Por años, los americanos usaron la expresión “veneno de taquilla” para definir a aquellas figuras que, habiendo gozado de un éxito descomunal, dejaban de contar con el favor del público. Lejos de tratarse de un proceso largo, ligado a la decadencia, la distancia entre el estrellato y la caída podía ser una única película fallida. A los ojos de los productores hollywoodenses de antaño, Nicolás Repetto, con su secuencia de fracasos, no sólo sería considerado un “animal venenoso”, sino que también estarían seriamente comprometidas sus posibilidades de encontrar antídotos. Por mucho menos, varias estrellas fueron enviadas al mismo freezer que Walt Disney. ¿Que el viejo Walt no está congelado? Las estrellas en cuestión tampoco. Se trata de un eufemismo que suaviza su salida de circulación.
Más relajados que nuestros vecinos del norte, una vez que los latinos encontramos alguien a quien amar, somos muy permisivos en eso de exigir triunfos. Claro que, permisividad incluida, la apatía de los seguidores de Nico empieza a resultar preocupante. Porque una cosa es reírse cuando el héroe se cae, y otra muy distinta es seguir caminado como si no existiera. En comparación, los tropezones de Tinelli son un espectáculo sangriento que se resume: nosotros le tiramos los leones y el hombre, escudado en las ideas de siempre, resiste. Algo parecido ocurre con Mirtha y Susana; relación intensa que nos lleva a querer matarlas sin desear que se mueran. En caso de que cualquiera de estos tres monstruos (en el sentido más amplio posible) se vaya, somos capaces de llorar debido a que nos quedamos huérfanos. ¿Y Repetto? Punta del Este le sienta bien. El transgresor de barrio que hacía suspirar a las vecinas se convirtió en una especie de ícono cool apto para el paladar europeo. Su gran problema es que, por estos pagos, la versión de los Beckham que funciona es la que encarnan el Cholo y la Chola Simeone. ¿Se entiende? Nico agoniza a la sombra de un concurrido argumento: “No sos vos, soy yo”, le dice al público al tiempo que le dedica lo mejor de su indiferencia.
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Filósofo y publicista (*)