Hay músicos sobre los que es imposible escribir de forma seca y neutral: su propia figura exige un gran aliento, un gesto amplio, un relato desplegado. Sin duda, entre ellos se encuentra Moshe Ariel Ganelin, reconocido organista, compositor e improvisador.
Ganelin nació en Rusia y desde muy temprana edad demostró un talento musical excepcional. Inició su trayectoria profesional en su ciudad natal, Nizhni Nóvgorod, y más tarde se graduó con honores en el Conservatorio Estatal de San Petersburgo; posteriormente completó también con honores sus estudios en la Southern Methodist University (Dallas, TX). Durante su formación académica fue admitido en la Alpha Chi National Honor Society por sus resultados académicos impecablemente altos. Ganelin es miembro del American Guild of Organists y de la Unión de Compositores de la Federación de Rusia.
Ganelin es ganador y poseedor de varios premios especiales de uno de los concursos de organistas más prestigiosos del mundo: el XI Concurso Internacional M. Tariverdiev, celebrado en Kaliningrado (cuyo proceso de selección se lleva a cabo a escala global — en Estados Unidos, Alemania y Rusia, y desde hace poco también en Asia), así como laureado y vencedor de diversos concursos de composición por las mejores obras para órgano. Las composiciones para órgano de Ganelin se publican en las editoriales Kompozitor Sankt-Peterburg (Rusia) y Wayne Leupold Editions USA.
Ganelin desarrolla una intensa actividad concertística, interpretando tanto repertorio clásico como sus propias composiciones, transcripciones de música sinfónica y pianística, así como improvisaciones.
Los conciertos de diciembre de Ganelin en Buenos Aires se convirtieron en un auténtico acontecimiento en la vida musical de la ciudad y demostraron de manera convincente que no estamos ante un intérprete sobresaliente más, sino ante un artista de enorme envergadura.
El Estudio revolucionario bajo las bóvedas de la catedral
En diciembre, Ganelin ofreció varios conciertos brillantes en la capital Argentina. Actuó el 7 de diciembre en la Catedral Anglicana San Juan Bautista y el 12 de diciembre en la Congregación Luterana Alemana, espacios con ricas tradiciones y destacados órganos históricos. Sin embargo, la culminación de este maratón de conciertos fue la actuación del 21 de diciembre en la Basílica del Santísimo Sacramento. Este templo es una de las joyas arquitectónicas de Buenos Aires, y el órgano Mutin Cavaillé-Coll instalado en su interior es considerado el instrumento más grande de esta legendaria firma organera fuera de Francia y figura con pleno derecho entre los órganos más significativos del mundo.
Precisamente aquí, ante la consola de este monumental instrumento, Moshe Ariel Ganelin se reveló en toda la plenitud de su talento. El concierto en Santísimo Sacramento fue concebido como un programa de carácter académico, casi enciclopédico, que demostraba no solo una técnica virtuosa, sino también un profundo entendimiento del estilo organístico de distintas épocas. Ya al comienzo de la velada sonó la Tocata en do mayor de Johann Sebastian Bach, BWV 564, una obra con un grandioso solo de pedal que exige del intérprete una coordinación excepcional, fuerza y claridad de pensamiento. Todo ello Ganelin lo demostró plenamente en su interpretación de esta obra.
Lógicamente, el programa continuó con obras de la escuela organística francesa, perfectamente adecuadas para el órgano sinfónico Cavaillé-Coll. La música de Louis Vierne y Olivier Messiaen sonó como una prolongación orgánica del espacio del templo: rica en colores, mística, orientada más allá de la experiencia puramente musical. Y cuando Ganelin se volcó a sus propias transcripciones, el público estalló en un auténtico entusiasmo.
Las transcripciones para órgano de obras pianísticas el Estudio revolucionario de Frédéric Chopin y el Momento musical en mi menor de Serguéi Rajmáninov se convirtieron en un auténtico triunfo de virtuosismo. La manera en que Ganelin distribuía la textura entre los manuales y el pedal, cómo interpretaba con los pies las partes de la mano izquierda con rapidez, precisión y una libertad casi acrobática asombró incluso al público más experimentado. Resultó especialmente interesante comprobar cómo estas obras, habitualmente asociadas al sonido del piano, adquieren en el órgano una sonoridad tan natural y una lógica tan claramente sinfónica.
