ECONOMIA
agenda de género

Ser mujer y trabajar es un problema con este modelo

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Desigualdad. Las mujeres acceden a menos empleos de calidad. | cedoc

Se cumplieron dos años del gobierno de Milei y, aun cuando muchas de sus decisiones parecen caóticas o improvisadas, empieza a delinearse con bastante nitidez el modelo de sociedad que propone. No hay misterio: el Presidente y sus funcionarios repiten que vienen por un “cambio de raíz”, que su proyecto es moral antes que económico y que su principal batalla es contra lo que definen como “lo woke”, una importación de disputas más propias de Estados Unidos que de Argentina. El sentido general está claro: incluso algunos de sus seguidores más radicalizados se animan a decir que “el voto femenino fue lo que arruinó a Occidente”.

Desde el Instituto Argentina Grande seguimos trimestre a trimestre la evolución del trabajo desprotegido, un indicador que mide la calidad del empleo privado distinguiendo entre quienes cuentan con estabilidad, aportes y herramientas de trabajo propias, y quienes no. En nuestro último dossier realizamos un análisis comparado entre el 2° trimestre de 2023 y el 2° trimestre de 2025 para dimensionar el impacto del actual modelo económico.

El resultado, en cuestiones de género, es llamativo:

-La tasa de desprotección laboral creció del 43,7% al 44,5%, lo que equivale a 241 mil personas adicionales trabajando sin aportes ni estabilidad.

-De esas 241 mil nuevas personas desprotegidas, 237 mil son mujeres y solo 4 mil son hombres.

-En paralelo, los hombres accedieron a 203 mil nuevos empleos protegidos, mientras que las mujeres incorporaron menos de 20 mil puestos de calidad en dos años.

La brecha se expande a una velocidad inédita. Es un dato objetivo: las posibilidades de hombres y mujeres de acceder a empleos protegidos están divergiendo de manera acelerada. Además, los salarios pisados en el sector público, altamente feminizado, hacen que la brecha de ingresos siga creciendo.

¿Es solo una casualidad que la recuperación económica se concentre en sectores masculinizados –primarios, minería, finanzas– mientras que los salarios de educación, salud y cuidados, donde predominan las mujeres, se deterioran día tras día? ¿O es resultado de que el modelo económico de Milei es profundamente patriarcal en sus términos?

A esto se suma un segundo componente del modelo: la Asignación Universal por Hijo aumentó muy por encima de cualquier paritaria del sector privado durante estos dos años, ni hablar de las paritarias para la administración pública nacional. El salario pisado no fue un movimiento espontáneo: hubo un trabajo intenso del Gobierno para que así ocurriera. Aunque el aumento real de la AUH constituye una medida positiva para proteger a los sectores más vulnerados, su crecimiento sobre un telón de fondo marcado por el deterioro laboral y salarial de las mujeres deja una sensación amarga.

La conclusión se vuelve difícil de esquivar: el modelo económico de Milei castiga a las mujeres en el mercado laboral –especialmente a quienes trabajan en tareas de cuidado– y, al mismo tiempo, revaloriza su dependencia de las asignaciones. Los salarios femeninos se desploman, la precarización se acelera y las asignaciones familiares aparecen cada vez más como el único ingreso femenino que crece en estos dos años.

¿Es producto de decisiones políticas planificadas? ¿O es el resultado caótico de un proyecto que, casual o no, se alinea perfectamente con su defensa de que las mujeres vuelvan al hogar? ¿Le está pagando el Gobierno un empoderamiento a su electorado, identificado claramente como masculinizado?

* Miembro del Instituto Argentina Grande.