La depresión puede afectar diferentes aspectos de la vida cotidiana. El sueño, la energía, el movimiento, la concentración y hasta la percepción del propio cuerpo pueden verse modificados. Muchas personas comienzan a moverse menos, abandonan actividades que antes disfrutaban y dejan de prestar atención a sus propias necesidades.

Entonces aparece una pregunta interesante: ¿podemos separar completamente lo que sentimos de lo que ocurre en nuestro cuerpo?
Nuestro cuerpo y nuestra mente están permanentemente comunicándose. El estrés sostenido y los estados emocionales difíciles pueden acompañarse de tensión muscular, cambios en la respiración, alteraciones del descanso y modificaciones en nuestros hábitos cotidianos.
Y cuando dejamos de movernos, descansamos peor o dejamos de cuidarnos, podemos entrar en un círculo que afecta nuestro bienestar general.
Desde la quiropraxia existe una mirada integral que contempla la relación entre la columna, el movimiento y el sistema nervioso. A través de ajustes específicos, se busca favorecer un funcionamiento adecuado del sistema nervioso y acompañar al organismo dentro de un abordaje que contemple a la persona en su totalidad.
Pero hay algo fundamental que debemos aclarar: la quiropraxia no es un tratamiento para la depresión ni reemplaza la atención de profesionales de la salud mental.
Una persona que atraviesa una depresión necesita ser escuchada, comprendida y acompañada profesionalmente. Psicólogos y psiquiatras cumplen un papel fundamental y, cuando corresponde, la medicación puede formar parte de ese proceso.
La quiropraxia puede considerarse, cuando resulta adecuada para la persona, como parte de un abordaje complementario que también contemple el cuerpo, el movimiento y los hábitos saludables.
Porque muchas veces, cuando atravesamos un momento emocional difícil, dejamos de cuidarnos. Dejamos de movernos. Dormimos peor. Nos aislamos. Abandonamos actividades que antes nos hacían bien.
Y poco a poco, el cuerpo también empieza a reflejar aquello que estamos viviendo.
Por eso, hablar de salud integral no significa restarle importancia a la salud mental. Significa comprender que somos una unidad.
No tenemos una mente por un lado y un cuerpo por otro. Tenemos un organismo que siente, piensa, se mueve, se adapta y responde constantemente a lo que vivimos.
Quizás acompañar a una persona que atraviesa una depresión también implique ayudarla, de a poco, a volver a habitar su cuerpo.
A moverse. A respirar. A descansar. A sentirse escuchada.
Y, sobre todo, a entender que pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es una forma de empezar a cuidarse.
María Sol Marfil
Licenciada en Kinesiología
Quiropráctica
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