En el universo íntimo de la salud reproductiva, donde conviven el deseo, la espera y la incertidumbre, la Dra. Gabriela Basualdo construye un espacio de contención y conocimiento. Con una mirada que integra el rigor científico y la empatía, acompaña a cada paciente en uno de los procesos más significativos de su vida.
Tocoginecóloga especializada en fertilidad, la Dra. Gabriela Basualdo encontró en la medicina reproductiva un camino donde lo clínico y lo emocional se entrelazan de manera única. Desde su consultorio —y también a través de sus redes (@dra.gabrielabasualdo)— brinda información clara, derriba mitos y acompaña a mujeres y parejas en la toma de decisiones sobre su salud reproductiva.

¿Recordás en qué momento sentiste que la fertilidad iba a ser el eje de tu camino profesional y personal como médica?
Desde que estaba en la carrera de Medicina supe que quería especializarme en ginecología y obstetricia, y ya en ese momento sentía que más adelante la fertilidad iba a ocupar un lugar central en mi camino.
Siempre me interesó entender cómo funcionan las hormonas en el cuerpo y cómo nos atraviesan en todos los aspectos de la vida. La medicina reproductiva reúne todo eso que me apasiona estudiar, pero además tiene algo muy especial: el vínculo con la paciente.
En fertilidad no solo abordamos lo médico. Acompañamos miedos, deseos, frustraciones y esperanzas. Muchas veces también acompañamos a la pareja. Es un camino que puede ser largo, difícil y lleno de desafíos, y en ese proceso yo no soy solo su médica: soy una guía.
Se genera un lazo muy fuerte. Las pacientes se aferran mucho a uno, y esa confianza es una enorme responsabilidad, pero también uno de los aspectos más lindos de esta especialidad.
¿Cuáles son las consultas más frecuentes que recibís hoy en tu consultorio?
En general, la mujer suele ser quien da el primer paso y consulta. Hoy existe mucha más conciencia sobre la importancia del paso del tiempo y sobre cómo la edad puede impactar en la fertilidad.
Una de las consultas más frecuentes tiene que ver con saber si pueden quedar embarazadas o, más específicamente, conocer cómo está su reserva ovárica. Muchas mujeres llegan buscando información, herramientas y tranquilidad para entender en qué momento reproductivo están.
También recibo muchas consultas de mujeres que aún no desean ser madres, pero que saben que tal vez quieran serlo en algunos años. En esos casos, se interesan por la congelación de óvulos como una forma de preservar su fertilidad.
Esto es algo muy positivo, porque les permite empoderarse, tomar decisiones informadas y planificar su maternidad de acuerdo con sus tiempos personales, profesionales y emocionales.
En una especialidad atravesada por tanta expectativa y emoción, ¿cómo acompañás a las pacientes en los momentos más difíciles sin perder la sensibilidad?
Se genera un vínculo muy especial con las pacientes, porque sus preocupaciones también pasan a ser parte de las mías. Intento acompañarlas desde la empatía, escuchando activamente y explicando con claridad cada uno de los procesos que vamos atravesando.
Trabajo mucho en la idea de equipo: no es la paciente por un lado y la médica por otro, sino que estamos juntas buscando el mismo objetivo. Creo profundamente que la combinación de empatía y rigor científico es la única manera de transitar estos momentos difíciles sin perder la sensibilidad, pero también brindando seguridad y contención. La información es poder y empoderamiento.
¿Qué creés que todavía se habla poco —o mal— cuando se trata de fertilidad femenina?
Todavía hay muchos tabúes alrededor de la fertilidad. Incluso el solo hecho de consultar ya es movilizante: muchas mujeres llegan preguntándose “¿hay algo mal en mí?”, y no necesariamente es así. Consultar también es informarse, prevenir y tomar decisiones a tiempo.
Se habla poco —y a veces mal— de temas como la criopreservación de óvulos, que aún genera controversia, cuando en realidad es una herramienta válida para planificar el futuro reproductivo. Y ni hablar de la ovodonación, que muchas veces sigue siendo vista desde un lugar negativo o con prejuicios sociales.
En esos casos, el rol médico también es acompañar mucho en lo emocional: ayudar a la paciente a procesar el duelo genético, a comprender sus opciones y a poder tomar decisiones informadas, sin culpa. Creo que falta más información clara y, sobre todo, más empatía social para poder hablar de fertilidad sin juicios.
¿Qué consejo le darías a una mujer que recién empieza a informarse sobre su salud reproductiva?
Le diría que consulte siempre, especialmente si tiene dudas sobre su fertilidad o incluso si simplemente quiere planificar a futuro. Informarse a tiempo permite conocer, por ejemplo, su reserva ovárica y tomar decisiones con más herramientas y tranquilidad.
Es fundamental no esperar: la consulta precoz brinda más opciones y mayor margen de acción.
También es muy importante no transitar este camino en soledad. Contar con el acompañamiento de la pareja —cuando la hay— o de una red de apoyo hace una gran diferencia, porque todo el camino a la maternidad también implica un proceso emocional que merece ser contenido.