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Años violentos

El día que el padre de Cristina fue amenazado por la guerrilla

En 1975, Eduardo Fernández era jefe de personal de una línea de colectivos de La Plata cuando una rama de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) secuestró al gerente general y condenó a muerte a todos los patrones del sector, a los que acusó de explotar a los obreros. La amenaza no era broma: a varios directivos les habían colocado bombas, otros habían sufrido el ametrallamiento de sus lugares de trabajo. La expresidenta, que tenía una relación “difícil” con su padre, nunca mencionó el episodio.

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Eduardo Fernández. | cedoc

Lo primero que es necesario aclarar es que, en aquellos años setenta, ser amenazado no era un hecho demasiado extraño. En particular en 1975 –lo considero el año más violento de la década– entre la guerrilla, las bandas de ultraderecha, los sindicatos, y la cantidad de militantes políticos que portaban armas, las amenazas eran hechos bastante comunes, que en la mayoría de las veces podían pasar desapercibidos para el público en general. Eso no quita que, dependiendo de donde viniesen, los receptores de la amenaza tuviesen una inquietud lógica y precautoria. Este es el caso que voy a contar, porque nunca ni Cristina Fernández, ni sus biógrafos han comentado el tema. 

El empresario. En el libro de Sandra Russo La Presidenta, Cristina cuenta la difícil relación que tuvo con su padre, quien era empresario de colectivos. Este es su relato del día que le presentó a Néstor:

“Cuando Néstor entró por primera vez a casa, con esos anteojos cuadrados y la campera verde, papá me dijo: ‘Este parece que recién hubiera bajado del monte’. Despectivamente. Yo creo que lo veía parecido a los de la JTP que en ese momento manejaban la UTA, con los que él lidiaba como empleador, porque ya era socio de la empresa. Los detestaba. A mi papá, mis abuelos le compraron un colectivo de la línea 3. Fue chofer de su colectivo, y después compró un par más y se hizo socio de la empresa”.

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En La Plata y en otras ciudades, las líneas de colectivos nacían de esa manera. Primero se juntaban dos o tres emprendedores que manejaban su propio colectivo, se convertían en cooperativa, iban creciendo y, tiempo después, se transformaban en empresas. 

Según PERFIL (07-09-2011), “Fernández llegó a tener tres colectivos en la empresa Expreso City Bell. A mediados de 1970 la comisión directiva del Expreso, integrada por Miguel y Pinamonte Valente, Francisco Di Girolamo y Carmelo Alico, entre otros, lo eligió jefe de personal, cargo que ocupó hasta su muerte, el 26 de abril de 1982”.

Si Eduardo Fernández ocupaba el cargo de jefe de personal de la empresa, sin dudas debió tener una relación conflictiva con los delegados sindicales de la época. 

En su libro Sinceramente, dice Cristina: “Néstor parecía un personaje salido del Mayo Francés y me hacía acordar a Daniel Cohn-Bendit con su pelo largo, lacio, anteojos cuadrados y grandes de marco negro, flaquísimo, y una campera color verde oliva que lo hacía parecer –comentario venenoso de mi padre– a un guerrillero que bajaba del monte. Mi padre, Eduardo Fernández, era un radical balbinista que decía que Raúl Alfonsín era ‘zurdo’ –siempre detesté esa expresión–, y Néstor, la verdad... no le gustaba nada. No solo por peronista, sino porque nunca comprendió nuestro vínculo. Ahora que lo pienso a la distancia creo que fue imposible para mi padre, con su visión del mundo y de la vida, entender los códigos de los jóvenes que se encontraban en aquellos años –los 60 y los 70– en medio del vendaval”.

El conflicto y las FAP. Rubén Accinelli realizó un detallado trabajo de investigación sobre el conflicto de choferes de colectivos en La Plata que se extendió de marzo a julio de 1975. El 11 de marzo de 1975, la UTA homologó el convenio colectivo de trabajo. Pero el 18 y 19 de marzo los choferes de La Plata realizaron un paro en disconformidad con los aumentos salariales firmados. Los delegados de las diferentes líneas se oponían a la dirigencia de la UTA, razón por la cual el conflicto se desarrolló al margen de las conducciones sindicales. 

