ECONOMIA
estudio de LA UCA

El 6,5% de los hogares argentinos concurrió a un comedor comunitario en el último año

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA elaboró un informe con los resultados de una encuesta que sirve de radiografía sobre las personas que asisten a los comedores comunitarios en el país. Se concentra fuertemente en hogares con niñas y niños (el 77%). El 58% del total de las familias que reciben ayuda alimentaria tienen a una mujer como única responsable. Estos establecimientos funcionan como contenedores sociales.

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Empobrecimiento. Cada vez más familias deben solicitar asistencia para poder conseguir un plato de comida. | cedoc

El 6,5% de los hogares argentinos solicitó la asistencia de un comedor comunitario en los últimos doce meses. El porcentaje es de quienes efectivamente concurren, pero en la encuesta que realizó el Observatorio de la Deuda Social de la UCA también aparece información sobre quienes lo necesitan y no acceden: entre los hogares con inseguridad alimentaria que no acuden, más del 40% señala como razón la falta de comedores cercanos, mientras que dos de cada diez menciona que siente vergüenza de pedir ayuda.

“Tenemos un grupo de mamás solas, vecinas del comedor, que nos damos cuenta de que no salen en las fotos y tienen vergüenza de buscar. Esperan a que se vayan todos y ahí buscan su ración”, comentó a PERFIL Graciela Achabal, que dirige un comedor en la provincia de Chaco. “También tenemos gente que era del campo y vino al pueblo, más cerrada, a la que le cuesta pedir un plato de comida. Te das cuenta de que, aunque lo necesitan, no se acercan”.

Otro dato relevante de la encuesta de la UCA es que la concurrencia se concentra fuertemente en hogares con niñas y niños (el 77%) y que aquellos con una mujer como única responsable presentan niveles superiores: del 9,3%, lo que representa el 58% del total.

Es la primera vez que este número es relevado de esta manera por el Observatorio, comentó en comunicación con este medio Juan Ignacio Bonfiglio, uno de los autores del documento elaborado, según su introducción, “en un contexto signado por la persistencia y reconfiguración de la inseguridad alimentaria en amplios sectores de la población”.

“Hubo un aumento significativo de la solicitud de comensales en cada uno de sus comedores”, explicó Soledad Soler de la Red Alimendar, de Misiones, que rescata alimentos del Mercado Central y que distribuye en 21 comedores comunitarios. “No es un aumento de un mes a otro, de una semana a otra, es una consulta diaria de gente que pide sumarse a los comedores”. Desde la red de cocineras comunitarias de Posadas –que también trabajan en conjunto con Alimendar– comentan que, además de familias monoparentales también hay una mayor concurrencia de adultos mayores. “Esto tiene que ver con la situación crítica que hoy están atravesando. Están tratando de hacer magia con los recursos que reciben, de poder llegar a cumplir con cada uno de los vecinos que se acercan a pedir una ayuda”, analizó Soler. “Con esta crisis económica, tener un plato de comida en sus casas todos los días se convierte en un privilegio. Sobre todo en barrios populares, donde también hay una alta informalidad y precariedad laboral”, agregó.

El 50% de los hogares consultados por la UCA que manifestaron asistir a un comedor pertenece al estrato de ingresos más bajos y la modalidad predominante es la del retiro de viandas, explican.

A la falta de recursos básicos se suman otras necesidades. “En contextos de vulnerabilidad hay un aumento significativo, por ejemplo, de consumos problemáticos de sustancias y también de violencias: no solamente unas cuestiones de género, sino de robos, discusiones entre los vecinos y varias cosas”, describió Soler. Hay un gran desamparo, por decirlo así”, reflexionó. Pero las cocineras “son muy amorosas con cada una de las personas que se acercan a sus hogares, porque la mayoría de los comedores están en sus casas, entonces tienen una presencia en el barrio y una cercanía con cada uno de los vecinos”, agregó.

“Los niños necesitan cariño. Muchos de ellos te cuentan toda su historia, se desahogan contando sus tristezas. Algunos no se reconocen por su nombre ni saben cuántos años tienen”, explicó por su parte Achabal.

Y así como surgen distintas demandas también nuevas estrategias. Las cocineras de la red encontraron la manera de seguir adelante. “Si una no tiene movilidad, por ejemplo, en el momento de los rescates de alimentos en el Mercado Central, pagan un flete entre todas. Si hay algún comedor o algún merendero que queda cerca, le acercan la comida, porque lo que siempre promovemos es esto, que se genere una red de solidaridad”.

El estudio de la UCA también da cuenta de estos testimonios: “Los comedores comunitarios funcionan como un recurso de contención central para los hogares en situaciones más críticas de vulnerabilidad”.