19 oct 2020
ECONOMIA |Análisis
miércoles 30 septiembre, 2020

Corralito, pesificación y la procrastinación de un banquero central

Es común que varios se inquieten debido a las experiencias pasadas del corralón y pesificación de los depósitos, pero esta vez el sistema está cubierto para una corrida contra depósitos en dólares.

Guido Lorenzo*

Sin cambios. La demanda de dólar ahorro se multiplicó por ocho. Foto: cedoc

La economía argentina está ansiosa según Martín Guzmán. Esta idea acerca de la cual primero hay que tranquilizar la economía. No creo que la economía como un todo tenga sentimientos, pero sí los distintos participantes pueden experimentar incertidumbre. Principalmente esta incertidumbre se materializa en la compra de dólares por parte del sector privado. Algo que de a poco parece que será cada vez más difícil, digamos casi imposible.

Surgen entonces viejos fantasmas respecto a la posibilidad de ir hacia un corralito o a un corralón. El corralito consistió en un régimen de control de cambios, básicamente era la imposibilidad de retirar dólares en forma ilimitada del sistema. Similar a la situación actual, el público no puede convertir sus depósitos en pesos en forma ilimitada en dólares.

 

El miedo que surge es el de un corralón, es decir que no se puedan retirar los depósitos en dólares del sistema. Ese problema no debería inquietar a nadie.

 

Si el gobierno respeta los derechos de propiedad, los dólares de los depósitos están en el BCRA. De los USD 42.000 Millones de Reservas Internacionales, hay poco más de USD 12.000 M que corresponden a encajes de los USD 17.300 M que tiene depositado el sector privado en el sistema bancario. La diferencia entre uno y otro, unos USD 5.000 M están prestados a exportadores o empresas que reciben ingresos en dólares en forma neta.

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Es decir que, de cada 100 dólares que están depositados, 70 dólares los tiene el banco central, y el resto son exigibles con relativa rapidez. Es común que varios se inquieten debido a las experiencias pasadas del corralón y pesificación de los depósitos, pero esta vez el sistema está cubierto para una corrida contra depósitos en dólares. De hecho, esto se probó en los últimos años del Gobierno de Cambiemos cuando se fueron del sistema casi el 40% de los depósitos en dólares y luego volvieron a los bancos.

La preocupación entonces puede ser por ignorancia de no conocer esta realidad distinta al de experiencias pasadas o porque todo este análisis empezó con “Si el gobierno respeta los derechos de propiedad”.

Las declaraciones del Presidente respecto a que hay que ahorrar en dólares, la imposibilidad para comprar moneda extranjera y las prohibiciones del estilo que si un empleador pidió un ATP entonces no puedo atesorar divisas son señales que afectan a la credibilidad y hacen dudar.

Por poner un ejemplo, la decisión de pagar mediante ATP fue de la empresa, pero se le carga al empleado una restricción.

Desde un punto de vista más amplio, expropiar los ahorros en dólares sería un suicidio político. Un paso muy fuerte contra la propiedad privada. Pero depende del nerviosismo de cada uno respecto de lo que espera que haga el gobierno nacional.

Lo más probable es que sigan cayendo los depósitos en dólares pero el público se encuentre solo con problemas de logística. Si prima la sensatez, esos dólares como se van, terminan regresando al sistema bancario. El sistema bancario es un lugar seguro cuando se analizan opciones.

De lo que sí no habría que sorprenderse es que se intente seguir ‘aguantando’ este nivel de tipo de cambio y se realice con más restricciones. Posiblemente vayamos a un esquema donde casi nadie podrá comprar los USD 200 mensuales.

 

De los más de 4 millones de personas que lo hacían, estimamos que se reducirá a un 30% de ese valor y quizás no puedan acceder a USD 200, sino a un número inferior.

La opción que parece más razonable es la de sincerar el tipo de cambio, no hay razón para pensar que la economía mejorará la relación entre dólares y pesos en un futuro. Muchos pesos se esperan que sigan recorriendo el mercado a la vez que se financia el déficit de este año y buena parte del siguiente y pocos dólares ingresarán en el corto plazo.

Por supuesto que tiene costos económicos, sociales y políticos, pero es tratar de atacar al problema de raíz y no demorar algo que es inevitable.

De hecho, mientras más se demora, más desprolijo va a terminar siendo lograr un valor nuevo del tipo de cambio. Piense el lector qué sucedería en una devaluación antes de las últimas medidas, el valor de $130 estaba incorporado en las expectativas como un dólar muy caro.

Ahora, luego de las medidas y mientras las reservas siguen sufriendo, una devaluación podría llevar el valor por encima debido a que el precio sombra del dólar, el libre, ya se ubicó en torno a los $145. Así, quien procrastina en política cambiaria termina pagando un costo elevado.

 

*  Economista, Director Ejecutivo de LCG


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