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Liderar el cambio también es saber comunicarlo

Por Alejandra Escobar Bravo, Head de Comunicaciones y Asuntos Corporativos en Holcim Latam.

Liderar el cambio también es saber comunicarlo
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Vivimos un momento en el que transformar dejó de ser una elección para las empresas. La innovación, la inteligencia artificial, la sostenibilidad y las nuevas expectativas de la sociedad están redefiniendo la manera de hacer negocios. En ese contexto, solemos hablar mucho de tecnología, estrategia, inversión, modelos, entre otros. Pero hablamos menos de una condición indispensable para que cualquiera de esas transformaciones funcione: que las personas entiendan hacia dónde vamos, por qué necesitamos cambiar y cuál es nuestro papel en ese cambio.

Porque una estrategia puede estar perfectamente diseñada y aun así fracasar si quienes deben hacerla realidad no la comprenden, no confían en ella o simplemente no la sienten propia. Ahí es donde la comunicación deja de ser una función de soporte para convertirse en un componente esencial del liderazgo.

Durante mucho tiempo entendimos la comunicación corporativa, principalmente, como la tarea de contar lo que una empresa hacía: explicar decisiones, construir reputación, relacionarse con sus públicos. Y si, ese rol sigue siendo importante, pero hoy resulta insuficiente. En organizaciones sometidas a transformaciones cada vez más rápidas, comunicar también significa dar sentido al cambio.

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Y dar sentido no es simplificar la realidad ni tener un mensaje para cada incertidumbre. Es ayudar a conectar las decisiones de hoy con el lugar al que queremos llegar mañana. Es explicar no solamente qué está cambiando, sino por qué. Es reconocer las preguntas que todavía no tienen respuesta. Y, sobre todo, es escuchar.

Esto supone cambiar una lógica profundamente arraigada en muchas organizaciones: aquella en la que primero se toman las decisiones y después se llama a Comunicaciones para anunciarlas. Cuando la comunicación llega al final, puede explicar una transformación. Cuando está presente desde el comienzo, puede ayudar a hacerla posible.

En industrias que atraviesan cambios estructurales, como la construcción, esta diferencia es especialmente relevante. Descarbonizar una industria intensiva en materiales, incorporar nuevas tecnologías, desarrollar soluciones más sostenibles y transformar procesos construidos durante décadas exige innovación e inversión. Pero también exige algo menos tangible y quizás igual de complejo: educar y cambiar comportamientos, prioridades y maneras de pensar.

La transformación tecnológica puede comprarse. La transformación cultural, no.

En la compañía de la cual soy parte, hablamos de acelerar el crecimiento sostenible para construir progreso para las personas y el planeta. Pero ningún propósito corporativo tiene verdadero valor por estar escrito en una estrategia o repetido en una presentación. Cobra sentido cuando una persona puede conectar ese propósito con una decisión concreta que toma cada día; cuando entiende que su trabajo, independientemente de su función, contribuye a una transformación mucho más amplia.

Por eso creo que uno de los grandes cambios en el liderazgo contemporáneo es aceptar que liderar ya no significa tener todas las respuestas. En escenarios de enorme complejidad, esa expectativa no solo es poco realista: puede ser contraproducente. Liderar es saber hacer las preguntas correctas. Es escuchar antes de responder. Es ser capaz de explicar una decisión difícil sin esconder su complejidad. Es construir confianza incluso cuando no existe certeza absoluta sobre lo que viene.

Y es precisamente esa complejidad la que nos hace reconocer los límites de nuestra propia mirada. Como mujer que ha desarrollado su carrera en distintos sectores y entornos corporativos, también he sido testigo de otra transformación: organizaciones que comenzaron a comprender el valor de incorporar miradas diferentes. La diversidad importa, por supuesto, como cuestión de representación. Pero también importa porque mejora nuestra capacidad de comprender una realidad cada vez más compleja. Cuando los desafíos tienen dimensiones económicas, sociales, ambientales y tecnológicas al mismo tiempo, difícilmente puedan resolverse desde una única perspectiva.

El liderazgo actual aporta justamente eso, nuevas formas de escuchar, de construir consensos y de impulsar transformaciones desde la colaboración. No se trata de liderar desde una sola mirada, sino de demostrar que los mejores liderazgos son aquellos que habilitan el talento de otros y generan confianza para avanzar juntos.

En un contexto donde la información circula en tiempo real y la tecnología cambia permanentemente las reglas de juego, las empresas que marcarán la diferencia serán aquellas que logren combinar innovación con cercanía, estrategia con escucha y propósito con acción.

Porque transformar una organización no empieza con un anuncio, una nueva estrategia o una nueva tecnología. Empieza cuando las personas entienden el rumbo, confían en él y encuentran una razón para hacerlo suyo. Liderar el cambio, en definitiva, también es lograr que otros quieran construirlo contigo.