Un lugar especial en el programa lo ocupó la música de autor. El público escuchó dos partes de la Cuarta sinfonía para órgano, subtitulada Escatológica, del propio Ganelin: El tercer movimiento, La Bestia y el falso profeta, así como el final de la sinfonía, La Nueva Jerusalén. Se trata de una música de extrema tensión y gran escala, que apela a las imágenes del Apocalipsis y a la expectativa escatológica. La Bestia y el falso profeta es una música desbordante, arrolladora. La Nueva Jerusalén se desarrollaba desde sonoridades místicas, silenciosas y apenas perceptibles, hasta una culminación extática de dimensiones cósmicas. Cada una de las partes provocó una reacción vehemente en la sala, y el final fue recibido con prolongadas ovaciones.
El concierto culminó con una improvisación sobre temas navideños, un verdadero obsequio para los oyentes en el día del último, cuarto Adviento. Ganelin creó ante los ojos del público toda una sinfonía, entretejiendo en un único tejido villancicos ucranianos y polacos, villancicos de Europa occidental y Adeste Fideles. La improvisación se desplegó como un organismo vivo, que respiraba y se transformaba, y se convirtió, quizá, en el punto emocional más alto de la velada. En una conversación posterior al concierto, Ganelin señaló que la improvisación es para él la forma más directa de expresión artística.
Diálogo de culturas
El órgano ocupa un lugar central en la vida de Moshe Ariel Ganelin, como un instrumento que exige una disciplina prolongada y un tipo particular de pensamiento. La composición de música para órgano es una parte inseparable de su labor creativa. A los 33 años, Ganelin es autor de un amplio corpus de obras, entre ellas The Celtic Lovesong (Canción de amor celta), concierto para órgano y orquesta; el ciclo para órgano y banda de viento In the Meadows of Ireland (En los prados de Irlanda); así como varias sinfonías para órgano y obras de cámara. Su lenguaje compositivo es amplio y dramático, y al mismo tiempo profundamente arraigado en diversas tradiciones culturales.
De especial interés resulta su interacción con diversas culturas del mundo. En su obra se reflejan motivos judíos, cantos maoríes, la filosofía musical india y tradiciones celtas, entre ellas el Concierto para órgano y orquesta o The Druidic Suite para órgano, gaita e Irish whistles. Un lugar destacado lo ocupa también el diálogo con Oriente Medio: la Iranian Sonata Pillars of Light para domra alto y órgano, así como la Sexta sinfonía para órgano con motivos sufíes, evidencian su interés por el intercambio entre distintas tradiciones culturales y muestran de manera elocuente cuán original e inesperadamente utiliza las posibilidades del órgano al recurrir al legado de pueblos muy diversos.
Ante la pregunta sobre un posible acercamiento a los motivos latinoamericanos, Ganelin responde afirmativamente. Según sus palabras, no es la primera vez que recurre a la tradición musical de América Latina: anteriormente ya había interpretado en varias ocasiones improvisaciones organísticas en el espíritu del tango y del malambo, géneros de danza argentinos. En la actualidad, trabaja en un ciclo de gran diversidad estilística para órgano, en el que se combinarán elementos del folclore de los pueblos del Caribe, así como de América Central y del Sur.
Ganelin confiesa que el proceso de composición para él es continuo. Incluso cuando en ese momento no está escribiendo notas, la música sigue formándose internamente: se piensa, se vive, se cristaliza. Este estado de tensión creativa permanente lo considera natural y necesario.
Geografía de la libertad
Desde 2024, Moshe Ariel Ganelin desarrolla su actividad profesional en Argentina y se integró con notable rapidez en la vida musical de Buenos Aires. Subraya que esta ciudad y el país en su conjunto poseen riquísimas tradiciones organísticas, instrumentos históricos y una paleta estilística excepcionalmente diversa. En palabras de Ganelin, Argentina es una auténtica “tesorería” de la cultura del órgano, un legado verdaderamente grandioso. Basta con observar, señala, la singular variedad de órganos presentes solo en Buenos Aires: instrumentos franceses Cavaillé-Coll, alemanes Walcker y Laukhuff, británicos Bishop y muchos otros, un verdadero regalo tanto para los organistas como para el público. En este contexto, resulta especialmente simbólico que para un músico de tal envergadura haya sido precisamente Buenos Aires el nuevo punto de partida en su intensa trayectoria artística.
Aquí, en Argentina, según Ganelin, existe ese grado de libertad creativa sin el cual el trabajo del músico pierde su sentido. Para él, la libertad en el arte es una condición indispensable de la auténtica expresión artística. «Sin libertad no hay creación», afirma Ganelin.