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IDEAS / Derechos Humanos
jueves 5 marzo, 2020

El interés de China

Expectativas y posiciones opuestas sobre la propuesta de Perkín por los derechos humanos.

Mariela Belski*

entre el 20 de febrero y el 24 de marzo, China ha presentado una nueva propuesta al Consejo de Derechos Humanos de la ONU Foto: shutterstock
jueves 5 marzo, 2020

“Promover la cooperación mutuamente beneficiosa (“win-win”) en el campo de los derechos humanos”: ésta es una de las resoluciones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que figuran entre las propuestas de febrero de 2018. Parece una resolución inocua, incluso progresista. Pero si la examinamos a fondo, veremos que detrás de ese título inocente se esconde un intento de transformar la esencia misma de los derechos humanos. Esa resolución la presentó China.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un organismo concebido para proteger los derechos humanos e investigar denuncias en todo el mundo. La resolución de 2018 propuesta por Pekín contó con el apoyo de 28 de los 47 miembros del Consejo, más que suficientes para que se adoptara. Ahora, entre el 20 de febrero y el 24 de marzo, China ha presentado recientemente una nueva propuesta al Consejo de Derechos Humanos de la ONU cuya redacción puede ser igual de inofensiva, pero su intención será la misma: socavar los pilares del sistema internacional de derechos humanos.

Los miembros del Consejo de Derechos Humanos —incluida Argentina— tienen la posibilidad de impedir que la historia se repita.

En 2018, el concepto de “cooperación mutuamente beneficiosa” (“win-win”) hacía hincapié en el desarrollo económico, las alianzas, y, ante todo, la soberanía nacional. Pero, en este contexto, “soberanía” significa simplemente protección contra el escrutinio internacional y, en la práctica, falta de rendición de cuentas.

Cuando China dice “todos ganamos” (win-win”) en realidad quiere decir “vamos a negociar”, pero los derechos humanos son obligaciones legales e inalienables, no un producto que se negocia. Y el concepto de “todos ganamos”, más propio del comercio, generalmente implica una negociación entre dos partes. Una mayor aceptación de esta idea conlleva el riesgo de promover el diálogo bilateral en lugar del diálogo multilateral.

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Además, Pekín trata de promover e imponer la idea de que los derechos colectivos son más importantes que los individuales y destaca que el desarrollo económico es una prioridad.

Si bien es verdad que el desarrollo puede fortalecer los derechos humanos, lo contrario también es cierto. Amnistía Internacional ha documentado reiteradamente situaciones en las que en nombre del desarrollo se ha puesto en peligro a personas y comunidades. Por ejemplo, el proyecto hidroeléctrico de Santa Cruz en Argentina, que cuenta con el apoyo de China, se empezó a construir sin el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades indígenas y sin una evaluación adecuada del impacto ambiental. Para que el desarrollo realmente promueva los derechos humanos, se debe implicar y consultar a los titulares de derechos.

En el extranjero, China pregona su lógica de “soberanía y no interferencia” cuando aporta al desarrollo y afirma que sus inversiones no “conllevan ninguna condición”, mientras sostiene regímenes que cometen violaciones de derechos humanos en distintos continentes.

La participación de Pekín en el debate en torno a los derechos humanos es totalmente interesada. En la práctica, no interferir dejaría a la comunidad internacional sin poder para criticar la situación de los derechos humanos en un país en particular, y menos aún para hacer que se cumplan estos derechos.

Pekín trata de promover e imponer la idea de que los derechos colectivos son más importantes que los individuales y destaca que el desarrollo económico es una prioridad.

Contraponer los conceptos de soberanía nacional y derechos humanos es una contradicción falsa. Lejos de no respetar la soberanía, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU representa la voluntad común de la comunidad internacional de respetar, proteger y hacer cumplir los derechos humanos.

Según Pekín, las relaciones entre un Estado y sus ciudadanos deben dejarse en manos del gobierno respectivo. Por el contrario, el sistema de derechos humanos de la ONU se constituyó para proteger a las personas de quienes cometen violaciones de derechos humanos, sobre todo de sus propios gobiernos.

China intenta socavar el sistema internacional de derechos humanos. Si la distorsión que defiende China no se enfrenta con determinación, las consecuencias serán devastadoras para los derechos humanos tal como los conocemos y celebramos. En Amnistía Internacional estamos decididos a luchar porque esto no suceda y pedimos a Argentina y a la comunidad internacional que se unan a nuestra lucha.

*Directora Ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina.


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