Leer las ciudades con un plano no siempre alcanza. A veces hay que aprender a leerlas con la mirada. Barcelona, por ejemplo, no se agota en sus calles ni en sus recorridos turísticos. Hay zonas de una ciudad que no se visitan: se interpretan. Y la obra de Antoni Gaudí pertenece a esa categoría. No se deja ver del todo en una primera impresión. Exige pausa, observación y una pregunta más profunda: qué sostiene realmente su belleza.
Durante mucho tiempo, la geometría fue presentada como una disciplina fría, lejana, casi mecánica. Sin embargo, frente a la obra de Gaudí ocurre algo distinto: las formas no parecen surgir de una abstracción vacía, sino de una inteligencia que dialoga con la naturaleza, con la luz, con la materia y con el tiempo. Sus curvas no son un gesto ornamental; sus columnas no son simple soporte; sus superficies no son rareza. Todo responde a una lógica. Y justamente allí aparece una idea que hoy me interesa rescatar: la de una geometría de la esperanza.

No hablo de una esperanza ingenua. Hablo de una esperanza como método: mirar, comprender, probar, ajustar y sostener. En Gaudí, lo incompleto no se descarta: se continúa. Lo imperfecto no se niega: se trabaja. La belleza no aparece como perfección, sino como coherencia.
Desde hace años trabajo en el cruce entre geometría, arte y arquitectura, convencida de que la matemática puede recuperar espesor humano cuando vuelve a encontrarse con la experiencia estética, la observación y el sentido. De eso tratará mi charla “Gaudí: Geometría de la Esperanza”: de aprender a leer una obra para leer también de otro modo nuestras propias posibilidades de creación.
Porque a veces la esperanza no empieza con una gran certeza. Empieza, simplemente, con una línea. Y con la decisión de aprender a leerla.
Lic . Prof. Miryam J. Mazzitelli
www.miryammazzitelli.com