ESPECTACULOS
Caetano Veloso

"No a una América latina con líderes populistas"

Autocrítico de su obra, reconoce que Fina estampa tiene la magia que le falta a A Foreign Sound, grabado en inglés,y dice que Cé lo acerca más al rock. Habla bien de Gilberto Gil, pero aconseja a los artistas no acercarse al poder; critica a Hugo Chávez y asegura que no se arrepiente de haber votado a Lula solamente en 2002.

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Buenas noticias para los numerosos fans de Caetano Veloso en la Argentina. A fines de agosto –los días 27, 28, 29 y 30– el artista brasileño estará de nuevo en Buenos Aires para presentarse en el teatro Gran Rex, donde mostrará las canciones de , su último disco hasta la fecha, de su extensa carrera iniciada a fines de la década del 60. Vendrá con la banda que lo acompañó en ese álbum – Pedro Sá (guitarras), Ricardo Dias Gomes (bajo y piano) y Marcelo Callado (batería), una formación básica de rock. Las entradas para los conciertos ya están a la venta, y la demanda, como es costumbre con Caetano aquí, es alta, y también alto el valor de los tickets (de $50 a $220). Antes de llegar a Buenos Aires, el brasileño, que cumplirá este 7 de agosto 65 años, emprenderá un tour latinoamericano en Lima (Perú), Bogotá (Colombia), San José (Costa Rica), Santo Domingo (República Dominicana), Guadalajara, Zacatecas y Distrito Federal (México). “ No tengo una vida tan rutinaria –le dice a PERFIL, desde su oficina en Río de Janeiro–. Viajo mucho cuando estoy de gira y eso siempre es movilizador. Cuando paro, vuelvo a mi casa en Rio y trato de dedicarle mucho tiempo a mi familia, a mis hijos... El tiempo pasa, las cosas siempre van cambiando”.

—¿Y en el aspecto estrictamente musical, tiene temor a la repetición, a la rutina?
—No, no tengo ese temor. Aunque canciones son canciones, siempre son, de algún modo, repetición.

— Casi todos los músicos dicen que su mejor trabajo es el último. ¿Usted piensa eso?
—Bueno, yo hice cosas a fines de los 60 que fueron muy consecuentes, que tuvieron mucha fuerza y mucha importancia histórica. No creo que después de eso haya hecho algo similar, con esa potencia a nivel simbólico. Pero a la vez hay cosas que hice hace unos años que me parecen, desde el punto de vista de la calidad musical, de lo mejor de mi carrera: los discos Livro (1998) y Noites do Norte (2001), por ejemplo. Sobre todo Livro. Estrangeiro (1989) y Circuladô (1991) también forman parte de un período que considero muy bueno. Y Fina estampa (1994, con grandes clásicos del repertorio latinoamericano), que me ha dado muchas satisfacciones y aún hoy me sigue gustando mucho. A Foreign Sound (1994, con versiones de lo mejor de la tradición norteamericana), en cambio, es un disco muy rico en ideas sonoras y muy bien hecho, pero admito que no tiene la magia de Fina estampa. Y Cé(2006) me gusta por la situación inusitada de haberlo grabado con un trío de rock, una formación muy básica.

—¿Considera que es su disco más rockero?
—Más o menos... Uns (1983) y Velo (1984) son muy rockeros también, aunque tienen un sonido muy fechado en los 80... El sonido de Cé es mucho mejor. Mi interés por el rock empezó hace cuarenta años, cuando inicié mi carrera, y nunca me alejé de ese interés. Así como en Cé compuse pensando en la banda con la que terminé tocando, ya había hecho eso mismo en Transa (1972).

—Ha dicho mucho sobre Gilberto Gil como músico. ¿Qué opina de su gestión como ministro de Cultura en Brasil?
—Yo hubiese preferido que no se involucre en política, pero bueno... Gilberto ha elegido eso y sé que le gusta, que lo reconforta. Su gestión hasta hoy es muy buena, porque él le da mucha visibilidad a su trabajo. Hizo cosas muy interesantes, como los “puntos de cultura” (Gil declaró hace poco que “una cultura que en términos relativos es pequeña, debe hacer un esfuerzo de internacionalización” y por eso impulsó los “puntos de cultura”, que “actuarán como instrumento de divulgación de la cultura digital”).

