La estrategia oficial de sostener las reservas e inyectar dólares a la economía mediante la emisión de deuda enfrentará nuevos desafíos por la crisis en Grecia. En el Gobierno consideran que los temblores producto del default heleno y una eventual salida del euro podrían encarecer próximas colocaciones del Bonar 24, el título que hasta ahora le ha permitido al Poder Ejecutivo tomar unos US$ 2 mil millones en lo que va del año a 8,95% y hasta no sería extraño que se demoraran nuevas emisiones según lo demande el escenario global.
“Las tensiones en Grecia pueden afectar y hacer subir la tasa de los bonos, como el Bonar 24”, aseguró a PERFIL el ministro de Economía, Axel Kicillof, en respuesta a una consulta sobre el impacto de la crisis en Europa en la política de acceso a dólares que viene llevando el Gobierno. “Lo estamos siguiendo”, reconoció Kicillof al cierre de un almuerzo que mantuvo con más de 400 empresarios el miércoles en el Hotel Alvear.
Con caída de exportaciones, el Gobierno viene administrando la escasez de divisas. Restringe pago de importaciones y generó un stock de deuda estimado en casi US$ 5.800 millones con diversos sectores. Al mismo tiempo, libera crecientes sumas de “dólar ahorro” que compra la clase media al precio oficial ($ 9,10) más un recargo del 20% ($ 10,93), y mientras tanto activa préstamos con el Banco Central de China (ya trajo el equivalente a US$ 7 mil millones) y obtiene divisas emitiendo, pese al conflicto con los fondos buitre, deuda en dólares. El costo de esas emisiones fue elevado, casi el doble de lo que pagan países vecinos. Y tras el efecto griego, podría pagar más.
Temblor. Consultado sobre los escenarios a partir del reférendum que tendrá lugar este domingo en Grecia, Alejo Costa, jefe de Estrategia de Puente, señaló: “Con un resultado mayoritario del sí habrá un acuerdo con la Unión Europea, si por el contrario gana el no, se abre la posibilidad a que el país salga de la moneda y podría observarse una mayor aversión al riesgo en donde los inversores prefieran activos como francos suizos y yenes, encareciendo las emisiones de países emergentes y también la Argentina”.
Al respecto, Gabriel Holand, director de HR Global, señaló que sin dudas la situación en Grecia no favorece al clima de inversión y agregó que “la Argentina demostró que tiene acceso al mercado de capitales con la emisión llevada adelante en abril pasado, pero al mismo tiempo está bien no convalidar cualquier costo por la emisión”. También aseguró que el conflicto podría extenderse y que un desequilibrio en la Zona Euro afectaría a todos los países: “Si aumenta la incertidumbre entre los ciudadanos europeos, podría esperarse una retracción en el consumo que afectaría el intercambio comercial en líneas generales, pero la Argentina tiene herramientas para sobrellevar la situación, como ajustar la tasa de interés o recurrir al swap chino”.
Sin embargo, el mecanismo para obtener dólares frescos es una nueva colocación del Bonar 24, cuya primera emisión se realizó en mayo de 2014 por un monto de US$ 3.250 millones que se entregaron a la petrolera Repsol por la expropiación de YPF. Posteriormente, en diciembre, cuando el Gobierno lanzó una oferta de pago anticipado del Boden 2015 –que vence en octubre de este año–, la cartera de Hacienda logró el 2% de aceptación por el que se captaron US$ 663 millones. De ese total, US$ 377 millones correspondieron al pago del Boden 2015 y US$ 286 millones fueron por la compra directa del título. En abril pasado, pese al intento de los fondos buitre de trabar la operación, se obtuvieron
US$ 1.415 millones a una tasa de 8,95%.
Préstamos a ‘tasas griegas’
Las tasas que pagan las bonos soberanos a diez años de plazo forman parte de las referencias que los inversores tienen al momento de elegir un activo. Cuando el martes pasado Grecia entró en mora al no pagar un vencimiento con el FMI de US$ 1.600 millones –se considera la entrada en default 30 días después del primer impago–, la tasa de su bono a 10 años saltó del 11 a más del 14% y se mantiene desde entonces en torno a esa cifra. Al compararlo con un título argentino de plazo similar, la tasa se encuentra en torno al 10%, no muy lejos pero tampoco muy cerca de los niveles helenos. Los analistas estiman que una eventual suba de costos de emisión para la Argentina nunca podría superar el parámetro griego, porque el país tiene capacidad de pago pese al conflicto legal con los buitres. Otros ejecutivos señalan que otro indicador de relevancia para seguir de cerca a Grecia serán los precios de los bonos con mayor liquidez, como el título griego que vence en 2057.