Pocas veces como este último martes una contradicción se presentó de manera tan evidente:
desde el Gobierno se adelantaban los principales trazos del proyecto de ley de Presupuesto
2008 y en el Boletín Oficial se publicaban otras seis decisiones administrativas que modifican la
distribución de los créditos establecidos para 2007.
Las decisiones administrativas se suman a las decenas que se emitieron en las últimas
semanas,
coronadas con el decreto de necesidad y urgencia que amplía el presupuesto del año en curso
en 14.219 millones de pesos, un 12,6 por ciento más que lo que los diputados y senadores votaron en
2006.
Ampliación y modificaciones de distribución que llevan a preguntarse:
¿Tiene algún sentido, más allá del cumplimiento de las formalidades, dedicar tiempo y
esfuerzo a analizar aspectos de un presupuesto que será alterado por la Presidencia y la Jefatura
de Gabinete a lo largo de todo 2008? ¿Para qué detenerse a estudiar los aumentos o
disminuciones de tal o cual programa si meses después los créditos pueden duplicarse o reducirse a
la mitad, como ya ha sucedido este año?
Por otra parte, los supuestos macroeconómicos en base a los que se elabora la denominada cada
vez con menos propiedad "ley de leyes",
son deliberadamente alterados desde hace años. El ex ministro y actual candidato
presidencial Roberto Lavagna aducía razones de
"prudencia" para presentar al Parlamento una pauta de crecimiento anual del 4 por
ciento, a sabiendas de que la evolución del PBI sería
mucho mayor a ese porcentaje.
Con el paso del tiempo, quedó en claro que la subestimación de los ingresos obedecían a algo
más que a una excesiva prudencia,
por otra parte continuada por los ministros Felisa Miceli y, en esta ocasión, Miguel
Peirano. En realidad,
es la puerta de entrada a decretos de necesidad y urgencia y decisiones administrativas con
los que se podrán otorgar nuevos créditos presupuestarios sin recurrir al Parlamento. Hoy
el artificio
se amplía hasta la exageración. La advertencia sobre los alcances insospechados de
la manipulación de los datos del INDEC queda expuesta en este caso, ya que el presupuesto 2008 se
elaboró partiendo de la base, entre otras cosas,
de una inflación del 7,5 al 8 por ciento.
Todo la proyección de gastos e ingresos para el año que viene se realizó condicionada a ese
nivel inflacionario. Y los principales perjudicados serán los empleados públicos, cuyos salarios se
ajustarán en consonancia con esa pauta inflacionaria. Para que ATE tenga en cuenta antes de firmar
ciertos acuerdos, a no ser que ya se de por descontado un decreto de necesidad y urgencia para
algún momento del 2008.
La distorsión entre la inflación oficial y la real es motivo de
críticas y bromas desde diferentes ámbitos, con la excepción del Gobierno y la
UIA, que manifestó su confianza en el IPC en ocasión de la cesión de un terreno en el barrio
porteño de Barracas. Pero el mismo jueves 6, a 2.800 kilómetros de distancia, otra cámara
empresaria dejaba en claro que algo comenzaba a cambiar en la relación entre el oficialismo y los
hombres de negocios.
La convención que el
Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) realizó en la ciudad
santacruceña de El Calafate, será recordada por algo más que el maravilloso paisaje de un lugar
irrepetible en el planeta. Marcó un punto de inflexión que es aconsejable no pasar por alto: es
habitual en esta clase de encuentros la contradicción entre las críticas
"off the record" y los elogios públicos al Gobierno de turno. Pero en esta ocasión
esa dualidad no existió.
Las críticas fueron "off" y "on".
Y a propósito de la pauta inflacionaria para el año próximo, el economista Abel Viglione fue
más que gráfico al expresar tanto la incertidumbre cuanto el descontento de los cuatrocientos
participantes.
"No tengo idea cuál será la inflación. El IPC será del 7,5/ 8 por ciento, pero la inflación
real no la sé", dijo. Y no por desinformado, sino porque se ha perdido toda referencia
para hacer una estimación seria.
La misma incertidumbre dominó el resto de las exposiciones y se reflejó en la opinión de los
ejecutivos. Al respecto, la crisis energética y el riesgo de pasar a ser en un par de años un país
con déficit en el intercambio comercial de combustibles fueron motivos de una indisimulada
preocupación. Y en lo que al presupuesto 2008 se refiere, hiere de gravedad a todos sus supuestos
macroeconómicos: inflación, crecimiento, superávit primario y superávit comercial.
En consecuencia, toda la estructura presupuestaria descansa sobre bases inciertas. O lo que
es lo mismo, el 2008 asoma como un año imprevisible. Quizás por eso en El Calafate, Juan Carlos de
Pablo cosechó los aplausos más estridentes cuando aseveró que
"en la Argentina la tasa de suicidios es cero, porque nadie quiere perderse los cinco
segundos que vienen".
Marcelo Bátiz (Dyn)
El gobierno planea hoy lo que modificará mañana
Pocas veces una contradicción se dio de forma tan evidente: cuando el Gobierno adelantaba los principales puntos del proyecto de ley de Presupuesto 2008, en el Boletín Oficial publicaban otras seis decisiones que modifican la distribución de los créditos establecidos para 2007.