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ESPECTACULOS / dolores fonzi
sábado 7 septiembre, 2019

"El bullying de las redes sociales me satura"

Protagoniza Claudia, que se estrena el jueves. Asegura que utiliza su popularidad para crear conciencia y que desde que la operaron por un cáncer se siente más linda.

Alejandro Lingenti

Pantallas. Reconoce que el teatro le genera ansiedad. Foto: grassi
sábado 7 septiembre, 2019

¿Cuánto habrá de la verdadera Dolores Fonzi en ese personaje obsesivo que interpreta en Claudia, la película de Sebastián De Caro que se estrenará el jueves próximo? Lo responde ella misma: “Yo soy un poco ‘obse’ y perfeccionista, pero no tan ‘control freak’ como ella”, explica. “Es como la versión femenina de Seba”, agrega, en alusión al director del film, crítico de cine, periodista y ex panelista sesudo de Gran Hermano.

A la wedding planner que protagoniza la historia todo le sale bastante mal, pero “eso es justamente lo que la hace graciosa y querible”, opina Fonzi. “Solo el cine independiente puede permitirse una apuesta como esta, que es realmente jugada. Los que vean la película no se van a encontrar con un costumbrismo sin ningún riesgo, esto es otra cosa”, remata.

En el elenco de Claudia también aparecen Laura Paredes, Julieta Cayetina y Julián Kartun, “y todos están geniales”, apunta Dolores. “Hay un montón de citas y referencias porque Sebastián es un fan del cine, pero no hace falta que agarres todas para disfrutarla”, remarca la actriz.  

—Trabajás mucho en cine y bastante menos en teatro y televisión. ¿Por qué?

—Porque el cine me encanta.  Voy todas las semanas a ver alguna película. Es mi plan favorito con mis hijos. Y me monté un cine en casa, también. Yo me siento muy cómoda en el espacio del proceso creativo de un rodaje. Soy un bicho de cine, más que de teatro. A mí el teatro me provoca mucha ansiedad. En una película voy preparando mi papel, consensuándolo con un equipo. Se va armando paulatinamente un juego y, cuando se prende la cámara, ya existe el personaje, ya venís con un buen back. Me cuesta mucho la exigencia del teatro, la idea de que tenés que llegar al cien por cien de lo que desea un director ensayando en una sala gris, sin público ni escenografía. Los actores de teatro están acostumbrados a darlo todo en un ensayo, y yo necesito la sala llena, sentir la cercanía de la gente.  

—¿Cómo solés llevarte con los directores? ¿Opinás mucho durante un rodaje?

—Me gusta mucho que me dirijan. Si vos le preguntás a un director: “¿Esa puerta la cierro o la dejo abierta?” y te contesta: “Como vos quieras”, ya sabés que esa película la dirigís vos, y no él. Lo dijo Bette Davis, pero lo podría haber dicho cualquier otra diva de Hollywood. Si un director no sabe bien lo que quiere, es muy difícil... Una orden concreta te salva. Yo me resguardo en eso, y lo prefiero mil veces antes que tener que inventarme un personaje. No soy de las actrices que están pendientes de un plano, que si es más corto, que si es más largo... Ni ando contando los minutos que estoy en cámara. Esa cosa mezquina de algunos colegas me resulta desagradable.

—¿Cómo definirías tu estilo como actriz?

—No siento que soy mejor ni peor que nadie, pero sí sé que tengo una virtud, la de estar muy presente en cada papel que hago. Entonces, no me armo unos muñecos muy excedidos, porque siento que me pueden desconectar de la realidad de estar en cámara. El personaje que interpreto en Claudia maneja un nivel de expresividad que yo no había encarado antes, pero siempre trabajo desde una verdad, eso es clave para mí.

—Te venís involucrando mucho en los reclamos del feminismo. En la época de las redes sociales eso puede generar reacciones destempladas. ¿Te afectan?

