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ECONOMIA / Dólar
sábado 9 noviembre, 2019

Cepo, ¿hasta cuándo? 

Es el tema económico más comentado durante las últimas semanas y la insistencia sobre cuánto tiempo durará amerita algunas consideraciones.

Leonardo Anzalone

El blue cayó 9,5%, mientras que el MEP marcó una baja del 6,75%. La tasa de interés se ubicó en 68,003% y el riesgo país subió a 2.221 puntos básicos. Foto: Cedoc Perfil
sábado 9 noviembre, 2019

Es, sin dudas, el tema económico más comentado durante las últimas semanas. Las elucubraciones en torno a la restricción implementada son muchas, pero la insistencia sobre cuánto tiempo durará amerita algunas consideraciones.

En septiembre del 2018 advertimos la necesidad de imponer algún tipo de restricción cambiaria, y le digo así para evitar la connotación negativa que tiene el “cepo”. Sucede que la fuga de capitales o la “formación de activos externos”, para respetar la academia, no es algo nuevo, pero sí una realidad que tomó una vigorosa potencia durante todo el gobierno de Mauricio Macri, aún más en los últimos dos años.

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Durante el actual gobierno, la formación de activos externos sumo U$S 9.951 millones en el año 2016, U$S 22.148 millones en 2017, en el 2018 U$S 27.230 millones y durante este 2019 U$S 24.773 millones. En total, la formación de activos externos sumó u$s 84.102 millones, unos u$s1.828 millones mensuales.

A pesar de este panorama, la ceguera ideológica del macrismo esperaba que la brutal sangría de dólares del Banco Central se detuviera con la mágica “alegría”, la misma en la que se sustentó muchas de sus iniciativas políticas.

Ni la alegría ni un mini cepo consiguieron evitar que se fueran casi U$S 23.000 millones desde las PASO, la pérdida de reservas más grande de nuestra historia. Así llegamos a la actualidad, solo U$S 200 para atesoramiento y un mercado mucho menos volátil.

Creo que el diagnóstico cae de maduro. Más allá de los elaborados dogmatismos, la falta de dólares es el mayor problema económico de nuestra historia, para más adelante quedará establecer el porqué de esta situación, pero la realidad es innegable. Entonces, cada vez que faltan dólares suceden dos cosas, alguien se los lleva y por el otro, sube el tipo de cambio, suben los precios y sube la pobreza. Dos caras de la misma situación.

Llegado a este punto no cuesta intuir la necesidad de que haya algún tipo de control a la salida de dólares. Más allá de la férrea oposición de algunos, cierto es que Argentina no inventó estas restricciones cambiarias, países a los que se los caracteriza como ejemplares tienen controles de este tipo.

Islandia, uno de los nórdicos, con la crisis del 2008 impuso controles que ayudaron a frenar la fuga colosal de capitales, enjuició a los responsables de la mala praxis económica y fue paciente para esperar una recuperación económica lenta pero sostenida.

Chile, que supo ser modelo, y que se caracteriza por su discurso liberal, restringe la entrada y salida de divisas de forma indiscriminada para evitar, por ejemplo, los coletazos de las últimas crisis mundiales.

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Los gigantes asiáticos son otro ejemplo. Tras la crisis que sufrieron a final de los ’90, todos los países de esa región aceptaron que las regulaciones tendían a ser apropiadas en determinadas situaciones.

Teniendo en cuenta todo lo anterior y que en Argentina los capitales entran muy fácil, pero se van con mayor rapidez todavía y ya analizamos lo que eso genera, cuesta imaginar una Argentina sin cepo.

De acá podemos concluir, además, que no solo hay que evitar la salida, si no que deberíamos pensar de que manera podemos incentivar la llegada de capitales productivos, generando estímulos para que se queden, como mínimo un año. Otra situación que se repite en muchos países y que se utiliza para bajar la volatilidad cambiaria. 

Evidente es entonces que los controles llegaron para quedarse, y está bien que así sea. El primer paso para cualquier tipo de acuerdo económico debe ser la estabilidad cambiaria, el “cepo” contribuye a eso. Sería sano que a medida que el Banco Central vaya recuperando reservas, se pueda ir soltando la restricción, y en la medida que surjan inconvenientes, por ejemplo, para determinadas importaciones necesarias para reactivar la economía, la política monetaria deber estar atenta a esa situación puntual, pero hoy, en Argentina, hay cepo para rato y es saludable que así sea.

* Analista económico. Director de la Consultora Valores.


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