Las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) habían tenido varias divisiones. El grupo de La Plata pertenecía al sector llamado Comando Nacional, que desde una concepción llamada “alternativista” no había abandonado la lucha armada tras la asunción de Héctor Cámpora. El 22 de mayo de 1973 habían asesinado en La Plata al secretario general de Smata, Dick Kloosterman, y el 27 agosto de 1973 a Marcelino Mansilla, jefe de la CGT marplatense. 

Cristina Kirchner cuenta en un libro la difícil relación que tuvo con su padre

Las FAP, al igual que ERP y Montoneros, van a iniciar una práctica de intervenir en los conflictos obreros con acciones militares contra las patronales en conflicto. En Montoneros se le llamó “la paritaria montonera”. Este tipo de intervención generaba no pocos conflictos con los propios trabajadores y las agrupaciones sindicales de izquierda, que criticaban la conducta de reemplazar la “genuina lucha de clases”, por el accionar externo de una especie de superhéroes, que ametrallando al patrón conseguían un aumento de salarios.

Dice Accinelli: “El militarismo obrero significaba también la pérdida del control del conflicto de parte de los delegados obreros; las acciones directas de los grupos armados daban lugar a reacciones igualmente violentas por comandos parapoliciales que actuaban sobre trabajadores que generalmente se encontraban en inferioridad de condiciones para defenderse”.

El 19 de mayo de 1975, la FAP Regional La Plata secuestró a Juan Manuel Flores, gerente de la línea 520. El 21, el diario El Día de La Plata informaba que Flores había sido capturado en la calle 115 entre 528 y 529 del barrio Tolosa. “Los individuos que estaban encapuchados exigieron al gerente que les proporcionara las direcciones de los restantes directivos de la compañía y, además, un aumento de sueldo para el personal obrero”, escribe el diario. En ninguna de las noticias publicadas por El Día, ni en la solicitada que publicaba los aumentos de sueldos, se hacía mención a qué organización o grupo eran los autores del secuestro.

En el comunicado las FAP decían: “Juan Manuel Flores fue sometido a un interrogatorio y juicio, a través del cual fue encontrado culpable, junto a todos los patrones de las líneas de transporte de la Ciudad Eva Perón (La Plata) de: superexplotación sobre los choferes, despidos arbitrarios, mantener condiciones de trabajo insalubres”. Luego de mencionar varios cargos más, sentenciaban: “Por todo esto el Tribunal Obrero de nuestra Organización condeno a muerte a todos los patrones de las líneas 503-508-518-520-561”.

La condena. La línea 520 era la empresa de la cual Eduardo Fernández (el padre de Cristina) era socio y gerente de personal. Aunque eran varios dueños, Fernández entraba en la categoría patrón y, como tal, estaba formalmente condenado a muerte. Agreguemos que, siendo jefe de personal, su exposición a la confrontación con la parte obrera, y por ende a la reacción de la guerrilla, lo convertían en un muy posible blanco de atentados. De hecho, son varios los casos en empresas más grandes donde los gerentes de personal fueron ejecutados por la guerrilla.

Y la amenaza no era chiste, porque en el mismo comunicado las FAP hacían mención a varias “sanciones” anteriores: los “caños” (bombas) puestos a Valente de la 520, Del Bono de la 518, Colluca de la 275, Di Franco de la 561, Llanos de la 508, y el ametrallamiento a Sagasti de la 506.  

En el libro de Laura di Marco, uno de los socios, Carmelo Alico, recuerda: “En los setenta, los montoneros nos quemaban los colectivos. A mí me pusieron una bomba en 7 y 63. Fue duro”.