—Usted fue uno de los referentes del tropicalismo, un movimiento que con el paso del tiempo adquirió relevancia política.
—Cuando nació el tropicalismo, los artistas más políticos de la época odiaban lo que hacíamos. Decían que era alienado, extranjerizante, vendido al imperialismo norteamericano, comercial... Con el tiempo eso cambió, y el tropicalismo, es cierto, ganó en importancia política. Hoy ya no hay dudas de eso. Pero sigo sosteniendo que las canciones no pueden ser valoradas por su contenido político, que ésa no es la mejor manera de valorarlas. Y que el contacto directo con el poder oficial no es, en general, muy aconsejable para un artista.

—¿Qué opina de Lula, el presidente brasileño?
—Yo lo voté en el 2002 para que llegara a la presidencia, pero no para su reelección. Y no me arrepiento de ninguna de esas decisiones. Es importante históricamente que él haya llegado a la presidencia porque era un chico pobre que primero fue operario industrial, luego sindicalista y finalmente presidente... Es una historia muy interesante porque simboliza el deseo de movilidad social de la población brasileña. Brasil es un país con una tremenda injusticia social. Su gobierno tiene esta importancia histórica, que aún hoy es celebrada; pero Lula también ha tomado algunas determinaciones en el terreno de la economía que son muy ortodoxas, muy conservadoras. Y ha implementado políticas que buscan la simpatía de la izquierda y yo no apruebo el hacer lo que sea para conservar el poder, algo horrible, muy típico de lo peor de la izquierda. Es un tipo de corrupción, de alguna manera, algo que se hace sin culpa porque se supone que no es para el que lo hace sino “para la Historia”. Eso no me gusta nada, la verdad. Pero creo que sigue siendo una experiencia interesante, una especie de punto de equilibrio entre Bush y Chávez.

—Ya que lo menciona, hablemos de Chávez.
—Su gobierno tiene las características de los populismos latinoamericanos más anticuados. Funciona porque en Venezuela hay petróleo. Es un caso muy similar al de otros países con mucho petróleo, donde se nota una tendencia al debilitamiento de la democracia, porque se produce mucho dinero a partir de un solo recurso. El populismo de Chávez no tiene mucho cuidado con las formalidades democráticas, por otra parte. Es como la burka, algo anticuado que se ha convertido circunstancialmente en un símbolo del presente. El habla de socialismo del siglo XXI, pero es una etapa superada. Digo no a las mujeres con burka y no a una América latina con líderes populistas.

—¿Cree que tiene vigencia el combate contra el imperialismo cultural?
—A mí eso ya me parecía fuera de moda en el 67, pero hoy puede ser que esté de moda, como la burka y Hugo Chávez (risas). Creo que hay que mirar esto con mucha ironía. La realidad es que la cultura de masas norteamericana es un factor inevitable e innegable que se desarrolló en todo el siglo XX y hoy sigue teniendo plena vigencia. Eric Hobsbawm, el famoso historiador inglés marxista, escribió que en el siglo XX, en la época de la cultura de masas, todo es americano o no es. Y que la única excepción es el deporte: a todo el mundo le gusta el fútbol y los norteamericanos no lo entienden; a ellos les gustan deportes que los demás no disfrutan tanto. Pero en todo lo demás –cine, música, comida barata– han impuesto una pauta.

—Esta semana murieron dos grandes directores de cine, Michelangelo Antonioni e Ingmar Bergman. Usted es un reconocido cinéfilo. ¿Qué pensó cuándo se enteró de las noticias?
—Que nos quedamos sin dos figuras muy importantes de la historia del cine, dos artistas geniales. He visto casi todas las peliculas de ellos. Antonioni era mi amigo, además. Compuse una canción llamada “Michelangelo Antonioni” que incluí en el disco Noites do Norte como prueba de esa amistad. Sé que a Bergman no le gustaba nada el cine de Antonioni, pero a mí me gusta la obra de los dos. La aventura y El pasajero (ambas del italiano) son dos de mis películas favoritas.