En su programa, que se emite por Net TV y Radio Perfil, Marcelo Longobardi hizo un repaso económico con foco en el atraso cambiario y sus consecuencias
Un ajuste muy fuerte sobre los tenedores de dólares
Ayer el tipo de cambio oficial en Argentina cerró en 1.390 pesos. Viene en un declive bastante significativo. También bajó el tipo de cambio MEP y subieron un poco el blue y el contado con liquidación.
Quiere decir que el tipo de cambio oficial sigue cotizando muy por debajo del techo de la banda de flotación, alrededor de un 20% abajo.
Estamos en un escenario donde el tipo de cambio baja y la inflación sube. El ministro Caputo dijo que si no fuera por la intervención del Banco Central comprando dólares, tendríamos un dólar a $1.110, más o menos.
Eso, de alguna manera, perjudica a toda la población que ha ahorrado en dólares durante décadas de inflación. Ahí está el ajuste: hay un ajuste muy fuerte sobre los tenedores de dólares que se habían protegido durante muchos años de la inflación y que los tienen bajo diversos procedimientos.
Tenemos un tipo de cambio a la baja, pero hay que conectar eso con que la inflación va para arriba, sobre todo considerando el aumento del precio de los combustibles.
El Banco Central ha comprado ya en el año unos 4.000 millones de dólares. Ayer compró 57 millones, por debajo de un promedio de 100 millones por día. Lo que dijo Caputo es que, de no ser por esas compras, el tipo de cambio estaría no en 1.390 sino en 1.100.
Y el riesgo país ayer bajó un poquito, a 583 puntos, que puede estar afectado por cierta desconfianza aún en la Argentina y por el estado de las cosas en el mundo, que es un desastre.
En Estados Unidos la bolsa no para de caer. Salvo algún día donde se mantiene estable, todos los días los mercados en Estados Unidos bajan un 1% o un 2%.
Imaginen el impacto: la pérdida para los ahorristas estadounidenses y para los fondos de pensión, con acciones y bonos que no dejan de caer todos los días.
El petróleo, que sube y baja, ahora subió mucho. El Brent, el índice más usado en el mundo, subió casi un 5% y esta mañana estaba cerca de los 110 dólares.
Si miramos el comportamiento de las monedas de la región, solo tres se han revalorizado frente al dólar: el Colón de Costa Rica, el Peso colombiano y el Peso argentino, que ayer se revalorizó casi un 0,7%. Es decir, somos un país que tiene una moneda, yo diría, artificialmente fuerte frente al dólar.
Vuelven a bajar los alimentos, pero la inflación de marzo cerraría por arriba del 3%
Caputo, en una conversación muy simpática con el señor Gordo Dan, en ese tipo de programas donde se le festeja todo y se mueren de risa, dijo que hay récord de actividad, récord de consumo y récord de exportaciones.
Ocurre algo bastante llamativo: el ministro ve este estado de cosas como el mejor momento de la historia económica argentina, o poco menos, pero los números, aún siendo a veces contradictorios, marcan otra cosa distinta. Es decir, hay cierta recuperación en algunos ámbitos o en algunos segmentos de consumo, pero el Gobierno está presentando un escenario contradictorio con lo que estamos viendo, que también se refleja en las encuestas. Ahí hay un punto importante para reflexionar.
Algunos economistas dicen que a este “veranito cambiario” le quedan unos meses. Voy a citar a Miguel Kiguel y a Ricardo Delgado. Argentina tiene generalmente estas etapas de veranitos cambiarios, que duran algún tiempo. Duran poco, duran mucho… depende de factores desconocidos.
Miguel Kiguel, consultado por el diario Clarín, dijo que el Gobierno está priorizando la estabilidad para que la inflación, que viene alta, baje, y eso puede llevar nuevamente a un atraso cambiario. Y Ricardo Delgado dijo que el comportamiento del dólar sobre la actividad no es el mejor escenario para las pymes, sobre todo. El Gobierno está en un dilema entre crecer o desinflar, porque parece que las dos cosas no las puede hacer al mismo tiempo, en una situación cercana a un escenario de estanflación.
Da la impresión de que es algo contradictorio, casi imposible de cumplir: que la Argentina crezca y al mismo tiempo desinfle los precios.
Y esta declaración de Delgado contrasta con la de Caputo, que dice que estamos viendo récords espectaculares. .
Así están las cosas en la economía. Ayer el Banco Central anunció una reducción en los encajes bancarios, y eso podría generar algún nivel más alto de crédito. En cuanto al tema de los combustibles en Argentina, que ya están en un nivel cercano a los 2.000 pesos el litro.
¿Cuánto va a impactar esto en la tasa de inflación correspondiente al mes de marzo, que ya está finalizando? Bueno, entre 0,5 y 0,6 puntos por encima de lo previsto para marzo, porque el precio del combustible impacta en todo el sistema económico: todo lo que se transporta está afectado por los aumentos, y eso incide en una inflación que ya de por sí viene complicada.
Ayer apareció un pronóstico de la Fundación Libertad y Progreso, ligada al entorno de Milei, que proyecta para marzo un 2,8%, por debajo de otros pronósticos que hablan de 3% o 3,5%.
Lo que estamos viendo, si miramos desde mediados del año pasado, es que la inflación no cede: después de la baja que hubo, no deja de subir. Y lejos de lo que planteó el presidente Milei cuando dijo que la inflación iba a empezar con cero en el mes de agosto; después se corrigió ese pronóstico y dijo que sería hacia el final del mandato.
Lo importante es que esta inflación de alrededor de un 9% en un trimestre hace cortocircuito con la caída del tipo de cambio. Hay una inflación que tiende hacia arriba y un tipo de cambio que se mantiene hacia abajo. Y hay una dinámica que se llama “atraso cambiario”, que reduce, por ejemplo, viajar a Florianópolis, a Punta Cana o a Miami de manera más barata, pero afecta naturalmente al turismo que llega a la Argentina, porque es un país caro, y también a los exportadores y a los tenedores de dólares que se habían cubierto de la inflación.
Cuando baja el dólar y sube la inflación en pesos, hay más inflación en dólares. Y eso en algún momento se complica, y por lo general los gobiernos no reaccionan antes.
Sobre esto, el presidente Milei mostró un dibujo comparando o vinculando a la industria argentina con el kirchnerismo, poniendo a los empresarios junto con esa idea, insinuando que son sectores que defienden la “fábrica de velas”, en contraposición con la idea del Gobierno de modernizar la economía argentina. Es una mirada que plantea ese obstáculo tanto en el kirchnerismo como en algunos empresarios.
No creo que sea tan así. Es cierto que la protección tiene que ir declinando y que este proceso de transformación es doloroso y complicado, pero no me parece que el ejemplo sea el más apropiado. Da la impresión de que el Presidente está tomando un poco en broma lo que está ocurriendo, y no parece del todo justo, aunque también es cierto que muchos sectores han vivido de la protección y los subsidios que han sido la regla en la política económica argentina.
No parece ser un asunto para reírse.
LT/ff