EFEMéRIDES
DÍA DEL MAGO

Silvestre II, el Papa científico al que llamaban "el Mago" y murió rodeado de leyendas

Antes de ser coronado como Pontífice en el año 999, el erudito francés Gerberto de Aurillac impulsó el uso del ábaco y los números árabes en la Europa medieval. Tras su muerte, sus logros científicos alimentaron leyendas sobre supuestos pactos con demonios.

El Papa Silvestre II (999-1003)
El Papa Silvestre II (999-1003) | CEDOC

En los albores del segundo milenio, la figura de Gerberto de Aurillac emergió como un faro de conocimiento en una Europa sumida en el analfabetismo. Su ascenso al trono papal como Silvestre II marcó el encuentro definitivo entre la fe cristiana y la ciencia experimental árabe.

Gerberto de Aurillac nació en el seno de una familia humilde en la región francesa de Auvernia hacia el año 945. Su ingreso en el monasterio de San Geraldo marcó el inicio de una trayectoria intelectual sin precedentes que lo llevaría desde las montañas galas hasta el trono de San Pedro.

Gracias al apoyo del conde Borrell II de Barcelona, el joven monje viajó a la Marca Hispánica para profundizar en sus estudios. Allí entró en contacto con los conocimientos científicos de los centros culturales musulmanes, un hecho que definiría su reputación como un sabio adelantado.

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Su estancia en el monasterio de Santa María de Ripoll le permitió acceder a tratados de matemáticas y astronomía desconocidos en el resto de la cristiandad. Esta formación técnica cimentó las bases de su futuro apodo como el "Papa Mago" por su destreza con instrumentos mecánicos.

Hacia el año 972, el Papa Juan XIII y el emperador Otón I quedaron impresionados por su erudición en Roma. Gerberto comenzó entonces una carrera política y eclesiástica que lo vinculó estrechamente con la dinastía otoniana, sirviendo como tutor del joven y futuro emperador Otón III.

Gerberto de Aurillac, impulsor de las cifras árabes y el ábaco en Occidente

El interés de Gerberto por la aritmética lo llevó a introducir un nuevo tipo de ábaco que utilizaba fichas llamadas "ápices". Este sistema facilitaba cálculos complejos que con los números romanos eran casi imposibles de realizar, revolucionando la administración de la época.

William de Malmesbury, en su crónica escrita décadas después de la muerte del pontífice, relató el asombro que causaban sus conocimientos. El historiador inglés señaló que: "Gerberto fue el primero que robó a los sarracenos el uso del ábaco y las reglas de los números".

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Su dominio de la astronomía también fue notable, destacando la construcción de esferas armilares para representar el movimiento de los astros. Estos artefactos, fabricados con madera y tubos de hierro, eran vistos por sus contemporáneos como objetos dotados de una magia extraña.

Además de las matemáticas, Gerberto perfeccionó el diseño de órganos hidráulicos de gran complejidad técnica. Su capacidad para manipular el aire y el agua mediante mecanismos de precisión alimentó la idea de que poseía secretos prohibidos por la Iglesia tradicional.

El ascenso al papado y la leyenda de la cabeza de bronce

Papa Silvestre II

En el año 999, Gerberto fue elegido Papa bajo el nombre de Silvestre II, convirtiéndose en el primer francés en ostentar el cargo. Su pontificado coincidió con el simbólico cambio de milenio, un periodo marcado por tensiones políticas y temores apocalípticos en Europa.

Durante su mandato trabajó para fortalecer la autoridad de la Iglesia y expandir la fe hacia el este, coronando a Esteban I de Hungría. Sin embargo, su profunda conexión con la ciencia seguía despertando recelos entre los clérigos más conservadores y temerosos de lo nuevo.

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Tras su fallecimiento en 1003, comenzaron a circular relatos oscuros sobre supuestos pactos con entidades sobrenaturales. Se decía que poseía una cabeza de bronce capaz de responder preguntas mediante artes adivinatorias, un autómata que él mismo habría construido con metal.

El cronista Hugh de Flavigny documentó años más tarde la sospecha de que su sabiduría no era humana. Según sus registros: "Se decía que el Papa Gerberto aprendió en España el arte de la nigromancia y cómo invocar espíritus malignos para su beneficio".

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La leyenda negra de Silvestre II persistió durante toda la Edad Media, alimentada por la ignorancia sobre sus descubrimientos. Muchos veían en sus diagramas geométricos y en sus relojes de sol pruebas irrefutables de una comunicación directa con fuerzas demoníacas.

Investigaciones modernas han despojado al personaje de su aura maléfica para destacar su papel como puente entre culturas. Fue un hombre que comprendió la importancia de la herencia clásica y la ciencia árabe para el desarrollo intelectual del continente europeo.

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Sus cartas personales revelan a un hombre obsesionado con la búsqueda de manuscritos antiguos y la precisión técnica. En una de ellas escribió: "La ciencia de los números es la puerta para entender la armonía del universo creado por Dios".

Hoy en día, la figura de Silvestre II es reconocida como la de un precursor del Renacimiento en pleno siglo X. Su tumba en la archibasílica de San Juan de Letrán sigue siendo un recordatorio del Papa que intentó iluminar la oscuridad medieval con la luz de la razón.

ds