—A veces pienso que me gustaría ser como una actriz europea, que muestra su nuevo corte de pelo y cómo le queda un jean. Porque la verdad es que el bullying de las redes sociales me satura bastante. Me pregunto quién me manda... Pero es una época que me interpela y quiero participar. Por mí, por mi hija... Me dejo atravesar por la época, quiero ser responsable con el espacio que ocupo dentro de este sistema, que convierte a las actrices en personajes populares. Uso esa popularidad para cuestionar, para generar conciencia. Y me doy cuenta de las operaciones que se hacen para romper esa lógica, para quebrarnos.

—Dosificaste un poco tu participación en las redes sociales.

—Sí, bastante. Sobre todo porque ahí hay mucho veneno. Trato de no tomármelo como algo personal, pero un poco me termina afectando. Se dice cualquier cosa, y con una agresividad que me asombra. Veo que muchas veces se dice que el feminismo se pasa de rosca, pero habría que tener en cuenta que durante años estuvieron pasados de rosca con nosotras. Es un proceso que está en pleno desarrollo y que necesita un tiempo para acomodarse. Lo que venía pasando con las mujeres era una olla a presión que en algún momento iba a explotar. Y sigue pasando, además. Entiendo que los hombres tengan problemas para ubicarse en este nuevo contexto, pero no me imagino de qué otra manera podría haberse dado todo esto. No me lo imagino y ya estamos en esta, así que ahora hay que bancársela. Vamos a seguir peleando para igualar derechos.

—¿De dónde sacás la fortaleza para sostener esa pelea?

—Vengo de una situación muy complicada. Tuve que operarme en abril por un cáncer y eso me cambio la perspectiva de todas las cosas de una manera radical. Las prioridades que tenía se fueron al carajo. Al mismo tiempo, me siento más linda y más sana que nunca. Me alimento bien, entreno y disfruto de mis hijos. En lugar de perder el tiempo en Twitter, me armé un cine en casa. Ahora pongo Los Goonies, la veo con mis hijos y la paso bomba.

 

Críticas al INCAA

En medio de un panorama complicado para su gremio, Dolores Fonzi mantiene una agenda bien cargada. Antes de que termine el año viajará a España para sumarse al elenco de una serie que dirigirá el catalán Oriol Paulo (cuya ópera prima, Los ojos de Julia, fue producida por el mexicano Guillermo del Toro) y luego se abocará a conseguir financiamiento para su primera película como directora. Antes se estrenará en Argentina Así habló el cambista, largo del uruguayo Federico Veiroj que acaba de ser presentado en el Festival de Toronto. Y Netflix lanzará muy pronto Distancia de rescate, un film basado en la celebrada novela de la escritora argentina Samanta Schweblin que dirigió la peruana Claudia Llosa y tiene como protagonistas a la actriz argentina y a la española María Valverde. En esa misma plataforma de streaming se lanzará Puerta 7, una serie sobre el mundo de las barras bravas que Pol-ka produjo para Netflix, con Fonzi en el protagónico, Esteban Lamothe, Carlos Belloso, Daniel Aráoz, Juan Gil Navarro y Antonio Grimau como compañeros de elenco, y Adrián Caetano en la dirección. Con su actual pareja, el cineasta Santiago Mitre, planifica una serie de ficciones de temática femenina que arrancaría con un largo de Mariano Llinás que tendrá a la hermana de ese director, Verónica Llinás, y a Dolores en los roles principales.

“Yo tengo trabajo, pero eso no impide que vea la realidad en la que vivimos –asegura Fonzi–. Estos últimos años fueron un auténtico desastre. Se percibe muy claramente la crisis del cine y la televisión en la Argentina. Sobre todo si comparamos con lo que pasó con el gobierno anterior, que promovió muchísimo la actividad con subsidios para películas, series, miniseries... En aquella época la gente podía concretar sus proyectos. Hoy es todo frustración. Yo tengo un guion terminado y hace rato que quiero dirigir, pero es imposible porque vaciaron el Incaa”.


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