ECONOMIA
Panorama

La tendencia negativa de la economía está lejos de llegar a su punto de inflexión

El acuerdo por la deuda logrado por el gobierno con los acreedores implica un gran alivio en el corto plazo, pero el problema persiste. La economía enfrenta serias dificultades agravadas por la pandemia.

Alberto Fernández y Martín Guzmán.
Alberto Fernández y Martín Guzmán. | CEDOC

Las principales variables económicas de la Argentina evidenciaron una situación poco alentadora en los últimos tiempos. Por ejemplo, en los últimos diez años, el cambio anual en el PBI en términos reales fue negativo durante gran parte de este período, mientras que la región –América Latina y Caribe– experimentó una situación mucho más favorable.

El aumento en el índice de precios al consumidor acusó un promedio anual superior al 30% para nuestro país, mientras que el de la región se mantuvo por debajo de las dos cifras. Asimismo, el promedio anual de inversiones extranjeras (como % del PBI) fue de casi el 4% en la región, mientras que en Argentina no llegó al 2%.

Lo anterior deja en claro el rumbo económico de Argentina. Si bien las causas son diversas, hay algo muy claro, el déficit fiscal es un mal argentino y es crónico.

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Arreglamos la deuda, no el endeudamiento

Es muy difícil pensar en crecimiento sostenible en una economía que tiene como prioridad el consumo masivo y no el ahorro ni la inversión. En los últimos diez años, el balance fiscal fue negativo. Si nos remontamos a años anteriores, la historia no es muy distinta. Agrava más este escenario la deficiencia del gasto y para empeorar aún más la situación, las formas de financiar este círculo vicioso son muy nocivas.

Producto de la desesperada necesidad de financiamiento, Argentina ha alcanzado uno de los niveles más altos del planeta en términos de presión impositiva, impactando directa e indirectamente en el bolsillo de todos.

Asimismo, la inflación en Argentina es una constante, producto de la excesiva emisión monetaria y la desconfianza hacia la moneda local.

El endeudamiento no es una excepción, sumando el escepticismo de inversores globales hacia Argentina, que exigen rendimientos muy superiores al promedio de la región. Esto, como resultado, erosiona toda expectativa de crecimiento.

A inicios de agosto, tras meses de tensas negociaciones, el gobierno alcanzó un acuerdo con los principales acreedores internacionales. Esto es una noticia muy buena, no hay dudas. Argentina no está en condiciones de afrontar otro default ni juicios en tribunales de los Estados Unidos. Sin embargo, es claro que la tendencia negativa de la economía está lejos de llegar a su punto de inflexión. Argentina tiene severos desafíos por delante.

Renegociación de la deuda: por qué es un muy buen acuerdo

En materia de deuda, el acuerdo implica un gran alivio en el corto plazo, pero el problema persiste. Para contextualizar, antes del acuerdo, Argentina debía afrontar vencimientos en el orden de los USD 40.000 millones entre 2020 y 2024. Con la reestructuración, este monto desciende significativamente a USD 6.000 millones aproximadamente.

Sin embargo, entre 2025 y 2035, la magnitud de vencimientos aumenta a un nivel superior a los USD 90.000 millones. Este número es crítico y muy difícil de afrontar.

Es de esperar que la economía argentina continúe en un sendero de recesión e inflación. La tasa de emisión monetaria es extremadamente alta y no hay signos de que dicha tendencia cambie, conduciendo a un riesgo de hiperinflación muy alto.

En este sentido, el balance del BCRA habla por sí solo. La economía argentina enfrenta serias dificultades, agravadas como consecuencia de la pandemia mundial.

Por ello, no es descabellado pensar que el fantasma de la deuda vuelva a aparecer en un futuro no muy lejano.

* Analista y profesor UCEMA