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A 105 años de un hito de la salud pública

El día que nació la vacuna BCG: un siglo de resistencia global contra la tuberculosis

La aplicación de la primera vacuna BCG transformó la inmunización mundial, salvando millones de vidas frente a una de las enfermedades bacterianas más letales de la historia humana.

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En 1921 se aplica por primera vez la vacuna BCG (Bacilo Calmette-Guérin) contra la tuberculosis | CeDoc

El 1 de julio de 1921, el médico Albert Calmette y el veterinario Camille Guérin aplicaron por primera vez la vacuna BCG (Bacilo Calmette-Guérin) a un recién nacido en el hospital de la Charité en París.

El lactante, cuya madre había fallecido de tuberculosis poco después del parto, quedó expuesto de inmediato al contagio familiar, lo que motivó a los científicos franceses a administrar la fórmula por vía oral de manera experimental.

Aquella primera dosis marcó el inicio de la inmunización artificial contra Mycobacterium tuberculosis, la bacteria descubierta por Robert Koch en 1882.

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La enfermedad, conocida históricamente como la "peste blanca", causaba estragos en las poblaciones urbanas de principios del siglo XX, ensañándose con especial ferocidad en los sectores vulnerables y en la primera infancia.

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Cómo fue la experimentación para lograr la vacuna BCG

La investigación de Calmette y Guérin comenzó en 1908 en el Instituto Pasteur de Lille. Los científicos trabajaron con una cepa del bacilo de la tuberculosis bovina, aislado originalmente de una vaca lechera infectada por mastitis.

Durante trece años, los investigadores realizaron 230 subcultivos sucesivos de la bacteria en un medio compuesto por bilis de buey, patata y glicerina. El objetivo central del procedimiento era atenuar la virulencia del patógeno de forma progresiva, buscando que perdiera su capacidad de producir la enfermedad activa pero conservara el poder antigénico necesario para estimular el sistema inmunológico.

Hacia 1919, los ensayos en animales demostraron que los ejemplares inoculados con la cepa atenuada presentaban resistencia frente a las infecciones experimentales subsiguientes con bacilos virulentos. Estos resultados pavimentaron el camino para el histórico ensayo clínico en humanos de julio de 1921.

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El 1 de julio de 1921, el médico Albert Calmette y el veterinario Camille Guérin aplicaron por primera vez la vacuna BCG (Bacilo Calmette-Guérin) a un recién nacido en el hospital de la Charité en París.

La efectividad del tratamiento en el primer neonato, quien no desarrolló la enfermedad, impulsó la producción a gran escala del inmunizante bajo la supervisión directa del Instituto Pasteur. Para 1928, el Comité de Salud de la Liga de las Naciones respaldó oficialmente la seguridad y la eficacia de la vacuna BCG, recomendando su adopción en los programas de salud de distintos países.

El impacto sanitario mundial de la BCG y la adopción de la inmunización obligatoria

A pesar del éxito inicial, la campaña masiva sufrió un grave revés en 1930 debido al denominado "desastre de Lübeck", en Alemania. Setenta y siete niños vacunados fallecieron tras recibir dosis que habían sido contaminadas accidentalmente en laboratorios locales con una cepa humana virulenta, un hecho ajeno a la fórmula original que congeló el avance de la vacunación en Europa central durante casi una década.

La Segunda Guerra Mundial reinstauró la urgencia de su aplicación debido al hacinamiento, la malnutrición y el consecuente rebrote de la enfermedad en el continente europeo. A partir de 1948, organizaciones internacionales como la UNICEF y la Cruz Roja lideraron campañas masivas de vacunación antituberculosa en niños y jóvenes de todo el mundo.

En la República Argentina, la inoculación obligatoria se consolidó formalmente décadas más tarde mediante leyes nacionales de vacunación, incorporándose de forma definitiva al Calendario Nacional de Vacunación. La estrategia sanitaria nacional dispuso la aplicación de una dosis única a los recién nacidos antes de egresar de la maternidad, con el fin de prevenir las formas más graves de la afección.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la BCG ofrece una protección eficaz contra las manifestaciones clínicas más severas de la tuberculosis en la población infantil, tales como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar, afecciones que presentan elevadas tasas de letalidad en menores de cinco años.

La tuberculosis continúa siendo un desafío sanitario prioritario para la medicina contemporánea global. Los informes epidemiológicos de los organismos de salud advierten de forma sostenida sobre la persistencia de focos de contagio, la coinfección con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el surgimiento progresivo de cepas bacterianas multirresistentes a los antibióticos tradicionales.

Más de un siglo después de la primera aplicación ejecutada por Calmette y Guérin, la vacuna BCG mantiene su vigencia operativa como una de las herramientas de prevención biológica más distribuidas en el planeta, acumulando miles de millones de dosis inoculadas a nivel global.

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