Cuando esta semana se cumplan cinco años desde el fin del sistema de convertibilidad del peso, la
Argentina mostrará, recuperándose de la mayor caída de su historia, una economía creciendo a una
tasa del 9% anual cuatro años consecutivos. Muchos sectores ganaron pero,
como ocurre en cualquier modelo, siempre hay perdedores.
Así como durante los ’90 la industria de los servicios públicos lideró el crecimiento,
a partir de la devaluación de la moneda fueron los productores de bienes los más beneficiados.
Mientras que la producción de bienes creció 26% entre 1998 y 2006, la de servicios subió
sólo el 16,5%, según un informe elaborado por el Instituto de Estudios y Formación de la
CTA.
Dentro de los servicios, la intermediación financiera fue la gran perdedora del nuevo modelo.
Entre 1998 y este año, la caída de este sector fue de 14,7%, medida por su participación en el PBI.
De los sectores industriales, la evolución del Estimador Mensual Industrial muestra que los que
producen menos que en la década anterior son los sectores tabacalero, que cayó 1,8%, y
metalmecánico, excluido el automotor, que cayó 13 por ciento. La refinación de petróleo creció,
pero sólo 6,2 por ciento.
El resto de los sectores creció aunque algunos en menor proporción que otros. Los que más
repunte tuvieron fueron la pesca, el transporte y las comunicaciones, la construcción y la
industria manufacturera.
El crecimiento de la economía, el mayor uso de capacidad instalada y el aumento del consumo
permitieron un crecimiento generalizado en todos los sectores.
De todas maneras, no todos los sectores que repuntaron subieron su rentabilidad. Los grandes
ganadores son los exportadores, y especialmente aquellos no sujetos a restricciones del Gobierno
para evitar inflación en el mercado interno.
Líderes.
La siderurgia y la metalurgia fueron dos de los rubros más beneficiados, con un
crecimiento de rentabilidad, desde 2001 hasta la actualidad, de 30,6 puntos porcentuales, según un
informe de la Fundación Mediterránea.
Entre los sectores controlados por el Gobierno por producir bienes que inciden en el Indice
de Precios al Consumidor, algunos lograron mantener su rentabilidad, aun con los controles de
precios, por un fuerte incremento del volumen de ventas, como es el caso del sector de alimentos o
el textil. Además, se trata de sectores muy atomizados y, en consecuencia, difícilmente
controlables.
Para otros sectores, en cambio, el mayor consumo no logró recomponer la situación
deficitaria. Incluso, en muchos casos incrementar el sector de los servicios genera
mayores pérdidas. Es lo que ocurrió con
muchas de las empresas de servicios públicos, fundamentalmente las de electricidad y gas,
producto del congelamiento tarifario.
En materia salarial,
los grandes perdedores fueron los trabajadores asalariados, quienes vieron
reducido su ingreso real en un 7,4 por ciento. Y entre los asalariados, los informales, que
perdieron 18,3% de su salario real desde 2001. En la comparación sectorial, los trabajadores que
más perdieron en términos de poder adquisitivo fueron los del agro, la salud, la intermediación
financiera y la administración pública, en ese orden.
“En el 2001, estábamos por quebrar”. La industria del calzado y todo
el sector textil en general fue ron dos de los grandes ganadores del modelo instaurado a partir de
la devaluación. El tipo de cambio alto generó una natural sustitución de importaciones y muchas
pequeñas y medianas empresas que durante los 90 no podían competir comenzaron a resurgir a partir
de 2002. “Estábamos al borde de la quiebra en 2001. Hoy tenemos rentabilidad, podemos dar
trabajo y pensar en crecer en el futuro”, explicó, en diálogo con PERFIL, el empresario del
calzado y ex presidente de la Cámara del Calzado,
Carlos Bueno.
El empresario precisó que los años más rentables desde la salida de la convertibilidad
fueron 2003 y 2004 y que luego se fue produciendo un reacomodamiento de precios y salarios que
obliga a las empresas a concentrarse en lograr una mayor competitividad.
A juicio de Bueno, en la industria del calzado todavía se puede mejorar mucho la
competitividad, a través de mejores diseños, modelajes y mediante la incorporación de nueva
tecnología. “Hay que importar aquellos productos en donde el país no es competitivo. Italia
no es productor de cuero y, sin embargo, es el número uno en diseño de calzado”, agregó.
“El superávit de los 90 pasó a ser déficit hoy”. El sector de los
servicios públicos fue de los más perjudicados por el actual modelo económico, básicamente producto
de la no actualización tarifaria y de la triplicación de los costos. Las cooperativas son las que
más sufren este costo.
En diálogo con PERFIL, el presidente de la Asociación de Cooperativas Proveedoras de
Servicios Públicos del Conurbano Bonaerense (Acobon),
Ricardo Pastor, explicó que si bien no todas las tarifas de las cooperativas están
reguladas, no sería “lógico” subir la cuota si no existe una disposición general del
Gobierno que lo disponga.
Pastor también encabeza la cooperativa de agua de Parque Quirno, que atraviesa una situación
muy desfavorable. “En los 90 llegamos a tener excedentes. Hoy el resultado es deficitario y
estamos manteniendo el servicio con los fondos que la cooperativa cobra del cargo de
infraestructura”, explicó Pastor.
Este cargo se cobra una vez a cada nuevo asociado de acuerdo con los metros de la vivienda.
Como todavía ingresan entre 300/400 nuevos usuarios por año, la cooperativa dispone de esos fondos.
Pero el dinero tiene un límite. La solución es consensuar una suba tarifaria con el Gobierno.
Los ganadores y perdedores del modelo
El crecimiento sin interrupciones de la economía a partir de 2002 todavía no permite evaluar correctamente la profundidad del cambio generado en la Argentina con la salida del tipo de cambio fijo. A cinco años, que se cumplen esta semana, de la devaluación del peso, incentivó el mercado interno y la sustitución de importaciones, pero está en deuda el desarrollo del sector metalmecánico, y, por supuesto, el de los servicios, empezando por los financieros, cuyo desarrollo simbolizó a los ’90, al tipo de cambio fijo y la apertura comercial. Sin embargo, algunas cuentas siguen en rojo.