En Rafaela, la obra pública nacional es un bien escaso. Mientras que el kirchnerismo construye la columna vertebral de su estilo de gobierno sobre la distribución de la obra pública en las provincias, la ciudad modelo de Cristina Fernández no está entre las primeras a la hora de incluir localidades en un nuevo plan.
La ciudad no fue incluída en la agenda de Julio De Vido a pesar de que el propio Intendente kirchnerista Omar Perotti, en reiteradas oportunidad llevara hacia el propio Ministro, su compañero en la reconocida “mesa chica” del PJ donde Perotti ocupa el cargo de secretario de Desarrollo Social, la necesidad de convertir al tramo de la ruta 34 Rosario-Rafaela-Sunchales en la “autovía de la producción”, proyecto que otorgaría mayor dinamismo a una región floreciente del centro productivo del país. El pedido del Intendente fue respaldado hasta inclusive por el Gobernador socialista Hermes Binner, quien también le comunicó la necesidad al titular de Planificación Federal.
Sin embargo, Rafaela siguió siendo la gran ausente. Durante un año de gestión, y a pesar de que la ciudad y su región giran 170 millones de dólares anualmente al Estado en concepto de retenciones agropecuarias, cuando en el mes de junio Cristina Fernández anunció un plan de obras que incluían hospitales, caminos y viviendas, ni uno solo estaba destinado a la ciudad. Lo mismo sucedió en los planes de obra pública que anunciara en un año de gobierno. E propio ministro provincial de Obras Públicas Hugo Storero fue al acto donde se realizaron los anuncios para reclamar la inclusión de obras para la ciudad, ya que en 111 mil millones de dólares, ni uno sólo está destinado a la “autovía de la producción”.
Sólo dos escuelas en proyecto desde hace años, un Plan federal de 150 viviendas, y la refuncionalización de ocho kilómetros de carretera, son los únicos vestigios de la presencia del Gobierno Nacional, todas obras programadas durante la gestión de Néstor Kirchner.
La Perla del Oeste, ubicada a un costado mediterráneo de Santa Fe, parece estar demasiado lejos para escuchar los mandatos de una Presidenta que, a pesar de los elogios mediáticos y la foto de campaña, jamás atendió los asuntos vitales de la comunidad. Como en las antiguas aldeas de la Europa Medieval, donde el magnífico Rey era sólo una presencia lejana, Cristina Fernández es un rumor que se difunde a través de los medios, que al igual que los bardos europeos, llevan las proclamas de un Gobierno que insiste en rodear a esta parte de la pampa gringa.
(*) Especial para Perfil.com