Cada día sorprende más la falta de espontaneidad a la hora de comunicarnos en vivo y en directo.
Ver la ausencia de miradas, saludos, reuniones familiares o sociales, siendo cada vez más raras, donde antes era tan natural y cotidiano, como salir del trabajo y tomar un café en compañía.
El tiempo parece desvanecerse con las agujas del reloj, la vertiginosidad cotidianaha sustituido el “espacio-tiempo” que dábamos a las relaciones humanas frecuentes.
A través de las redes figuran miles de amigos, likes, saludos escritos, posteos y fotos personales sobre la vida de cada quien, hasta mensajes de cumpleaños, pero…solo suelen estar en el mundo virtual.
La soledad se apoderó cual lluvia inesperada y sin paraguas, sobre todo tipo de generaciones, desde los veintiañeros hasta los octogenarios.
Es notable que la relación más íntima y frecuente sea con lo que ya forma parte de un apéndice del cuerpo humano, el móvil, ese artefacto se ha transformado en motivo de inquietud permanente, adicción, cúmulo de datos de vida, y junto al chat, el más frecuentado consejero. Así, olvidarlo en algún sitio, es como haber perdido la cabeza, y muy seguido, ya que la ansiedad que genera no tenerlo cerca, es casi insoportable para la mayoría de la gente de toda edad, que suela tenerlo consigo.
La relación virtual con el mundo, a fracturado la consciencia general, pues ya no sabemos diferenciar lo real de lo que no, todo puede ser ficción, realizado por IA, y ese sentir se instala en la indiferencia frente a los hechos reales de la vida, aún frente a tragedias colectivas, mientras no toquen a la puerta.
Sabemos tantas cosas, recibimos tanta información, y se suele no poseer la formación que capacite procesarla, asirla, comprenderla y así poder tomar acción coherente frente a los hechos.
Un ejemplo, sería la unión de toda la humanidad conectada para pedir la Paz, no te parece?
Así, en un momento tan crítico, frente a tantos sucesos indigeribles, gran parte de la reacción colectiva es cual avestruz, metiendo su cabeza en algún hueco del suelo.
Si bien cada cual alcanza la verdad que puede resistir, como humanos, perder las características propias de la humanidad, es lo que jamás debemos permitir, si queremos seguir siéndolo. Claro que, no todo es humano en este mundo, aunque lo aparente, y otro tanto, se subestima y desconoce tanto los atributos humanos, que prefiere modificarse con el transhumanismo, o robotizarse.
Creo que estamos en la antesala de una “revolución renacentista humana”, donde los verdaderos valores y virtudes de la natural inteligenciavolverán, para no perderse por siempre jamás.
La gente se comunicará en vivo y en directo, sin precisar redes de contacto para una cita, se utilizará el teléfono para llamar y hablar, sin dejar mensajes de audio o texto, sino comunicándose, reuniéndose para volver a mirarse a los ojos.
Si, si…ya se, te parece irreal, no?Se perdió la costumbre? O crees que el mejor compañero será un robot?
Comunicarnos forma parte imprescindible del “Ser Humano”.
Nada reemplaza la presencia, el afecto, los sentimientos, el amor, que solo se crea en directo.
La ausencia es solo eso, ausencia o irrealidad virtual.
Y…se volverán a cruzar las miradas, a estrechar los saludos de manos y abrazos, habrá mesas compartidas, reuniones con amigos y familia de sangre o del alma, y a las conversaciones de corazón a corazón.
Comencemos ya! Manos a la obra! Hay mucho por hacer!
También nos encontraremos, en otro escrito encuentro.
Claudia Menkarsky
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@claudiamenkarsky.coach