En los últimos años, un nuevo concepto ha comenzado a tomar fuerza en la medicina moderna: la diabesidad. Este término, que combina diabetes y obesidad, refleja una realidad cada vez más frecuente y preocupante: ambas condiciones no solo coexisten, sino que están profundamente conectadas.
La obesidad no es simplemente una cuestión estética. Es una enfermedad crónica del tejido adiposo que altera múltiples sistemas del organismo. Cuando se acumula grasa, especialmente a nivel abdominal, se generan sustancias inflamatorias que afectan la acción de la insulina, la hormona encargada de regular el azúcar en sangre. Este proceso, conocido como resistencia a la insulina, es el primer paso hacia el desarrollo de diabetes tipo 2.
Desde el punto de vista epidemiológico, las cifras son contundentes. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 1.000 millones de personas viven con obesidad en el mundo, y más de 500 millones con diabetes. Se estima que más del 80% de las personas con diabetes tipo 2 tienen sobrepeso u obesidad. Pero lo más importante es comprender que la diabesidad no aparece de un día para el otro: es el resultado de años de hábitos poco saludables, sedentarismo, estrés y, en muchos casos, falta de diagnóstico oportuno.
El diagnóstico implica evaluar ambas condiciones de manera integral. El índice de masa corporal y la circunferencia de cintura permiten estimar el exceso de grasa corporal, especialmente visceral. A su vez, estudios como la glucemia en ayunas, la hemoglobina glicosilada (HbA1c) o la prueba de tolerancia oral a la glucosa permiten detectar alteraciones en el metabolismo glucídico, incluso en etapas tempranas como la prediabetes.
El tratamiento requiere un enfoque personalizado y sostenido. No se trata solo de “bajar de peso”, sino de mejorar la salud metabólica. La base está en los cambios en el estilo de vida: una alimentación equilibrada, rica en alimentos reales y con bajo índice glucémico, actividad física regular —con énfasis en ejercicios de fuerza para preservar masa muscular—, buen descanso y manejo del estrés. Además, hoy contamos con tratamientos innovadores que no solo ayudan a controlar la glucosa, sino que también favorecen la pérdida de peso y reducen el riesgo cardiovascular. En algunos casos, la cirugía bariátrica puede ser una herramienta eficaz.
La buena noticia es que se puede prevenir e incluso revertir en sus etapas iniciales. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo generan grandes resultados. No se trata de prohibiciones ni de dietas extremas, sino de construir hábitos sostenibles.
Hablar de diabesidad es hablar de prevención, de calidad de vida y de futuro. Como médica, pero también como mujer y madre, creo profundamente en el poder de la educación en salud en todos los ámbitos. Porque cuanto antes actuemos, mayores serán las oportunidades de cambiar el rumbo.
La diabesidad no es una condena. Es una señal de alerta. Y también, una oportunidad. No es el futuro, es el presente. Ignorarla tiene consecuencias; abordarla cambia resultados. Detectar, intervenir y sostener hábitos no es opcional, es estratégico. La diferencia entre progresión y control empieza con una decisión a tiempo.
Dra. Cecilia M. López, Médica clínica, Diabetóloga y especialista en Obesidad
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