En 1975 las bombas, los secuestros y las amenazas no eran algo inusual

Dice Accinelli: “Si bien el “tribunal obrero” condenó a muerte a todos los patrones, esa fue conmutada por la publicación de una solicitada en el diario El Día donde la empresa se comprometía a pagar $ 57.000 en concepto de boletera y a otorgar un aumento de $ 93.000 incorporado al básico. El concepto de boletera se refiere a un vacío legal dentro del convenio colectivo de trabajo. El reclamo de los choferes afirma que la prestación del servicio se realiza cumpliendo una doble tarea, la de conductor y la de boletero que, aunque parezca una sola, es doble y merece un pago aparte”. 

Seguramente sin recordar los detalles de este episodio, el 11 de septiembre de 2011, la entonces presidenta criticó “actitudes egoístas, insolidarias, impropias” de los trabajadores del subte que, a modo de protesta, se negaron a recargar las tarjetas de SUBE, porque les provocaba tendinitis. “Vi a mi viejo trabajar en el colectivo, tenía que sacar boleto por boleto. Laburó toda su vida y nunca tuvo tendinitis de nada”, expresó. 

Finaliza Accinelli: “Los miembros del sindicato eran vistos como posibles traidores que mantienen el nivel del conflicto y de las exigencias dentro de los marcos impuestos por el gobierno en concordancia con las empresas. Sin embargo, el nivel de los aumentos salariales obtenidos por los sindicalistas dentro de las discusiones por los convenios colectivos de trabajo alcanzó un promedio del 160%; una cifra mucho más alta que la obtenida por el accionar militarista de la guerrilla”. 

Los recuerdos. Cristina le cuenta a Sandra Russo que su padre detestaba a los de la JTP que en ese momento manejaban la UTA, porque lidiaba con ellos como empleador. Pero no hace mención a la situación de violencia del secuestro de Flores y la bomba a Valente, ambos directivos de la línea 520, que eran amigos y socios de su padre. 

Un dato no menor es que el secuestro y amenaza se produce el 21 de mayo de 1975. Y Cristina y Néstor Kirchner se habían casado unos días antes, el 9 de mayo; o sea que estarían con otras preocupaciones al momento de estos hechos. 

Como decíamos, en esos años, en especial 1975, las bombas, los secuestros y las amenazas de muerte no eran algo sorprendente o inusual para quienes tenían responsabilidades políticas, sindicales o empresariales. Tal vez, el mismo Eduardo Fernández no le dio demasiada importancia en ese momento, o lo ocultó para no preocupar a su familia. Probablemente si uno les pregunta hoy a los hijos de Flores, Valente, Sagasti y demás empresarios agredidos y amenazados, tampoco tengan muy presentes esos episodios. Era normal esos años el criterio “de eso no se habla” dentro de las familias. Y también juegan los mecanismos naturales de la memoria, que borran aquellas cosas que nos duelen. 

La ESMA. Los integrantes del Grupo de las FAP Comando Nacional de La Plata que ejecutó estos hechos, mucho tiempo después de haber dejado de operar militarmente, en agosto de 1979, por una delación obtenida bajo tortura, fueron secuestrados y asesinados en la ESMA. 

El libro Archivos de la ESMA de Editorial Campana de Palo, publicado en 2009, reproduce las confesiones de diez militantes de las FAP. Uno de ellos asume su responsabilidad de dirigir el  secuestro del empresario Juan Manuel Flores. Como las confesiones fueron obtenidas bajo tortura, no considero ético mencionar sus nombres. 

Si Cristina Fernández no hubiese llegado a presidenta, este sería un episodio más de los tantos que ocurrieron en esos años. Especialmente en una ciudad estudiantil como La Plata, donde se cruzaban en sus calles y en sus bares jóvenes militantes de todos los colores con los viejos vecinos de la ciudad. Pero, sin lugar a dudas, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y sus familias, estuvieron en medio de los vientos violentos de aquellos años.

 

*Autor de La lealtad. Los montoneros que se quedaron con Perón y Salvados por Francisco.

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