y sobre la pobreza es directo.

291125_madre_hijo_cuidado_hogar_shutterstock_g
Diferencias. El reparto no es igual entre hombres y mujeres. | shutterstock

En la Argentina siete de cada diez adolescentes de entre 15 y 17 años realizan tareas domésticas y de cuidado intensivas. Es algo que sucede, subrayan desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), “cuando las y los adultos no pueden o no están (normalmente porque se encuentran trabajando para poder llegar a fin de mes)”.

“Si consideramos solo el cuidado de personas (como hermanos o abuelos), dedican en promedio 3 horas y 30 minutos por día, y las adolescentes mujeres destinan un 44% más de tiempo que los varones”. Además, agregan, “el 10% de las adolescentes de 16 y 17 años cuida más de 5 horas diarias”.

Esas responsabilidades, generalmente invisibilizadas, tienen un impacto directo en el rendimiento escolar, el descanso y, en definitiva, en sus oportunidades a futuro, concluyen.

En un relevamiento anterior, que la organización realizó en conjunto con Unicef, analizaron la situación de las infancias que cuidan: un fenómeno que, advierten, se encuentra fuera de la agenda académica y política. En países como Colombia y México –que sí tienen registros–, citan, las niñas y adolescentes de entre 12 y 18 años “son las segundas cuidadoras del hogar, por delante de los propios padres”.

“En esta misma sintonía, para Argentina, los procesamientos propios de Unicef sobre la Encuesta del Uso del Tiempo, realizada por el Indec en 2021, muestran que, para el grupo etario de 16 y 17 años, las mujeres que cuidan dedican 5.18 horas por día a los cuidados, mientras que los varones dedican 3.29 horas”. La división del trabajo por género se da desde edades tempranas: las adolescentes asumen mucho antes el rol de cuidadoras, “reforzando estereotipos tradicionales que asocian el cuidado y las tareas domésticas a lo femenino”.

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA también registró esta realidad: el 6,1% de los niños de entre 5 y 17 años realiza tareas domésticas intensivas, entendidas como “atender la casa (limpiar, lavar, planchar, hacer la comida, cuidar hermanos y hacer compras, mandados, juntar agua, buscar leña)”. En los sectores de bajos recursos económicos la proporción es mayor: el 10,5% de los niños, niñas y adolescentes realizan estas tareas. Para los y las adolescentes este porcentaje asciende al 12,1%.

El análisis de ELA agrega también que, si bien las y los adolescentes entrevistados concurren a instituciones educativas, “se reconoce que la realización de tareas de cuidado tiene o puede tener implicancias en la gestión de tiempo de estudio, particularmente entre adolescentes de sectores populares”. Por otro lado, indican que la proporción de adolescentes que realizan diversas tareas de trabajo no remunerado “presenta fuertes diferencias entre las mujeres y los varones: mientras que entre las primeras la proporción asciende al 78%, entre los segundos corresponde a un 54%”.

La necesidad de los padres o adultos responsables de trabajar cada vez más horas fuera de la casa tiene diferentes aristas: “La presencia de niñas, niños y adolescentes en el hogar supone la necesidad de mayores ingresos para satisfacer sus necesidades, pero, a la vez, restringe el tiempo que las personas adultas pueden destinar al trabajo remunerado, lo que obstaculiza el acceso a empleos de calidad y de jornada completa, especialmente a las mujeres madres. Menos mujeres en el mercado laboral significa menos ingresos en los hogares y, por ende, más pobreza entre niñas, niños y adolescentes”. A su vez, si se logra cubrir la cantidad de horas necesarias para solventar los gastos, es más probable que los hermanos o hermanas mayores se dediquen a las tareas de cuidado.

La principal solución, expone en otros documentos de estudio Unicef, sería contar con espacios públicos de cuidado, algo en lo que insisten también otras organizaciones internacionales. Mientras no existan políticas destinadas a cubrir esa necesidad las diferencias socioeconómicas se acentúan: los hogares donde las mujeres tienen mejores ingresos pueden pagar por estos servicios, lo que les garantiza un mejor acceso a puestos de empleo calificados. En los hogares de menores ingresos las mujeres se ven obligadas a resignar horas de trabajo o el trabajo mismo, lo que refuerza su condición de pobreza y la perpetúa.